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domingo, 12 de octubre de 2008 Última actualización: 01:38:26



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09/06/2008 19:29   



Ante los desafíos que nos esperan

Para el presidente del BCE, la estabilidad de precios es una de las condiciones previas para la creación de empleo.

Jean-Claude Trichet. EFE

Jean-Claude Trichet.


Hace diez años, el 1 de junio de 1998, se fundó el Banco Central Europeo, junto con el Sistema Europeo de Bancos Centrales, el ESCB.

 Fue la voluntad de las democracias de Europa lo que condujo a la creación del BCE. El pueblo europeo le encargó de la estabilidad de precios y le dio su independencia multinacional y multipartita.

 Jean Monnet, el francés fundador conceptual de la Comunidad Europea, escribe en sus memorias: “Nada es posible sin los hombres. Nada es duradero sin las instituciones”. El BCE es, en mi opinión, una notable ilustración de su lucidez: la construcción institucional es sólida y ha demostrado ser efectiva. Desde su inicio, la moneda única ha heredado el grado de credibilidad y confianza que era privilegio de las monedas nacionales más fiables antes de que se creara el euro. Los tipos de mercado del euro a medio y largo plazo han estado en el mismo nivel que los experimentados por las monedas nacionales más fiables. A pesar de una serie de sacudidas globales a consecuencia de los precios del petróleo y las materias primas, la inflación interanual desde el 1 de enero de 1999, ha sido el 2,1% de media.

 La estabilidad de precios a medio plazo es esencial, no sólo porque protege los ingresos de todos nuestros conciudadanos, especialmente los más vulnerables y pobres, sino también porque es una de las condiciones previas para el crecimiento y la creación de empleo. Desde la introducción del euro se han creado 15,7 millones de empleos. Con las ventajas de la visión retrospectiva, se puede entender el escepticismo de los observadores antes de la creación del euro. Los europeos se iban a embarcar en una empresa que se consideraba imposible porque nunca se había hecho. Como dijo Tocqueville: “La historia es una galería de imágenes en las que hay pocos originales y muchas copias”.

 Los primeros diez años han sido extremadamente activos para el Consejo Ejecutivo, para el Consejo de Gobierno, para el BCE y para el Eurosistema. La destacable motivación de los miembros de nuestro personal se debe, en mi opinión, a su concienciación y su orgullo de que están haciendo historia, historia monetaria, desde luego. Pero es más que eso: la moneda única es la característica más avanzada de la “construcción” de Europa y, en muchos aspectos, el símbolo de la unidad europea. Este aniversario no es ciertamente el momento para la autocomplacencia. Hay que seguir esforzándose, porque los retos que esperan a la Unión Económica y Monetaria a lo largo de los próximos 10 o 20 años serán muchos y muy exigentes.

 Están, en primer lugar, los desafíos de la propia Unión Monetaria. Como los otros bancos centrales del mundo industrializado, el BCE se enfrenta a tres desafíos importantes que afectan a su política monetaria: la globalización en todas sus dimensiones, incluyendo la transformación de las finanzas globales, una aceleración del progreso tecnológico y una población envejecida. La globalización exige la atención de los bancos centrales debido a sus efectos sobre los precios relativos de los productos y servicios y, en especial, sobre los precios del petróleo y las materias primas así como de los alimentos. La globalización también afecta a las finanzas globales y, al contribuir a su transformación estructural, crea nuevos problemas para la estabilidad financiera, cuya preservación es una importante tarea de los bancos centrales.

 El segundo desafío común a todos los bancos centrales reside en el rápido progreso de la ciencia y la tecnología y sus efectos sobre la productividad, el potencial de crecimiento y la inflación.

 El tercer desafío es el envejecimiento de la población, que lleva a un declive simultáneo en los ahorros y la inversión, si todo lo demás se mantiene igual. El efecto neto de estos dos factores determina la evolución del equilibrio del tipo de interés real, cuyas implicaciones son analizadas por la política monetaria. Además de estos tres desafíos principales, comunes a todos los bancos centrales, el BCE y el Eurosistema se enfrentarán a dos importantes retos sólo suyos.

 El primero es la profundización de la integración económica y financiera a nivel continental con la compleción progresiva de una economía única con una moneda única; somos el único banco central que está contribuyendo activamente a una importante transformación estructural de su propia economía. Es un desafío permanente para la política monetaria, puesto que hay una necesidad constante de anticipar las transformaciones estructurales que nos esperan.

 El segundo reto es la ampliación: estamos llamados a ampliar progresivamente la zona euro a toda la Unión Europea; también somos el único banco central que lleva cabo una iniciativa así. La parte “Unión Económica” de la Unión Económica y Monetaria tiene sus propios desafíos para los próximos 10 o 20 años. Destaco tres fundamentales.

 En primer lugar, la implementación completa del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que es un componente crucial de la UEM en ausencia de un presupuesto federal europeo. Más allá del objetivo a medio plazo de un presupuesto equilibrado, no olvidemos que las finanzas públicas tienen que enfrentarse a la considerable carga impuesta por una población envejecida en la viabilidad y solvencia de los sistemas de pensiones.

 El segundo desafío para la Unión Económica es el intento decidido de introducir las reformas estructurales que son decisivas para elevar el potencial de crecimiento a largo plazo de Europa.

 El tercer desafío es el seguimiento cuidadoso de los indicadores de competitividad nacional, entre ellos los costes laborales unitarios, de forma tal que asegure un funcionamiento sin problemas de las fluctuaciones de la competitividad relativa dentro de la zona euro.

Habrá muchos retos a los que enfrentarse en los próximos 20 años. Visto desde una perspectiva histórica, representan los desafíos de la  “nueva frontera” del BCE y de la Unión Económica y Monetaria.
 Hoy día, más de medio siglo después del lanzamiento de la idea de la Comunidad Europea, la Unión Económica y Monetaria, que sólo tiene 10 años de edad, está contribuyendo a la estabilidad y la prosperidad de nuestro continente en un entorno global que experimenta cambios muy rápidos. Dentro de 20 años, cuando el BCE y el euro tengan 30 años, el centro de gravedad de la economía mundial habrá cambiado. Brasil, Rusia y Mexico serán mucho más importantes en la escena internacional.

 China e India podrían estar compitiendo, junto con Estados Unidos y la Unión Europea, por ser la economía líder mundial en la segunda mitad de este siglo. Hay pocas dudas de que en este mundo profundamente cambiado los europeos mirarán a su Unión Económica y Monetaria como algo aún más justificado que en el momento en que se creó, y la idea de sus padres fundadores les parecerá aún más visionaria.

Jean-Claude Trichet es el presidente del Banco Central Europeo.




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