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viernes, 5 de diciembre de 2008 Última actualización: 05:20:45



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11/09/2008 10:04   



Nanotecnología: España no sabe no contesta

Como sector económico, la nanotecnología aún es un negocio enano, pero según todas las previsiones tiene un futuro gigantesco. El ETC Group, el más prestigioso ‘thinktank’ en estas tecnologías, prevé que los productos nano (a escala del nanómetro, mil millones de veces menores que el metro) muevan alrededor de 1 billón de dólares en 2015, algo así como el PIB español. Otros cifran el mercado para ese año incluso en 3 billones. No es fantasía. Estas predicciones son una mera extrapolación geométrica de las extraordinarias ‘performances’ de los nanoproductos hasta la fecha. Sus ventas, de 50.000 millones de dólares en 2006, se triplicarán este año hasta los 150.000 millones.

Fernando Barciela

Prácticamente un recién llegado al supermercado corporativo, el nanobusiness, produce, pues, más dinero que el que fue capaz de generar Internet en los momentos más álgidos de la burbuja. Se espera una explosión de nuevas empresas en el sector. Según el International Network ofSmallTechnology, a finales de 2007 había 1.057 empresas en el mundo únicamente dedicadas a sacar negocio de las nanotecnologías. La cifra puede duplicarse este año.

Empresarios y ejecutivos de los sectores más diversos, bancos de negocios y sociedades de capital riesgo, incluso las especializadas en tecnología, que hace cuatro o cinco años confundían las nanotecnologías con la biología molecular, hacen cola ante los gurús del sector, con sus chequeras preparadas para fichajes, programas de I+D compartidos, compra de startups o apertura de divisiones nano en sus empresas. Peter Hebert, de Lux Equito Group, dice que espera que “los mercados se apunten a la ola nanotecnológica con el mismo entusiasmo que a Internet”.

Lo más extraordinario de la nanotecnología es que no es realmente un sector económico (cerrado en sí mismo, con una tecnología unidimensional), sino un campo de la ciencia del que se pueden extraer soluciones aplicables a los más variados campos de la actividad humana, desde la alimentación a la informática, pasando por la medicina, la industria militar, la moda o la energía. Muchas de las patentes pueden ser utilizadas indistintamente en diversos sectores. Hasta la industria del mueble o los fabricantes de zapatos pueden implementar cuánticamente el alcance y prestaciones de sus productos con las técnicas nano. Más que tecnología pura y dura, como la aeronáutica, la farmacéutica, la genética o la de los microprocesadores, la nano es básicamente un nuevo concepto o enfoque, basado en la capacidad de alterar el comportamiento de los materiales a través de su manipulación a escalas infinitesimalmente ínfimas (valga la redundancia), es decir, a escalas 100.000 veces más pequeñas que la anchura de un cabello.

Promesas infinitas

Las promesas de esta nueva frontera del saber son infinitas. Se espera que los nanotecnólogos, una especie de nuevos alquimistas, capaces de modificar el comportamiento y características de los materiales a través de su manejo a escalas megaminúsculas, sean capaces, por ejemplo, de actuar en el futuro sobre los átomos del carbono (que puede manifestarse como grafito de los lápices o como diamante). La colocación de los átomos de carbono en un modelo de red metálica, enrollada posteriormente en minúsculos tubos de sólo 10 átomos de diámetro, los ya famosos nanotubos, permite crear un material con características fuera de lo común, con 100 veces la resistencia del acero (y un 17% de su peso) y capacidad para conducir la electricidad o la luz mejor que el cobre.

Una auténtica revolución, ya que se les podrá utilizar en miles de aplicaciones donde haga falta resistencia, conductividad y ligereza, en cables de alta resistencia y bajo peso en lanzadoras espaciales, alambres moleculares para nanoelectrónica (que disipen el calor) o como barras de transmisión y engranajes en nanomáquinas. Esto por no hablar de los no menos famosos nanorrobots, que permitirán en un futuro no muy lejano construir herramientas moleculares de reparación capaces de transportarse a través de los vasos sanguíneos, con capacidad incluso para actuar sobre el ADN (enfermedades genéticas), modificar proteínas o incluso destruir células completas, en el caso de tumores.

