No hay que ser millonario para tener el cardiólogo en Houston, el dentista en Miami y el urólogo en Madrid. Hoy en día operarse en cualquier lugar del mundo es posible, y lo mejor de todo, no es necesario ser millonario para poder hacerlo.
Si el marco de referencia geográfico, físico, de la medicina ha cambiado, lo mismo le ocurre a su formulación social. Así, el ideal de la atención médica generalizada, igual para todos con sus defectos y sus virtudes, encontraba su sentido en los Estados del modelo napoleónico, intervencionistas y con vocación de organizar la vida de los ciudadanos. El modelo, surgido en la Europa de principios del siglo XX, entra en crisis por una nueva realidad que escapa a la capacidad normativa de los Estados y que, curiosamente, vuelve a implantar la medicina como arte; en la aldea global de McLuhan se ha alcanzado ya la masa crítica de gente que puede cambiar de barrio a voluntad para decir el clásico “Doctor, me duele aquí” o, no lo olvidemos, “cámbieme mi nariz, que no me gusta”. Millones de personas, no necesariamente ricos, pueden hoy permitírselo.
Los nuevos nómadas
La mundialización de la medicina es una de las consecuencias de la globalización que, aun siendo todavía incipiente, se adivina ya de enorme calado, porque se inscribe en las nuevas formas de vivir y trabajar. Particularmente entre los ejecutivos de las empresas globalizadas del norte de Europa, es cada día más frecuente negociar con sus empresas “contratos deslocalizados” que implican ventajas fiscales considerables.
La pega de este tipo de relación con la empresa es que el ejecutivo expatriado sale del paraguas del Estado de Bienestar y debe preocuparse de todo lo concerniente a su Seguridad Social y la de su familia, planificar su fondo de pensiones para la jubilación, buscar las mejores opciones y contratar las coberturas de seguros médicos y de accidentes, preparar la financiación de los estudios de los hijos, etc.
Pero el objetivo económico es substancial. En casi toda Europa, la progresividad del impuesto sobre la renta incentiva a quien tiene un sueldo alto a deslocalizarse, porque un buen seguro médico internacional y un plan de pensiones principesco salen más económicos que los impuestos y cargas sociales vigentes en casi todos los países de la UE, con la excepción llamativa de los de Europa del Este.
Hay otro problema para los ejecutivos que aceptan un puesto en un destino en el Tercer Mundo: dependiendo del país, el riesgo para la salud puede ser importante. En América Latina, por ejemplo, en un sitio como Bolivia u Honduras, es casi imposible recibir una atención comparable a la europea para una enfermedad seria o las lesiones de un accidente.
Son esos dos factores, el económico que impulsa a los ejecutivos expatriados a financiarse su propia red de Seguridad Social y las carencias del sistema sanitario en muchos países, los que han impulsado la puesta en marcha de redes médicas internacionales privadas con servicios de valor añadido que cada día son más eficientes e interrelacionados. La red británica BUPA –a la que pertenece la española Sanitas– es un ejemplo de esta nueva tendencia que aúna el seguro médico de calidad con cobertura mundial con productos que entran de lleno en el concepto de Seguridad Social, como prestaciones por paro o, en el caso de los autónomos, una indemnización por cada día que deban ser hospitalizados para compensar su disminución de ingresos. En Estados Unidos es normal contratar seguros que cubren, por ejemplo, la educación de los hijos en caso de fallecimiento. ¿Estamos asistiendo a los albores de una privatización de la Seguridad Social?
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El coste de la belleza
Comprarse una silueta escultural o unos pechos más seductores es una tentación irresistible para muchas mujeres. Como para muchos calvos seguir el ejemplo de Silvio Berlusconi, que recuperó su cabello gracias a una serie de autotrasplantes de pelo soberbiamente realizados. En España, el país de la UE donde hay al parecer mayor afición a la cirugía estética, los precios pueden variar, pero son caros en comparación con destinos como Tailandia, Argentina, Túnez, la India, etc.
El riesgo intrínseco de toda cirugía está disminuyendo de forma significativa a medida que las técnicas quirúrgicas se perfeccionan, particularmente con la introducción creciente de los ordenadores y la robótica. Esa evolución afecta en primer lugar a la cirugía estética en general, ya que permite que el mundo entero se convierta en un mercado único y cada vez más perfecto. El desplazamiento desde Europa a cualquier lugar del mundo para una cirugía estética, calculando una media de estancia de entre 10 y 15 días, tiene un coste que, en general, oscila entre 2.000 y 2.500 euros, por lo que el número de intervenciones en las que desplazarse vale la pena es ya muy importante.
El diferencial de precios es tal que se cumple la primera ley del mercado: mejor precio para bienes o servicios equivalentes. Operarse de liposucción en Tailandia cuesta, incluido el viaje y la estancia, un 40% menos que la media en España; en Argentina, sin los gastos de viaje y estancia, aproximadamente la mitad. La relación oscila (excluyendo viajes) entre apenas un tercio del coste en España para tratamientos odontológicos hasta un 70% en operaciones que requieren de una infraestructura hospitalaria significativa. El cumplimiento de la segunda ley del mercado, la de la seguridad jurídica, como de costumbre, va por detrás de la primera.
Estados Unidos es caso aparte. Es, muy de lejos, el país receptor de mayor número de pacientes extranjeros para tratamientos no estéticos y el que tiene los niveles de calidad médica y seguridad jurídica más altos del mundo. El coste de los tratamientos e intervenciones quirúrgicas que utilizan tecnologías de vanguardia son en general económicos en comparación con los precios de la medicina privada en Europa y, además, con un nivel de seguridad jurídica considerablemente superior al nuestro.
Las ventajas de EE UU
Estados Unidos es el país donde más se ha desarrollado este tipo de servicios médicos a pacientes extranjeros, incluso con sistemas de mutuas y seguros concebidos expresamente para ellos. La demanda desde América Latina es tradicional, sobre todo para especialidades poco o mal representadas al sur del Río Grande, pero los europeos acuden ahora también en número creciente en busca de mejores precios para las especialidades de punta, como las técnicas quirúrgicas menos invasivas o robotizadas. A caballo de la fortaleza del euro, por ejemplo, se han disparado el número de europeos que optan por Estados Unidos para operarse de próstata, odontología de alto nivel o los nuevos tratamientos anti-edad, una de las especialidades en plena expansión.
La medicina privada es hoy sensiblemente más barata en Estados Unidos que en Europa. En la gran mayoría de las especialidades no hay diferencias cualitativas notables entre Europa y Estados Unidos. Sin embargo, los especialistas reconocen que Estados Unidos lleva cierta ventaja a la Unión Europea en las técnicas más avanzadas, por razones que tienen que ver en primer lugar con el sistema de investigación de las universidades americanas, pero, sobre todo, con la eficacia de un sistema que reposa sobre un mercado único de 300 millones de personas. Mientras en Europa se da toda una multiplicidad legislativa y de duplicación organizativa de los sistemas de salud, en Estados Unidos hay mucha menor complejidad estructural, mayor movilidad del personal sanitario y un nivel de comunicación superior.
Puede leer el artículo completo en la revista Dinero.
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