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sábado, 11 de octubre de 2008 Última actualización: 07:28:25



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30/12/2007 22:30   




Paradojas de la productividad

Crece más donde cae el empleo: agricultura e industria; y menos donde aumenta: construcción y servicios.

Papá Noel y los Reyes Magos tienen muy claro el no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy. No hacen suya la frase del vuelva usted mañana. Preferencias sentimentales aparte, la productividad del primero parece ser más elevada. Él sólo es capaz de hacer un trabajo similar, recorrer millones de hogares, y en el mismo tiempo, una noche. La tecnología ha permitido captar vía satélite que su trineo va a 5.000km/hora y está dotado de GPS. Se hace difícil imaginar a los camellos a tal velocidad, será esa la razón de por qué los reyes son tres o quizá cabe preguntarse si hay alguno más. Para evitar conclusiones inapropiadas, máxime si implica riesgo de no tener regalos, merece la pena reconocer que la medición de la productividad es imperfecta y que su uso debe ir precedido de una dosis básica de prudencia.

 La productividad relaciona la renta con la dotación de cada factor, trabajo y capital, utilizado para producir un bien o dar un servicio. El aumento de la producción se atribuye al logrado por esos factores, pero, en ocasiones, es mayor. Ese residuo se conoce como productividad total de los factores y responde a mejoras de eficiencia incorporadas a los bienes de equipo, de gestión empresarial y a más formación del personal. La medición de la productividad es imperfecta porque no recoge factores relevantes como la intensidad del trabajo realizado o la miríada de innovaciones que se realizan continuamente en los productos finales. Sin embargo, ayuda a entender la trayectoria de la economía y a anticipar algunos rasgos de su evolución.

 Los datos de producción y empleo en los sectores económicos entre 1970 y 2006 permiten obtener la productividad y su aumento. En términos reales —descontado el efecto de los precio—. Necesite lo que necesite la gente, se hace lo que dicen las encuestas y se deja de hacer lo que no dicen el mayor incremento en la producción por persona ocupada corresponde a la agricultura, que multiplica por siete el valor inicial, muy por encima del 2,2 de la media. La población ocupada agraria pasó de 3,7 millones de personas a 0,9 millones, en contraste con la de los servicios, que de 12,5 millones llegó a 18,5 millones, pero la productividad aquí sólo multiplicó por 1,6 el valor de 1970.

 Paradójicamente la productividad relativa crece más donde cae el empleo (agricultura e industria) y menos donde el empleo aumenta (construcción y servicios). Las ocupaciones ineficientes, poco retribuidas, se abandonan para buscar una mejor en otra actividad. Si persiste el diferencial de renta el flujo del sector primario a otros sectores sigue, a menos que falten oportunidades de empleo o la avanzada edad de parte de la población agraria desaconseje la mudanza. A su vez, el capital por persona ocupada en la agricultura crece cuando baja la población que ocupa, obviamente, la superficie disponible por persona crece y se abandonan los terrenos menos fértiles. Recuérdese que la renta en servicios aumenta y, aunque el diferencial con la agricultura persiste, es menor que el inicial.
 Esa paradoja se explica por dos factores. Primero, donde sube la productividad hay apertura a la competencia internacional, mejorar la eficiencia es condición necesaria para sobrevivir. Segundo, construcción y servicios están a cubierto de competencia externa y, en algún caso de la interna, por restricciones naturales, normas restrictivas, imposibilidad de mejora (el tiempo para interpretar una sinfonía es el mismo hoy que cuando se compuso), reglamentos que restringen la mejora en áreas de la administración pública, cambios en la percepción social de algunos servicios, etc.

 En los últimos años, la tasa de aumento anual de la productividad en España ha bajado disparando algunas alarmas. Se explica porque el ritmo de crecimiento del empleo superó al del PIB real. Los nuevos empleos son marginales, con eficiencia inferior a la media. Las tasas de aumento de productividad mayores se registraron en fases de recesión y pérdida de empleo. Es cuando se pierde el menos eficiente o se propicia al retiro de las personas de más antigüedad y si, en esas circunstancias, el porcentaje de descenso de plantilla supera al de caída de producción la productividad aumenta, aunque la empresa reduzca sus ventas y pierda cuota de mercado. La producción medida en unidad físicas sólo tiene sentido cuando la aportación del producto se basa en la mera cantidad. La innovación ha pasado a ser un vector básico de la productividad. Papá Noel parece que se ha puesto manos a la obra. A ver qué innovaciones traen los Reyes Magos. 





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