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“Sólo quien sirve a los demás puede activar”, dice Carmen Yates, que defiende la innovación como una “obra de arte”.
Los directivos deben acercarse a su gente y contagiarles toda su motivación. |
Juanma Roca.
Tenemos que aprender a mirar todo lo que nos ocurre de manera global”, sentencia la consultora Carmen Yates. Pero no sólo, añade, por el entorno global en que se mueven las empresas hoy en día, sino por “mirar y repensar la empresa con una mirada diferente, como si se tuviera que fundar la empresa de nuevo”.
No en vano, la consultora, que acaba de publicar La empresa sabia (Díaz de Santos, 2008) señala que “crear una empresa es crear una obra de arte”, por lo que insiste en una entrevista con LA GACETA en la importancia de “mirar fuera de la caja” para crear una obra de arte que perdure en el tiempo.
En esa obra de arte encuadra la consultora la innovación, que debe surgir, en su opinión, “desde abajo” pero siempre impulsada por el líder, cuyo principal papel es actuar como un “activador”. “Un activador es el encargado de poner las cosas en movimiento utilizando para ello su energía y la de la empresa, sirviendo a todos lo que integran la estructura, mediante el ejemplo el ejemplo de la aplicación de su saber hacer”, explica Yates, que sentencia: “Tenemos que saber que sabemos para hacer algo que nos diferencie”.
La experta defiende el liderazgo de servicio, pues “sólo quien sirve a los demás puede activar”, insiste. En este sentido, la consultora comenta que el líder como activador “debe verse dentro de su esfera de actuación en la empresa como un director de orquesta”, en la que procura que todos los instrumentos estén “totalmente afinados”.
Es más, prosigue, “un activador, incluso si fracasa, es aquél que logra el éxito a partir del servicio a los demás, sabiendo aprender de cada situación transformándola, pero, sobre todo, dirigiendo su propia vida a sus más altos ideales como persona”. Por tanto, resume, el éxito del directivo parte de la calidad de la persona que vive detrás de ese directivo. Y “la calidad de tu vida sólo depende de ti”, confiesa Yate.
Sólo de ese autoconocimiento personal, el líder, según Yate, podrá extender por toda la organización la visión y misión de la compañía y, por ende, crear un equipo sólido basado en ese conocimiento.
Polaridad
“Sin embargo, hay pocos directivos que sepan cómo crear un equipo capaz de pasar a la acción utilizando todo el conocimiento, la sabiduría y el talento de todos sus miembros”, matiza Yates.
En esta línea, Yates vuelve sobre la visión como elemento unificador del equipo. “El equipo tiene que estar vinculado a la misión y a la visión y sentirse integradora de ella. Cada miembro del equipo tiene que ser consciente de que el trabajo se realiza está estrechamente vinculado al sueño más alto que tenga”, observa.
Por ello, la consultora anima al directivo a crear “equipos inspirados”, que nacen de una premisa que debe interiorizar el directivo: “Aprende a valorar a cada persona como te valoras a ti mismo”, lo cual supone aprender a valorar la polaridad de los miembros del equipo, a los que “hay que respetar” independientemente de su diversidad de opiniones.
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