¿Ciencia ficción? Pues bien, algunos minúsculos productos procedentes de los nanolaboratorios (no distinguibles por la vista) están ya disponibles en el mercado. Un aperitivo en vista de lo que nos espera. Los fabricantes de componentes pueden adquirir ya nanotubos y nanocinturones para la fabricación de chips; la industria cosmética dispone ya de nanopartículas para la producción de bloqueadores solares u otros productos y existen nanosensores capaces de detectar patógenos o contaminantes en la agricultura y en los alimentos procesados y que se pueden utilizar ya también en la medicina.
Tan potentes son las promesas económicas que las tecnologías nano encierran en su interior que el gasto en I+D no para de crecer: pasó de unos raquíticos 430 millones de dólares en 1997 a 3.000 millones en 2003 y le bastaron sólo 3 años, hasta 2006, para multiplicar esa cifra por 4, 12.400 millones. Ahora mismo hay casi 100 laboratorios activos en el mundo. Hace 2 años no llegaban a los 40. La multiplicidad casi infinita de usos que se pueden dar a los descubrimientos nano lleva a que todos estén interesados en investigar. Los laboratorios no están sólo en Europa, EE UU o China. Algunos países menos ricos, como Argentina, y muchos otros quieren tener los suyos.

Japón se ha montado dos potentes estructuras de investigación, el NanotechnologyResearchInstitute y el NanotechnologyResearchers Network CenterofJapan. En el Reino Unido, el Gobierno ha sumado multinacionales como GlaxoSmithKline, ABB, Merck o Unilever a los institutos públicos y universitarios. 

Hay también muchos acuerdos de colaboración, para ampliar el alcance de las investigaciones y reducir el gasto. Francia y Alemania han creado nada menos que un NanoValley para lograr juntos objetivos más ambiciosos. Lo curioso es que ya hay NanoValleys por todo el mundo. Y hasta en Estados Unidos hay un NanoValleyConsortium en Georgia y una NanoValley Alliance en Tennessee. Esto sin olvidar que en el Silicon Valley se están poniendo en marcha rápidamente decenas de fondos de capital riesgo para financiar proyectos y empresas y buscar el control de unas tecnologías que, con la Ley de Moore a punto de agotarse, serán vitales para las empresas de software y hardware del valle en los próximos años.

Acuerdos nanobilaterales

La nanotecnología también está ayudando a acercarse a rusos y chinos. Los dos países anunciaron no hace mucho la firma de un acuerdo de cooperación en este campo. Se trata de inversiones en I+D por valor de 1.000 millones de dólares y pretenden convertirse en los líderes mundiales de la nueva especialidad. Pero más que investigación científica básica, todo indica que tratarán de ocuparse antes que nada de crear productos nano a precios muy competitivos.
También en la Península Ibérica ha recalado la pasión por los consorcios nanobilaterales. Portugal y España han creado el Laboratorio Ibérico de Nanotecnología, que ya se está construyendo y empezará a funcionar en 2011. Estará en Braga, tendrá la friolera de 20.000 metros, y contará con 200 investigadores, pero se gastará tan sólo unos 30 millones de euros al año, cifra modesta si tenemos en cuenta lo que está en juego. Baste este ejemplo. El NanoValley de Tennessee ha costado 2.000 millones de dólares. De todos modos, la ministra española de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, no tiene la menor duda de que el centro “será un referente mundial”.

Proyectos autonómicos

Ante esta avalancha de proyectos bilaterales de cooperación en nanotecnología, bastante caros por cierto, no deja de sorprender que nos volvamos a encontrar de nuevo con la típica dispersión por parte de las autonomías –con su corte de duplicaciones y descoordinaciones– que lo más seguro es que acabe esterilizando los esfuerzos de los científicos y tecnólogos nanoespañoles para conseguir resultados apreciables. Esto, por no citar que España contaba ya con un Centro de Investigación en Nanociencia y Nanotecnología (CIN2) en el seno del CSIC.

El Gobierno vasco ya está construyendo el suyo en Ibaeta (Guipúzcoa), que estará listo a finales de año y que, de momento, va más deprisa y es más ambicioso aún que el de Braga. Pues si ahí las inversiones iniciales serán de 5 millones de euros, en el Nanogune (es su nombre), con unos 100 investigadores, sólo los equipamientos científicos encargados por el centro alcanzarán los 30 millones, una cifra altísima si tenemos en cuenta que viene a suponer unos 20 euros por cada vasco en edad de trabajar. Además, mientras que en el laboratorio internacional ibérico aún no se han puesto a hacer fichajes, en el de Ibaeta han elegido ya a los científicos que dirigirán cada uno de los departamentos. Casi todos extranjeros.

