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viernes, 29 de agosto de 2008 Última actualización: 10:52:57



    87 de 98 en La Tercera De Los Negocios
12/03/2008 17:59   




Ajustes en la Unión Monetaria

La reforma del mercado laboral debe ser una prioridad

Francisco Cabrillo.

Es un tema recurrente. Cuando un país miembro de la Unión Monetaria Europea se encuentra en dificultades y cae su tasa de crecimiento, se discute de nuevo sobre  los beneficios e inconvenientes de la moneda única. Pertenecer a la zona euro ofrece, sin duda,  muchas ventajas, la más importante de la cuales es la estabilidad monetaria, sobre todo para países que han tenido una larga historia política monetaria inflacionista. Y esta estabilidad, junto con la desaparición del riesgo de devaluación, permite mantener unos tipos de interés reducidos a países que se encontrarían con tipos significativamente más elevados si tuvieran una política monetaria independiente. Pero ser miembro de la zona euro tiene también sus costes. Mientras la economía está creciendo, no son muy importantes. Pero cuando la economía se estanca y los tipos de interés bajos no bastan para relanzar la actividad, el euro plantea problemas relevantes, especialmente en países en los que los precios de los bienes y servicios y de los factores de producción presentan una gran rigidez a la baja.

 Los casos de Italia y Portugal son objeto de debate en este sentido desde hace bastante tiempo. Se trata de economías que, tras haber disfrutado de fases de fuerte expansión, están pasando por un largo período de crecimiento reducido y se plantean, por ello, si las cosas no irían mejor fuera del euro. Pero el caso de España empieza a ser comentado también por los analistas internacionales en términos similares.

 La mayoría de las estimaciones indican que, en los últimos meses de este año, la economía española estará creciendo a tasas muy bajas; con la agravante, además, de que la desaceleración es muy rápida y de que nuestro país tiene el déficit comercial más elevado del mundo desarrollado en términos de producto interior bruto. No van a faltar, por tanto, reflexiones sobre los problemas que plantea el tipo de cambio fijo.

 Nunca he sido un gran entusiasta de la forma en la que se llevó a cabo la unificación monetaria en Europa. Pienso que no tendría ningún sentido retroceder quince años y discutir sobre lo que se pudo haber hecho entonces. La adopción del euro puede haber sido afortunada o no; pero, incluso en el caso de que los efectos hubieran sido negativos, sería demasiado tarde para cambiar de opción. España, como Italia o Portugal, forma parte de la zona euro desde el momento de su creación. Una salida del euro de cualquiera de estos países crearía, en estos momentos, una desconfianza tal en sus mercados que dejaría a quien lo hiciera en una situación muy difícil. Estamos en el euro y vamos a quedarnos. Pero la crisis va a obligar a adoptar medidas que dudo mucho que la sociedad española esté dispuesta a aceptar. Entre los cambios que hay que llevar a cabo en una economía que no puede devaluar está, ciertamente, la desregulación del mercado de trabajo. Y a ella han contribuido ya, en buena medida, los numerosos inmigrantes que han llegado a nuestro país en los últimos años. Sin ellos, en efecto, no se entienden los cambios experimentados por el mercado de trabajo español, que incluyen tanto una fuerte creación de puestos de trabajo como la caída experimentada por los salarios reales.

 Es muy evidente que las cosas son hoy diferentes; y que, con varios millones de nuevos trabajadores ya establecidos en España, la reforma del mercado laboral —esta vez de hecho y de derecho— es una prioridad urgente. En esta situación en la que el paro está creciendo muy deprisa, no tendría sentido esperar.

Francisco Cabrillo es catedrático de Economía.





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