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jueves, 24 de julio de 2008 Última actualización: 17:55:58



    92 de 96 en La Tercera De Los Negocios
07/05/2008 19:39   




La tasa de crecimiento económico

Las personas de renta baja y media-baja se benefician poco del crecimiento económico.

Francisco Cabrillo.

UNO de los problemas más interesantes que plantea la moderna teoría del desarrollo es el referido a la relación que existe entre la tasa de crecimiento y la distribución de la renta. Es bien sabido que una tasa de crecimiento elevada no garantiza una distribución más igualitaria. Pero mucho menos estudiada es la idea de acuerdo con la cual una tasa de crecimiento baja puede afectar a la distribución en el sentido de reducir el número de personas que integran lo que suele denominarse la clase media y aumentar el número de quienes son considerados pobres a efectos estadísticos.

 Esta es, sin embargo, la conclusión principal de un reciente informe de McKinsey sobre las perspectivas de la economía alemana en la próxima década. De acuerdo con las estimaciones de esta consultora, si Alemania no consigue superar una tasa de crecimiento sostenida del 1,7% anual, hay que esperar una reducción del número de personas que integran la clase media —el grupo formado por aquellas personas con ingresos comprendidos entre el 70% y el 150% de la renta media— que caería del 62% de la población en el año 2000 a menos del 50% en 2020. Al mismo tiempo, el número de pobres aumentaría hasta alcanzar es ese año los 10 millones.

 Por una parte, hay que reconocer la dudosa fiabilidad de las cifras; y, por otra, es cuestionable incluso la definición misma de la pobreza en términos de un porcentaje determinado de la renta media (de acuerdo con este criterio, una persona con una renta real constante podría pasar a ser considerada pobre simplemente porque una parte del país se haya enriquecido). Pero las estimaciones de Mckinsey nos ponen una vez más ante un problema real: existe en todo el mundo occidental la sensación de que las personas de renta baja y media-baja se están beneficiando poco del crecimiento económico de la última década; y no parece que las cosas vayan a cambiar mucho en los próximos años.

 ¿Qué hacer ante una situación así? La respuesta no es fácil, porque una política dirigida a elevar los salarios y las prestaciones sociales que benefician a estos grupos podría tener efectos perjudiciales en las economías de algunas naciones europeas, al hacer menos competitivo el sector exportador y crear incentivos para el traslado de empresas a otros países. Y esto tendría, a su vez, efectos negativos tanto en el nivel de empleo como en las cuentas del sector público.

 Nadie tiene dudas de que las economías europeas deben adaptar sus estructuras a unos mercados cada vez más abiertos y competitivos. Pero resulta claro también que las medidas que habría que adoptar para ello chocan con lo que mucha gente espera del sector público. Una política de flexibilización de los mercados y una menor presión fiscal son medidas que resultan inevitables en las actuales circunstancias. Pero la pregunta a plantear es clara: ¿son compatibles estas medidas con el modelo de estado de bienestar en el que los alemanes —y otros muchos europeos— han estado viviendo durante más de medio siglo?
 Es comprensible la resistencia a cambiar en forma sustancial el modelo económico. Pero si mantener el actual estado del bienestar tiene como efecto una baja tasa de crecimiento; y ésta, de acuerdo con McKensey, eleva el número de pobres la conclusión es que defender el status quo, en vez de ayudar a los grupos de renta baja y media-baja, empeoraría aún más su situación.

Francisco Cabrillo es catedrático de Economía.





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