Aunque la situacióndel reino comienza a mejorar, algunos factores estructurales y de finanzas públicas dificultan el progreso.
Salaheddine Mezouar,ministro de Economía y Finanzas de Marruecos. |
Elísabet Sáez
En los últimos diez años, el Reino de Marruecos ha intentado demostrar que es capaz de conseguir la pujanza tanto económica como social de la que disfrutan los países más desarrollados. Sin embargo, los cambios estructurales tanto en un plano como en otro no han sido suficientes para reducir los elevados índices de pobreza y el alto nivel de desempleo y subempleo, ni tampoco para alcanzar los valores democráticos necesarios para progresar.
Ejemplo de ello es el alto nivel de emigración observado en el país. Según el último anuario publicado por el Ministerio de Trabajo e Inmigración de España, los inmigrantes marroquíes encabezaron la lista de extranjeros registrados en la Península en el año 2007, con un total de 648.735.
Paradójicamente, el ministro de Economía y Finanzas de Marruecos, Salaheddine Mezouar, aseguró hace unas semanas, durante una conferencia en el Fórum Europa, que el potencial económico de su país era palpable. Efectivamente, no se puede negar que Marruecos ha crecido económicamente en los últimos años. Los datos estadísticos demuestran que las nuevas estrategias sectoriales adoptadas en el turismo, la agricultura, el comercio y la industria, están dando muy buenos resultados.
La inflación ha pasado del 6,2% en 1990 al 1,8% actual. Del mismo modo, los ingresos en turismo se han incrementado en la última década y la inversión extranjera ha alcanzado en torno a 2.000 millones de euros en 2007.
Todos estos datos han impactado de forma positiva en la renta per cápita del país, que ha registrado una media de crecimiento anual del 6,1%, alcanzando un total de 3.554 dólares en 2007, según el Banco Mundial. Sin embargo, está todavía lejos del PIB per cápita del que disfrutan países occidentales como España, que ronda los 22.000, según el Ministerio de Economía y Hacienda.
No es oro todo lo que reluce. Si bien Mezouar aseguró que el progreso del país norteafricano ha repercutido en la disminución de la pobreza, que ha pasado del 15,3% en 2001 al 9% en 2007, las conclusiones del último análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) delatan que el país está lejos aún de un nivel de vida similar al de otras economías emergentes.
Paro elevado
Del mismo modo, aunque el paro se ha reducido del 13,9% al 9,8% en la última década, el 26,1% de la población ocupada no recibe remuneración alguna, con lo que podría ser considerada parada, tal y como asegura el último estudio publicado por lel Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX).
Según el ministro marroquí, este presumible progreso económico es resultado, entre otras cosas, del paulatino fin de los monopolios. Aunque aún sigue siendo incipiente, tiene previsto desarrollarse en los próximos cuatro años, con la privatización de entre el 20% y el 30% de las empresas públicas.
Mezouar también recalcó durante su conferencia que el desarrollo de su país se basaba en la consolidación de la democracia, en el refuerzo del estatuto de la mujer y en la libertad y los derechos humanos. Pero lo cierto es que un informe elaborado el año pasado por el PNUD aseguraba que Marruecos había caído tres puestos en una lista de 177 países, situándose en el número 126. Del mismo modo, el ICEX situaba el nivel de analfabetismo de la población en un 49%.
Por lo tanto, si bien la economía de Marruecos disfruta de un importante potencial de crecimiento, algunos factores estructurales (baja renta per cápita, pobreza, baja cualificación de la población activa, paro, excesiva dependencia agrícola, analfabetismo...) y financieros dificultan su progreso. 
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