El BCE es un “corredor de fondo” que no puede buscar atajos en la política monetaria de la UE.
El calentamiento global no sólo se da a nivel climático, sino que parece afectar a otros ámbitos, pues si los grados centígrados son al calor lo que los precios son a los mercados, estamos asistiendo a un preocupante calentamiento de las economías (al menos de las europeas). Y no parece ser esto, como quiere dar a entender nuestro presidente, un simple veranillo de San Miguel, sino que tiene pinta de alza permanente —o al menos estacionaria pero de largo aliento— de los termómetros que no suman en celsius ni fahrenheit, sino en euros. La causa de este calentamiento de precios no la tiene —obviamente— el efecto invernadero, sino algo tan conocido —y más viejo— llamado inflación. Ya no es que peligre el futuro de la humanidad —que sí lo hace— por culpa de los gases que expulsamos a la atmósfera, sino que peligran nuestras economías y más concretamente nuestros bolsillos por los euros que se expulsan a los mercados. Y es que los Al Gore del desastre inflacionario han tardado algo en darse cuenta del problema y enfrentar la situación.
Por poner nombre y apellido, uno de los que debería profetizar vientos y tempestades —o calmas chichas— en materia económica europea es el presidente del Banco Central Europeo, que es quien dirige la política monetaria de Europa. En la entrevista concedida al Financial Times a principios de esta semana, Jean Claude Trichet afirmaba que el principal objetivo del BCE en el próximo año iba a ser el control de la inflación de la zona euro tratando de evitar que el incremento de precios del petróleo y los alimentos se traslade al resto de los bienes y servicios. La verdad es que como propósito para el nuevo año 2008 no está mal, teniendo en cuenta que suena a arqueológico el famoso criterio de convergencia en materia de inflación fijado en un 2% en Maastricht con las tasas actuales por encima del 3% en la zona euro, por no hablar de valores en España en torno al 4%, pero como dice el refranero español: “El infierno está lleno de buenas intenciones y el cielo de buenas obras”.
Trichet ha tenido todo un año para tomar medidas y luchar contra la inflación. En cambio, sucumbió ante las primeras presiones por parte de los gobiernos nacionales y los mercados financieros, que exigían inyectar liquidez ante la supuesta crisis financiera y la falta de crecimiento económico de varios países de la zona euro. Lo que debería tener claro Trichet es que el BCE es un corredor de fondo que no puede buscar atajos ni convertirse en corredor de velocidad a la hora de dirigir la política monetaria de la Unión Europea. Me explico: precisamente la cesión de las competencias en materia de política monetaria por parte de los gobiernos de los países que conforman la zona euro a favor del BCE tiene como fin garantizar una única senda de crecimiento económico para toda Europa sin políticas erráticas y cambios de último momento ante los envites de los países. La decisión del BCE de no subir los tipos de interés e inyectar liquidez en el tercer trimestre del año, cuando su objetivo inicial a lo largo de los meses anteriores había sido controlar la inflación mediante la subida del precio del dinero y sin que los datos de inflación auguraran un cambio de escenario que justificase ese cambio de posición. Como resultado de todo ello hubo un crecimiento acumulado e insostenible de la inflación y ahora se buscan recetas de emergencia.
Pase que los gobiernos nacionales sigan pensando a día de hoy que funciona la Curva de Phillips (intercambiar desempleo por inflación), pero no creo que los encargados de dirigir la política monetaria de Europa no sepan que las políticas a corto plazo, que tratan de resolver los problemas de crecimiento económico a través de inyecciones artificiales manteniendo altas tasas de inflación, muchas veces acaban produciendo más inflación y más desempleo y, por ende, un menor crecimiento económico. Como estoy segura de que Trichet se sabe bien las lecciones elementales de política macroeconómica, espero que estas confesiones de final de año no sean sólo un decálogo de buenas intenciones y que su deseo de evitar que se produzca una segunda ronda de espirales inflacionistas se convierta en una realidad a lo largo de todo 2008, porque estoy convencida de que con los tiempos que corren van a plantársele desafíos más fuertes a los que debe resistirse si pretende resolver una de las lacras de la economía europea. Como he dicho, a planificar bien la carrera, que más vale llegar en buena posición a la meta que quemar las energías en los primeros cien metros. Mejor ser El Guerrouj que Asafa Powell.
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