Pero no serán sólo los vascos los que se lancen a la aventura de competir en consecución de nanopatentes propias con rivales tan señalados como EE UU, Alemania o China, Navarra también tendrá sus propio laboratorio de Nanotecnología. La Comunidad Foral invertirá, por ejemplo, 4 millones de euros en un centro que funcionará en colaboración con Principia Technology Group, una empresa del MIT (Massachussets InstituteofTechnology). También éste, aseguran sus responsables, “será un referente internacional”. Es de prever que otras regiones emulen a Navarra y el País Vasco. De momento, Cataluña ya tiene también su InstitutCatalà de Nanotecnologia y Galicia su Rede de Nanotecnoloxía de Galicia.

Quien sabe si la súbita nanopasión de nuestros dirigentes autonómicos acabe poniendo a España en el mapa mundial de estas tecnologías. Ahora no lo está. Las sumas dedicadas al sector son ínfimas. Según algunos expertos, actualmente, las cifras anuales de inversión en I+D en esta disciplina no superan los 20 millones de euros. Pedro Serena, investigador del CSIC en nanotecnología, ha señalado que la inversión del Plan Nacional de I+D para este concepto fue de 34 millones para el conjunto de 2004, 2005 y 2006. Serena dice que a eso habría que añadir las cifras de las autonomías y de la UE.

La nanotecnología, que ha empezado a despegar como negocio no más allá de hace dos o tres años –y con cifras aún poco significativas– está prácticamente en pañales en España. De modo que la creación de laboratorios, que incluyen sociedades de capital riesgo públicas especializadas (en Navarra, por ejemplo) y contarán con viveros de empresas, busca motivar a los investigadores, suscitar la creación de startups y atraer a las grandes empresas.

Pocas, de momento, han mostrado mucho interés. Abengoa ha puesto en marcha algunos proyectos. A través de su filial de ingeniería, Abeinsa, inició el año pasado el Nanomembranesagainst Global Warming (NanoGLOWA), un programa que apuesta por el desarrollo de nuevos materiales, con fundamento en la nanotecnología, para su aplicación en medios de separación y purificación basados en membranas. Fagor ha creado un premio para diseñadores que presenten propuestas innovadoras de electrodomésticos que incorporen nanotecnología y domótica. Acciona ha incluido a la nanotecnología en su plan de desarrollo de nuevos materiales y está patrocinando algunas iniciativas, como el primer Máster en Nanotecnología de la  Escuela Internacional de Negocios Aliter. El máster, enfocado a la entrepreneurship en el sector, dura 1 año (550 horas) y cuesta la friolera de 10.500 euros.

Desinterés empresarial

Y poco más. El desinterés de grandes empresas españolas por el sector es mayúsculo. Extraña que prácticamente ni una sola empresa española de ramos como los equipos de medicina, farmacia, alimentación, energías renovables, electrónica de consumo o desarrollo de materiales haya iniciado un solo programa serio de I+D para conseguir patentes en un conjunto de tecnologías que van a alterar dramáticamente los productos que venden. Todo lo más se empiezan a descolgar algunas iniciativas por parte de patronales en colaboración con universidades o centros tecnológicos. Conferencias, jornadas y no mucho más. Y en segmentos de la nanotecnología muy básicos y pedestres.

Por ejemplo, este año el Cetem, un centro tecnológico del mueble de Murcia, celebró una jornada destinada a empresarios del sector, dirigida por técnicos de la empresa Nanotecnología Spain, especializada en la formulación y fabricación de recubrimientos nanotecnológicos para uso industrial. Según se puede leer en la memoria de la jornada, se presentaron recubrimientos que ofrecen superficies de fácil limpieza, antigraffiti, antimanchas para textiles, madera y piel, autolimpiantes o antibacterianos para todos tipo de sustratos, lo que está muy bien, pero dista años luz de lo que algunas empresas europeas o estadounidenses están ya ofreciendo al mercado. Así que, o Gobierno y empresas se ponen las pilas, o después de quedarse fuera de las revoluciones del hardware y el software informático, la electrónica de valor añadido y la biotecnología, puede que pierdan también el prometedor tren de la nanotecnología.




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