Con el cadáver de Netscape todavía caliente, el Safari de Jobs se lanza a por el segundo puesto del Firefox de Mozilla.
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M. A. Uriondo
Nueva York. Si alguien pensaba que con la desaparición del Netscape Navigator terminaba la lucha por hacerse con el mercado mundial de navegadores de Internet, no podía estar más equivocado. Y es que, aunque Microsoft sigue atesorando una cuota de mercado global de casi el 62% con el programa Explorer que incluye en Windows, según datos de W3Counter, ésta va disminuyendo año a año, y la lucha por la segunda posición es encarnizada.
Hasta ahora ese privilegio lo tiene el Mozilla Firefox, el único navegador que parecía capaz de recortar cuota a Explorer, y que en sus últimas versiones ha logrado atesorar un 29%. Pero otro jugador ha irrumpido en el mercado con ganas de quedarse con una parte del pastel. Se trata de Safari, el navegador que utilizan todos los ordenadores de Apple, así como el popular iPhone y el iPod Touch.
Para lograr el mayor impacto posible, Apple ha lanzado la versión 3.1 de Safari para Windows a través de una actualización para su popular tienda online iTunes, un programa que se ven obligados a instalar en sus ordenadores todos aquellos que han comprado uno de los más de 150 millones de iPod que se han vendido en todo el mundo.
Apple asegura que su nueva versión de Safari, que funciona tanto en XP como en Vista, es 1,9 veces más rápida que la última versión de Explorer y 1,7 veces más rápida que Firefox. Asimismo, supuestamente es capaz de leer el código JavaScript hasta seis veces más rápido que otros navegadores.
Sin embargo, desde Mozilla se ha etiquetado rápidamente esta iniciativa como una amenaza. Su consejero delegado, John Lilly, arremetió el pasado viernes contra Apple por utilizar su mecanismo de actualización del software de iTunes como un canal para su navegador. “Lo que está haciendo Apple está mal”, señaló Lilly en su blog, donde lamentó que se estén “minando las relaciones de confianza que estas grandes compañías tienen con sus clientes”. “Y esto es malo, no sólo para Apple, sino también para la seguridad de Internet”, denunció un encendido Lilly, unas declaraciones que se han visto entre los analistas como una rabieta ante la evidente capacidad de crecimiento que tiene Apple gracias a su iTunes.
La pregunta ahora es si Apple, al utilizar para colocar un nuevo producto lo que hasta ahora sólo era un sistema para realizar actualizaciones, está perjudicando a los usuarios o sólo está apalancando las ventajas que tiene gracias al éxito de su iPod.
“Apple ha hecho increíblemente fácil para los usuarios instalar software que no han pedido”, denunció Lilly, quien advirtió de que se trata de una práctica que limita con el malware y erosiona las relaciones con los usuarios, que tanto tiempo y esfuerzo les han costado construir.
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