El IPC se desacelera al 3,8%, pero sigue muy alto. Trichet no baja la guardia, pese a la difícil situación.
El presidente del Banco Central Europeo , Jean-Claude Trichet. REUTERS |
Carlos Álvaro
La inflación y la liquidez reducen el paso en Europa, pero continúan en un alto nivel que hace impensable que el BCE sopese por ahora una flexibilización monetaria. Aunque algunos consejeros empiezan ya a sacar a colación la cuestión ante la profundidad de la crisis de crecimiento en Europa.
De la mano del descenso del petróleo en los últimos tiempos, el IPC de la zona euro aflojó la presión en agosto, al bajar su crecimiento desde el máximo del 4% de julio al 3,8% anual. Una cifra que, pese a todo, se sitúa muy lejos de la meta del 2% que se ha marcado el BCE como criterio de estabilidad de precios. El dato avanzado de IPC sorprendió a los economistas, que esperaban una tasa del 3,9%. En agosto de 2007, el IPC se situaba aún en el 1,7%, pero ya en septiembre superó el límite del BCE.
Los expertos no se vieron sorprendidos el jueves, sin embargo, por la desaceleración del agregado M3 de la masa monetaria. La liquidez, testigo de futuras presiones inflacionistas, redujo el paso sólo del 9,5% al 9,3% anual en julio, cuando se aguardaba un mayor enfriamiento. Como en el caso del IPC, la marcha del M3 se sitúa muy lejos de la meta del BCE (4,5% anual), lo que hace difícil que la entidad, especialmente preocupada por el derrape de los precios en estos momentos, decida a corto un cambio de rumbo de la política monetaria, máxime en un momento en el que la Fed de EEUU se inclina por una nueva subida.
Pese a todo, el fuerte enfriamiento que padece Europa, y que ayer se constató de nuevo en una fuerte caída de la confianza y en el freno a la reducción del paro, comienza a sembrar dudas en algunos sectores del Consejo de Gobierno del BCE.
El PIB de la zona euro retrocedió en el segundo trimestre por primera vez desde la fundación del área (-0,2%) y las tres grandes economías cayeron (el 0,5% Alemania y el 0,3% Francia e Italia), mientras que en España el avance se redujo a un mínimo 0,1%.
Malos tiempos
Bruselas dio parte ayer de que la confianza en la economía de consumidores y empresarios cayó de nuevo en agosto, ubicándose en su menor nivel desde 2003. El descenso del índice de sentimiento económico fue de 0,7 puntos, a 88,8. Y el indicador de clima de negocios bajó de -0,20 a -0,33 puntos, algo que no puede sino inquietar. La desaceleración que sufre Europa se plasmó, además, en un freno al recorte del desempleo: el paro se mantuvo en el 7,3% en julio, anunció la Comisión.
Si las perspectivas de parálisis e incluso de recesión se agigantan, el BCE sufrirá una campaña de acoso de los Gobiernos del euro para que recorte el precio del dinero y ayude a reanimar la actividad.
De momento, los sectores más duros de la entidad esgrimen incluso la amenaza de otra subida. El vicepresidente, Lucas Papademos, advirtió esta semana de la posibilidad de aplicar una política monetaria más restrictiva en caso de que las presiones alcistas de precios y salarios acentúen la inflación. “De darse ese indeseable escenario, se deberían tomar medidas que pasasen por endurecer las políticas monetarias con el fin de estabilizar los precios de una forma más sostenida”, dijo. Y, con menos contundencia, el consejero Bini-Smaghi transitó ayer por parecidos caminos: “el IPC sigue siendo muy alto y hay que reconducirlo al tope fijado por el BCE”. El banco, que elevó los tipos al 4,25% en julio, se reúne el jueves. Nadie espera cambios.
Los emergentes India y China acusan también el golpe
La crisis económica actual pasa factura también a los países que se esperaba que capearan mejor el temporal, los grandes emergentes, en los que el Fondo Monetario Internacional (FMI) confía como motores mundiales en 2008 y 2009.
La India anunció ayer que en el segundo trimestre acusó el crecimiento más bajo en tres años, el 7,9% anual, y China avanzó días atrás que el PIB se expandió el 10,1% en abril-junio, acumulando ya cuatro trimestres seguidos de desaceleración de una economía que, no obstante, se mantiene aún fuerte. En cualquier caso, comienza a preocupar que las grandes economías en desarrollo bajen su régimen de avance (en la India ya se empieza a hablar del principio del fin del milagro económico) en un momento en el que no se excluye una recesión en Europa y Estados Unidos en el segundo semestre y en el que Japón se halla muy debilitado.
Pese a la progresión del 3,3% en el segundo trimestre, analistas y organismos internacionales no excluyen una contracción del PIB de Estados Unidos en la segunda mitad de año y temen que en Europa el bajón del segundo trimestre tenga continuidad en el tercero, sumiendo al Viejo Continente en la parálisis.
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