/>
El canon digital, que se vota esta semana en el Congreso, consiste en la imposición de una tasa sobre los soportes digitales bajo la presunción de que se pueden utilizar para vender canciones sin compensación a los autores, una práctica que les priva de ingresos adecuados. La injusticia de esta práctica está por dilucidar, pero suponiendo que así fuera hay muchas otras razones para expulsar el canon de las leyes.
Para empezar hay otros usos de los CD, DVD, mp3, pen-drives y demás que, no sólo son perfectamente legítimas, sino que están protegidas por la ley, como por ejemplo compartir una copia privada. Como la SGAE tiene casi tanta tiña por la verdad como aprecio por el dinero ajeno, dicen que la copia privada es ilegal, pero ahora no lo es.
Si un mismo instrumento se puede utilizar para fines perseguidos por la ley y para otros que están protegidos lo normal es castigar solamente los primeros. Pero la lógica del canon digital es otra. Se impone la pena sin saber si hay o no delito. Hubo un tiempo en que este tipo de lógica causaba gran escándalo entre la gente de bien.
Es más, el canon tal como está propuesto no es, ni mucho menos, la única opción. El analista Antonio José Chinchetru propuso una alternativa, y es que la tasa recayera directamente sobre la copia original en la tienda de discos.
Esta propuesta tiene la ventaja adicional de que los fondos irían directamente al autor sin tener que pasar por las entidades de gestión. Actualmente entre los autores y estas sociedades media el cálculo que hacen ellas para hacer el reparto. Con la propuesta de Chinchetru la correspondencia sería más justa.
Si finalmente se impone el canon la recaudación será, según los últimos cálculos, algo más de 100 millones de euros. Ese dinero sale del que usted pagará de más en cada dispositivo digital para que engorde primero las arcas de las entidades de gestión de derechos y luego vaya a los autores que sufren la práctica que algunos llaman piratería.
Pero, más allá de las brutales transferencias desde el ciudadano común a los grupos organizados, que en eso consiste la política, cabe considerar sus efectos económicos directos.
El canon supone más de la mitad del precio final de un CD virgen, de modo que la gente no acude a las tiendas de informática a adquirirlos. La escasa industria del CD prácticamente ha desaparecido en España.
Qué pasaría con el resto de la industria de salir adelante el canon digital queda abierto a la imaginación de cada uno de nosotros, pero es seguro que nada bueno.
Quienes somos | Contacte con nosotros | Aviso legal | Publicidad | Mapa
© Grupo Negocios Sepúlveda 7b - 28108 Alcobendas. España - Tel: 91 432 76 00 - Fax: 91 432 77 65