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lunes, 13 de octubre de 2008 Última actualización: 18:50:19



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26/02/2008 21:17   



Visa sale a bolsa más barata que Mastercard

Sin embargo, que nadie espere una explosiva alza como la que registró la OPV de su competidora.

Los negocios de tarjetas de crédito gozan de cierta inmunidad frente a la crisis del crédito, una...

Editado por Hugo Dixon

Las compañías de tarjetas de crédito animan a los consumidores a utilizar sus tarjetas prometiendo devoluciones de efectivo y regalos.

    Parece que Visa discurre en los mismos términos para su oferta pública inicial. El precio de 19.000 millones de dólares por la mitad de la compañía la valora con un importante descuento frente a su rival MasterCard, casi un 20% sobre un índice de precio frente a beneficios, retirando lo que Visa planea reservar para litigios.

    Pero aunque los negocios de tarjetas de crédito gozan de cierta inmunidad frente a las condiciones del crédito, una economía débil y la contención de los clientes, probablemente van a lastrar al crecimiento de ambos gigantes del crédito.

    Como intermediarios, Visa y MasterCard hacen dinero siempre que alguien utiliza sus tarjetas. No conceden préstamos y no son responsables si un cliente no paga. Por eso es por lo que no están expuestas a la morosidad de la forma en que los están los grandes bancos. Y por esto es lógicamente por lo que Visa puede seguir adelante con su salida a bolsa en el actual entorno.

    Pero los bancos que emiten las tarjetas y extienden el crédito se están estrechando el cinturón. Citigroup, el tercer gran emisor de tarjetas, redujo recientemente las líneas de crédito en California, Florida y otros estados donde la crisis de las hipotecas basura ha hecho más daño.

    Estas estrategias, junto con unas condiciones económicas más débiles, probablemente van a reducir el acceso de los consumidores a la deuda de tarjetas de crédito, lo que naturalmente ralentizará su gasto.

    Desde luego, la economía estadounidense no lo es todo, en torno al 30% del negocio de Visa está vinculado a emisores fuera de Estados Unidos. Y el uso de tarjetas de débito, que no conllevan temores de crédito, también está aumentando.

    Pero de todas formas,des cara a la salida a bolsa de Visa los inversores no pueden esperar de manera realista un crecimiento del volumen de transacciones parecido al que hizo subir casi un 400% el precio de las acciones de MasterCard desde que salió a bolsa en 2006. En este contexto, es bastante lógico que la compañía de tarjetas de crédito fije un precio atractivo.
(Cyrus Sanati y Lauren Silva)

Sarkozy

Por lo menos Nicolas Sarkozy no ha llamado a Daniel Bouton “pauvre con”. El presidente francés utilizó esta frase, traducida como “pobre imbécil”, para describir a una persona que no quiso estrecharle la mano el domingo. Pero el mensaje recibido por el presidente ejecutivo de Société Générale fue casi igual de claro. Sarkozy dijo que no es “normal” que Bouton siga en su puesto.

    Esto no está muy desencaminado. El propio Bouton ha presentado dos veces su dimisión debido a la laxitud de los controles que le costaron a su banco 4.900 millones de euros. Ahora ha retirado esta oferta, pero la cuenta detallada de cómo sucedió todo pone de manifiesto que la supervisión dejaba mucho que desear. Como presidente, se supone que Bouton establecía el nivel, y el nivel de Société Générale era bajísimo.

    En Francia, una palabra suave de un presidente respetado podría haber sellado el destino de Bouton. Pero el ataque de Sarkozy era un comentario casual en una amplia entrevista en el periódico Le Parisien.

    El presidente es cada vez más impopular, en gran parte porque ha aireado su vida amorosa de una forma que los franceses consideran indigna.

    En este entorno, el exabrupto contra Bouton suena a intromisión, por parte de un hombre que tiene una cierta inclinación a decirles a las compañías privadas lo que tienen que hacer.

    Paradójicamente, Sarkozy probablemente ha hecho más que nadie para que Bouton siga en su puesto. Hace unas semanas, la decisión de despedir a Bouton hubiera parecido una muestra de buen gobierno corporativo. Una dimisión o un despido ahora haría que los consejeros parecieran lacayos del presidente de la república francesa.
(Edward Hadas)

Racionamiento de alimentos

La comida es una necesidad humana universal. Pero cuando los precios de los alimentos se disparan, como ha ocurrido últimamente, los ajustes son mucho más duros para los países pobres que para los ricos.

     Los políticos quieren mercados más calmados. Entre otras cosas, deberían intentar decir adiós para siempre al dinero fácil.

    En los países ricos, los consumidores pueden tener que estrecharse el cinturón, pero sólo figurativamente. El hambre no representa un gran peligro. El principal y más grave peligro del aumento del 70% en el precio del trigo y la soja en los últimos seis meses es para el índice de inflación.

    Pero incluso éste es modesto, porque los alimentos suponen menos del 10% del gasto del consumo, y estos ingredientes son una pequeña porción de ese gasto.

    En los países pobres, la agitación política inducida por el hambre es una posibilidad real. Más de la mitad de la población vive en las ciudades y la alimentación, en gran parte no procesada, supone más de la cuarta parte del consumo.

    Los gobiernos ya están imponiendo restricciones a las importaciones y aumentando las subvenciones. Pero estas respuestas de emergencia están lejos de ser las idóneas. Sería mejor impedir que los precios se disparen. ¿Cómo puede conseguirse esto?

    El primer paso es aumentar la oferta. Esto ya está sucediendo, ya que los precios altos animan a los agricultores y a los gobiernos a eliminar las restricciones de plantación.

    El siguiente paso es acabar con las subvenciones absurdas para los biocombustibles fabricados con maíz, que ahorran cantidades insignificantes de dióxido de carbono, pero acaparan cantidades importantes de comida que iría destinada a los animales y a la gente.

    No hay razón para atacar la demanda. Pero una mejor política financiera podría hacer que los pobres sufrieran menos cuando la comida escasea.

    Después de todo, cuanto más efectivo, o capacidad de pedir préstamos, tienen los consumidores, más altos suben los precios antes de que los potenciales compradores decidan que no pueden permitirse pagarlos. Y cuanto más alto es este precio, más pesada es la carga para los pobres.

    Las condiciones financieras ya se están endureciendo en algunos mercados, pero los precios de las materias primas no parece que se vean todavía muy afectados.

    Para unos pocos residentes de los países exportadores de recursos, es una mezcla estupenda. Muchos otros, sin embargo, están pagando el alto precio del dinero barato durante mucho tiempo.
(Edward Hadas)




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