El elevado ritmo del PIB por el consumo y el escaso ahorro provocan una deuda de más de 100.000 millones. Ahora toca pagar por las alegrías económicas.
España es el país con mayor déficit exterior. EFE |
La profunda transformación que ha experimentado la economía española a lo largo de los últimos 15 años tiene un precio. Crecer por encima del resto de nuestros vecinos europeos y acercar nuestros niveles de riqueza a los de los ciudadanos europeos, sin haber sido previsores y haber adoptado la reformas estructurales necesarias, se va a cobrar una pesada factura, que al cierre de 2007 ya nos cuesta algo más de 100.000 millones de euros, en números redondos, el 10% del PIB. Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Somos el país con el mayor déficit exterior, superando incluso a Estados Unidos, una cifra récord que rebasa los peores registros de los años 80.
Este agujero histórico que tenemos con el exterior no es más que la consecuencia de los escasos avances en productividad, pese a que el crecimiento del PIB ha superado claramente una tasa del 3% interanual. Pero a todo ello, hay que sumar la importante brecha abierta desde el inicio del euro en materia de inflación. De hecho, nuestra tasa diferencial de precios con respecto al grupo de países que integran el euro, acumula cerca de los 10 puntos porcentuales, lo que ha provocado que nuestros precios de venta al exterior resulten poco competitivos. De esta manera no resulta difícil comprender las dificultades de una economía como la española para exportar.
Sin embargo, no hay que echarle toda la culpa a la inflación. El propio patrón de crecimiento español basado en el consumo y la construcción, junto a una reducida tasa de ahorro respecto al PIB, también ha sido determinante para alcanzar este endeudamiento con el exterior.
Hemos consumido mucho y cada vez productos de una elevada tecnología que no producimos. Nos hemos especializado en productos de tecnología media o media-alta, que ya no nos sirven y de ahí el empeño por invertir en I+D+i y lograr un incremento tecnológico. Hasta que esto suceda seguiremos comprando fuera todo lo que necesitemos, engrosando a marchas forzadas nuestro déficit comercial, una solución complicada y con toda seguridad traumática. Los esfuerzos por ganar competitividad y corregir el deterioro comercial, en unos momentos en que la economía internacional está inmersa en una crisis de liquidez, son complicados.
Hasta ahora no había excesivos problemas para tomar prestada la financiación en el exterior, pero a partir de ahora, con una desaceleración del crecimiento y una inflación por encima del 4%, ante la baja productividad y competitividad, el ajuste puede llegar por la vía de la destrucción de empleo.
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