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Como todo el mundo esperaba, Putin se ha sucedido a sí mismo en la figura de su delfín.
Miguel Ormaetxea
Dimitri Medvedev ha obtenido una votación masiva en las recientes elecciones. Es evidente que no podemos esperar grandes cambios en el gigante del Este, pero sí muy buenas oportunidades de negocio. Por ejemplo, España tiene algunas de las mayores empresas de construcción e infraestructuras del mundo y Rusia puede ser una de las mayores canteras de trabajo.
Con el petróleo a más de 100 dólares por barril, Rusia tiene asegurada unas reservas de divisas entre las mayores del mundo. Y Medvedev ya ha dicho que una de sus prioridades es reconstruir las decrépitas infraestructuras de ese inmenso país, que tiene la mitad de densidad de carreteras que Canadá y en situación tan lamentable que pierde el 3% de su PIB cada año por el estado de sus carreteras, según datos oficiales. Se calcula que las inversiones previstas de aquí al año 2020 son de unos 990.000 millones de dólares. El centro de análisis Renacimiento Capital estima que el 50% de las viviendas existentes en el país está totalmente obsoleto y es uno de las principales fuentes de malestar y crisis social. El sector ruso de la construcción está creciendo a pasos agigantados, el 18% el año pasado, hasta un volumen de 129.000 millones de dólares, pero es evidente que las empresas rusas no pueden abarcar el inmenso desafío que Rusia tiene por delante. Dos monopolios, el eléctrico y el ferroviario, van a ser pronto privatizados, aunque las supuestas ansias liberales de Medvedev han que colocarlas en el contexto ultraconservador del poder dominante en la era Putin. No hay que olvidar ni por un momento que Rusia tiene la cabeza en Europa pero el corazón en Asia, donde el monarca absoluto, el clan y el visir ha sido y sigue siendo el altar del poder, adorado por un pueblo aplastado por un clima y una geografía inhumana. El sistema financiero es otra prioridad: existen 1.400 bancos, muchos de ellos infradotados de capital. Atención también a la tecnología rusa, que en muchos dominios es vanguardista. Quieren comprar empresas tecnológicas occidentales a precios de recesión bursátil. Y el sector eléctrico, etc. Muchas oportunidades en un país que puede helarte o quemarte el alma.
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