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viernes, 5 de diciembre de 2008 Última actualización: 05:15:37



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¿Qué recesión? El superlujo no entiende de crisis

La demanda de apartamentos millonarios en Manhattan, yates o arte no se agota. Los banqueros aún piden botellas de coñac de 3.000 dólares en Nueva York.

Uno de los destinos preferidos del dinero es el sector inmobiliario neoyorquino. BLOOMBERG

IHT / P. Carmona

Madrid. ¿Quién dijo recesión? En algún momento entre el rescate de Bear Stearns y el anuncio de que la economía americana perdió 80.000 empleos en marzo, Lee Tachman, de 38 años, gastó unos 50.000 dólares en una excursión de cuatro días a Miami para él y tres amigos.

Se movieron en jet privado, helicóptero, limusina Hammer, Ferraris y Lamborghinis; se alojaron en habitaciones VIP de Casa Casuarina, el hotel en South Beach que un día fue la mansión de Gianni Versace; y jugaron una “aventura extrema de paintball” con ex agentes de la agencia antidrogas de EEUU.

Tachman, gestor de una compañía que ejecuta operaciones para hedge funds y propietario de “un puñado” de edificios en Nueva York, dice que no ha tenido que recortar gastos pese a la crisis. “Siempre habrá gente que negocia y habrá demanda en el sector inmobiliario neoyorquino”, afirma.

Demanda consistente

Y no está sólo en su entusiasmo derrochador. Algunas firmas que sirven a los superricos —muchos de ellos operadores e inversores del capital riesgo— explican que aún hay demanda de apartamentos multimillonarios en Manhattan, yates de lujo a medida, arte contemporáneo o fiestas espléndidas.

Los compradores ya se han hecho con 71 apartamentos de 10 millones de dólares en Manhattan, frente a los 17 que, en ese rango de precios, se vendieron en todo 2007. Y el GoldBar, sala de moda en el centro de Manhattan, dice que los banqueros aún piden botellas de coñac Rèmy Martin Luis XIII de 3.000 dólares.

“Cuando las cosas se ponen difíciles, los ricos gastan dinero”, afirma David Monn, planificador de eventos que ha organizado una fiesta de etiqueta para dignatarios y recientes compradores de apartamentos en el Hotel Plaza. El precio medio, siete millones de dólares.

Alerta

Muchos economistas advierten de que los problemas financieros de la nación pueden extenderse y dañar, finalmente, a los más adinerados. El sector financiero podría perder hasta 20.000 empleos en Nueva York hasta final de 2009 y la Reserva Federal ha alertado de una “prolongada y severa desaceleración”.

Pero todavía hay dinero por gastar y uno de los destinos preferidos de los neoyorquinos es el sector inmobiliario. En octubre, Marc Sperling, presidente a sus 36 años de una firma bursátil, compró un apartamento en el Upper West Side por cuatro millones. Sperling ve los problemas del país como temporales y su visión de la crisis subprime refleja cierto resentimiento clasista.

“No quiero parecer duro, pero la gente que compraba casas de millones de dólares con unos ingresos familiares de entre 70.000 y 80.000 dólares anuales eran los únicos que perseguían dinero fácil”, asegura.

Días antes del colapso de Bear Stearns, el presidente del banco, James Cayne, pagó 25 millones por un apartamento en el Hotel Plaza. Está invitado a la fiesta de hoy.

Incluso el mercado de alquileres va bien. Un piso de cuatro habitaciones en Central Park West se ha alquilado por 55.000 dólares al mes.

Refugio para tigres

También hay gente que afirma no haber notado la crisis porque invirtió en oportunidades no disponibles para el inversor de a pie. Paul Parmar, inversor de 37 años especializado en compañías de salud, defensa, medios, lujo y aviación privada, dice que lleva el mismo ritmo de vida de siempre.

En los últimos meses, ha comprado 140 acres en Texas y se ha gastado 20 millones de dólares en construir un refugio para tigres. Desde enero, ha añadido a su colección de coches un BMW 750 Li por 110.000 dólares (para su novia) y un Bentley Arnage para él, valorado en 300.000 dólares. “En el nivel del gasto –dice Parmar hablando sobre una posible recesión- no me afecta en absoluto”.

Lo que sí ha comenzado a constatarse es una pequeña brecha entre los meramente ricos y los ultrarricos. Darren Sukenik, broker inmobiliario, señala que mientras el negocio puede ralentizarse en el segmento de los apartamentos del millón de dólares, ninguno de sus clientes con un presupuesto superior a los 2,5 millones ha dejado de comprar.

Seth Semilof, editor de Haute Living, una revista de lujo, afirma que se anuncian más Bentleys y Rolls-Royces que BMW Serie 5. “Si miras al mercado de más de 20 millones de dólares, está tan fuerte como siempre”, asegura Semilof.

 




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