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La concesionaria portuguesa sopesa expulsar al grupo español de su consejo de administración.
Salvador Alemany, consejero delegado de Abertis. |
A.PÉREZ / F.BARCIA
Madrid/Lisboa. La decisión de Abertis de elevar hasta el 14,58% su participación en Brisa ha levantado ampollas en la firma lusa y en su primer accionista, la familia Mello, propietaria del 31% del grupo. El primer grupo de autopistas de Portugal y una de las empresas más importantes del país se ha levantado en armas contra el que es su segundo accionista, al que acusa de haber actuado a sus espaldas. Por eso ha anunciado la ruptura unilateral de la alianza estratégica que ambas mantenían desde septiembre de 2002 y que había propiciado un intercambio accionarial entre ambas.
Ante el clima de tensión que se vive en Portugal, Abertis entiende que cualquier movimiento hostil —caso de una opa a corto plazo— sería contraproducente para sus intereses en Brisa y en el país vecino. Más si cabe teniendo en cuenta el carácter regulado del negocio de las concesiones, la relevancia de Brisa en el entramado industrial luso y la sólida posición de la familia Mello en el capital. Por tanto, "bajo estas circunstancias", la dirección de Abertis ha decidido rebajar el nivel de tensión y buscar el entendimiento con el presidente de Brisa, Vasco de Mello.
En este sentido, Abertis quiso quitar hierro a la compra a The Capital Group de un 4,58% de Brisa por 272,2 millones. Según el grupo español, "este incremento se plantea desde la voluntad de mantener la colaboración y la estabilidad en Brisa y así fue transmitido a la presidencia de la concesionaria portuguesa", titular de 3.789 kilómetros de autopistas en Portugal, Brasil, Estados Unidos o Europa del Este.
Guerra abierta
Sin embargo, la mano tendida de Abertis puede ser insuficiente para recomponer las relaciones. Las declaraciones de Vasco de Mello a la prensa lisboeta no invitan al optimismo. Para el presidente de Brisa, la empresa española se ha convertido en un “competidor” más, al que se debe restringir el acceso a los órganos sociales y a las decisiones estratégicas.
En este sentido, el grupo de autopistas luso sopesa la posibilidad de expulsar al presidente de Abertis, Isidre Faine, de su consejo de administración. No sería la primera vez que una empresa portuguesa toma una decisión similar —la cual debe ser aprobada por la junta general— contra un accionista español. Por ejemplo, Iberdrola, a pesar de ser el segundo mayor accionista de la eléctrica EDP con casi el 10% del capital, no participa en el consejo de administración, al tratarse de un competidor del sector energético. Abertis puede correr la misma suerte.
Además, sin proyectos comunes ni participaciones en concursos dentro y fuera de la Península Ibérica desde que pujaron por ENA en 2002, la alianza estratégica estaba moribunda. A esto se le unen dos hechos que no han hecho más que deteriorar las relaciones entre las dos empresas. Por una parte está la decisión de Brisa, en diciembre de 2002, de reducir su participación en Abertis del 5% al 1%.
Por otro lado, en Lisboa se apunta que la entrada de Babcock & Brown en Brisa, concretada en junio de este año, dio la puntilla definitiva al acuerdo entre Salvador Alemany y Vasco de Mello. Brisa ve a Babcock & Brown como un aliado estratégico para el mercado norteamericano. En este mercado han participado juntos con éxito en algunos proyectos de infraestructuras, como la concesión que ha ganado Brisa en la autopista Northwest Parkway en Colorado.
Intereses en Portugal
Está por ver qué implicaciones políticas tendrá en Portugal el interés de Abertis por Brisa. De momento, el Estado, que salió de su accionariado hace unos años, no se ha pronunciado sobre la guerra declarada en una de las empresas más emblemáticas del país.
El grupo controlado por ACS y La Caixa gestiona más de 16.000 plazas de aparcamiento en seis ciudades y tiene en marcha un megaproyecto de 370 millones de euros para construir una plataforma logística en el norte de Lisboa. Abertis, como han reconocido sus directivos, está interesado en la construcción y la gestión del futuro aeropuerto de la capital, que deberá entrar en funcionamiento en 2017, y la privatización de la gestora aeroportuaria ANA. También sigue con interés el proyecto para desarrollar la televisión digital terrestre (TDT) en Portugal. En todas estas iniciativas, el Gobierno socialista de José Socrates tendrá la última palabra.
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