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domingo, 20 de julio de 2008 Última actualización: 06:30:53



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13/05/2008 21:42   



Las empresas cotizadas en la bolsa seducen a los políticos

La afinidad ideológica lleva a Telefónica y Santander a engrosar sus filas con ex altos cargos del Partido Popular, mientras Prisa y Sogecable se decantan por los socialistas.

Eduardo Zaplana, delegado para Europa de Telefónica.

Alicia M. Serrano.

Madrid. A la caza del ex alto cargo político. Cada vez son más las compañías cotizadas que incorporan a diputados que en otros tiempos estuvieron en primera línea de gobierno, arrancándolos del ámbito público con tentadoras ofertas. El objetivo último, ganar un plus de prestigio que acabe siendo reconocido por los inversores.

Sin ir más lejos, Indra escogió ayer a un ex alto cargo del Gobierno de Bush, Emilio T. González, como consejero delegado de su filial estadounidense, después de que el lunes el gigante nuclear francés Areva nombrara vicepresidenta a la ex ministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio. Los ejemplos no son aislados: más de una cuarta parte del casi centenar de ex ministros de la democracia ha acabado en los consejos de administración de grandes compañías.

Esfuerzos de equilibrio

El caso reciente más sonado es el de Eduardo Zaplana, delegado para Europa de Telefónica, una compañía que en los últimos años ha sido el Inem de lujo de ex cargos del PP como Alfredo Timmerman, ex jefe de Gabinete de Aznar, o Carlos López Blanco, ex secretario de Estado de Telecomunicaciones también con el ex presidente. Con todo, es una de las firmas que más ha equilibrado el color político en su consejo de administración. De hecho, el nombramiento del actual diputado del PP Manuel Pizarro como consejero coincidió con el de Javier de Paz, ex secretario de Juventudes Socialistas.

Asimismo, Santander ha servido como refugio para ex ministros populares como Rodrigo Rato, Isabel Tocino o Abel Matutes, mientras Josep Piqué acabó fichando por Vueling en noviembre, un nombramiento que actuó de revulsivo en un momento crítico para la cotización de la aerolínea, que subió en bolsa más de un 12% en las dos sesiones posteriores a la noticia, si bien los accionistas no suelen reaccionar a los fichajes con tanta inmediatez.

Las afinidades ideológicas también se dejan notar en el grupo Prisa, que aglutina a gran parte de antiguos cargos socialistas como Miguel Satrústegui o Carlos Solchaga. El contrapeso político lo pone su presidente, Rofolfo Martín Villa, que fue ministro del Interior con UCD y posteriormente diputado con el PP, además de presidente de Endesa.

Al margen de este factor, las compañías buscan en los dirigentes habilidades que otorguen un valor añadido a la gestión empresarial, como la capacidad de trabajo en equipo, el liderazgo y la toma de decisiones en tiempos de crisis, según Juan Ramón Pin, profesor del IESE, así como aprovechar su agenda. Se trata de las llamadas “habilidades blandas”, que no sólo facilitan alianzas dentro y fuera de la organización, sino que permiten reaccionar con flexibilidad a los cambios.

Tentación irresistible

“Por razones sociológicas, en el partido de la oposición siempre hay gente muy preparada que en esos puestos no está desarrollando todo su potencial y las empresas aprovechan el momento para lanzar el anzuelo”, explica el experto. De ahí que los últimos fichajes hayan sido protagonizados por diputados populares.

Y es que el poder atrae, pero no tanto. Las ventajas que ofrece el mundo empresarial a carismáticos políticos con cargos de segunda fila son numerosas, desde la exención de la exposición y las incompatibilidades del cargo público hasta la remuneración, mucho más jugosa en el mundo privado.

Como ejemplo, el ex presidente Aznar, en la actualidad asesor del fondo británico de capital riesgo Centaurus y consejero de News Corporation, el grupo del magnate estadounidense Rupert Murdoch, ganó más de un millón de euros en sólo dos años, mientras Rodrigo Rato cobra 2,7 millones como director general de banca de inversión de Lazard, frente a los 260.000 euros que ganaba por dirigir el Fondo Monetario Internacional. Y el sueldo de Zaplana en Telefónica rozará el millón de euros anuales.

La polémica está servida

La tentación no es fácil de resistir, de ahí las suspicacias. Así, frente a aquellos que como Pedro Goenaga, socio director de Russell Reynolds, creen que la tendencia es positiva porque “acerca la realidad social a la forma de gestionar las empresas”, otros cuestionan la actuación de los dirigentes, acusándolos de favorecer a la compañía que ahora los contrata. Entre los nombramientos más polémicos destaca el de David Taguas, ex director de la Oficina Económica de Moncloa, por la patronal de la construcción, en un momento donde se discuten ayudas públicas al sector.

Por eso, lo que España y Europa necesitan, según Juan Ramón Pin, es “una regulación de los lobbys, que ayudaría a limar susceptibilidades y sospechas y jugaría a favor de la confianza en el sistema”. Además, en España, el camino inverso, desde el mundo de la empresa hacia la política al estilo del movimiento de Manuel Pizarro, es menos frecuente, algo que sí se da en EEUU.




Los antiguos dirigentes de Inglaterra y EEUU no pierden la oportunidad

Los ejemplos internacionales de intercambio entre empresa pública y privada son prolíficos. Tras abandonar Downing Street el pasado junio, Tony Blair fue contratado como asesor de JP Morgan y Zurich. Blair, que sólo con el primer cargo se embolsará más de un millón de dólares al año, sigue los pasos de su predecesor, John Mayor, contratado en 1998 por The Carlyle. Tampoco dejó pasar la ocasión el ex canciller alemán Gerhard Schröder que, tras perder las elecciones de 2005, aceptó la propuesta de Gazprom para presidir el comité de accionistas de Nord Stream, además de asesorar a Rothschild. En EEUU, el ex presidente de la Fed, Alan Greenspan, encontró trabajo en el mayor fondo privado de bonos, Allianz Pimco, mientras el ex secretario del Tesoro, John Snow, fue nombrado presidente de Cerberus y Robert Rubin, contratado por Citi, donde llegó a asumir las funciones de presidente interino. Destaca también la apuesta del fondo de capital riesgo Centaurus por Aznar como miembro de su consejo asesor, del que forma parte el ex ministro británico Ken Clarke.




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