Jóvenes, urbanos y consumistas. Las familias medias adquieren con voracidad bienes que hasta ahora no tenían a su alcance o estaban prohibidos.
Varias jóvenes pasan por delante de una joyería de lujo en una de las zonas comerciales de... |
Isabel Rodríguez
Madrid. El dragón rojo sigue siendo un país de extremos: la vieja y la nueva China, la urbana y la rural, la de los pobres y la de los multimillonarios, pero la distancia entre ambos cabos no tardará mucho en reducirse, si se tiene en cuenta el ritmo de crecimiento de la clase media.
Hace un año, las autoridades anunciaban que esta clase social había alcanzado a 80 millones de personas, tras añadir 15 millones en los últimos dos años. Cerca del 6,15% de la población es considerada clase media por el Gobierno y se espera que llegue al 40% dentro de 20 años, según la Academia de Ciencias Sociales de China.
¿Pero quien forma parte de este estamento? La oficina nacional de estadísticas china considera que una familia pertenece a la clase media si percibe unos ingresos anuales de entre 7.792 y 65.790 dólares. Más allá de esta clasificación oficial, se puede crear un perfil del chino de clase media como el de un profesional urbano del sector de comercio, servicios, producción o inmobiliario.
“Es un nuevo rico. Vive en la costa este. Es empresario y compra viviendas, coches, artículos de consumo y de lujo y viaja”, esboza el director del Centro de Estudios Internacionales e Interculturales de la Universidad Autónoma de Barcelona, Sean Golden, que recuerda que “un millón de turistas chinos pasaron por París el año pasado”.
Nuevos hábitos
Los integrantes de este grupo son, además, personas mucho más jóvenes que sus iguales de países desarrollados, ya que el 70% de ellos tiene entre 21 y 38 años, según el estudio La nueva clase media china del ex director del instituto chileno-chino de cultura Chihon Ley.
Aunque gastan más que sus padres, según Ley, ahorran de media el 25% de sus ingresos. Necesitan hacerlo para su jubilación. La política de un solo hijo por familia produjo una pirámide invertida en la que ese hijo, en principio, debe mantener a sus abuelos.
Pero, aunque sigan pensando en el futuro, los chinos se han vuelto más consumistas. Están abrazando nuevos hábitos y adquieren con voracidad bienes que hasta ahora no estaban a su alcance, eran imposibles de conseguir o estaban prohibidos. Los televisores en color, la cerveza, los teléfonos móviles o los ordenadores personales son los productos más demandados por un consumidor que no suele recurrir al crédito al consumo.
Las ciudades se transforman conforme las multinacionales se interesan por esta clase social, aunque “la estrategia china pasa por la consolidación de un mercado de consumo doméstico”, según Golden, que pone como ejemplo la decisión de China de desarrollar su propia tecnología de telefonía móvil que no sería compatible con la tecnología extranjera.
Esta clase emergente también ha despertado el interés de las autoridades, que han integrado a nuevos ricos y empresarios “rojos” en el Partido y en su Comité Central, mientras centran sus discursos en la necesidad de reducir la enorme brecha entre ricos y pobres.
Brecha entre ricos y pobres
China es el hogar de 1.300 millones de personas. De ellas, un 10% de la población ya es “rica”, otro 8% está “medianamente acomodada”, pero queda un 82% de la población que es pobre, indica Golden. El coloso asiático “ha sacado de la miseria a 500 millones de personas en poco tiempo, pero sigue siendo un país en vías de desarrollo. Su PIB per cápita corresponde a los niveles de Angola o del Congo”, explica.
Si las estimaciones de la oficina estadística se cumplen, en 2010 otros 290 millones de personas abandonarán la clase baja para escalar a este nuevo estamento.
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