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París rechaza el proyecto de ley sobre estos cultivos. Los europeos recelan de ellos, y sufren presiones de América y Asia.
LA GACETA DE LOS NEGOCIOS |
L. Cecilia
París. La Asamblea francesa ha rechazado el proyecto de ley sobre los organismos modificados genéticamente (OGM), que establece las condiciones de coexistencia de cultivos transgénicos con los tradicionales. Al final, 136 votos en contra de los socialistas, comunistas y verdes frente a 135 a favor de los conservadores tumbaron el proyecto, división que supone un fiel reflejo de las controversias en Europa.
En el Viejo Continente no acaban de cuajar estos compuestos, que ya triunfan en EEUU, Argentina, Brasil, India y China, países con mayor ritmo de crecimiento. Según datos de la consultora Cropnosis, en 2006, este mercado movió 6.000 millones de dólares (3.896 millones de euros), cifra que alcanzará los 8.400 millones de dólares (5.454 millones de euros) en 2011. Empresas como BASF, Bayer, Dow, DuPont/Pioneer, Monsanto y Syngenta mueven este segmento que cada año aporta mayores beneficios.
En 2007, la superficie destinada al cultivo de productos modificados genéticamente, aumentó el 12%, hasta los 114 millones de hectáreas repartidas en 23 países, según datos del International Service for the Acquisition of Agribiotech Applications (ISAAA). Los países con mayores cultivos (soja, maíz, algodón y colza) son EEUU, Argentina, Brasil y Canadá. En Europa, sólo se puede cultivar maíz Bt, del que existen 110.000 hectáreas plantadas, —el 1% de las áreas de cultivo de maíz en el continente— en España, Francia, República Checa, Portugal, Alemania y Eslovaquia. Desde América se presiona para que Europa autorice más cultivos. En su reunión del 7 de mayo, la Comisión Europea decidió retrasar la aprobación de nuevos transgénicos y pedir más dictámenes científicos a la Agencia de Seguridad Alimentaria (ASA) para confirmar o no la seguridad de varios OGM cuyos casos están pendientes. La presión de los agricultores y ecologistas es muy fuerte no sólo en Francia, sino en todos los países europeos. Mensajes publicitarios, actos de protesta y otras actuaciones están creando un clima de rechazo hacia los transgénicos en el continente. Francia es el segundo productor europeo de los mismos (21.200 hectáreas) por detrás de España (75.150 hectáreas).
Posición de la UE
Francia no es el único país de Europa que muestra rechazo a los transgénicos. Austria, por ejemplo, es una firme opositora de estos cultivos. En Alemania, los habitantes se oponen a estos productos, mientras que sus autoridades afirman que contribuyen al crecimiento económico. El Gobierno griego trabaja para que coexistan el cultivo tradicional con el transgénico, aunque la opinión pública se opone frontalmente. En España, la oposición es casi unánime, incluso con rechazo de estos productos en los comercios. Aragón, con 36.000 hectáreas de maíz trangénico plantado, es la región europea donde más transgénicos se cultivan.
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