Nueve casos confirmados y sin foco claro ponen a prueba la vigilancia sanitaria en España

Alerta en España por nuevo brote de viruela del mono sin origen identificado

Alerta en España por nuevo brote de viruela del mono sin origen identificado

El nuevo brote de viruela del mono obliga de nuevo a España a mirar de frente a un virus que parecía controlado. En apenas seis semanas se han confirmado nueve casos en Galicia, con especial concentración en la provincia de A Coruña y presencia también en Pontevedra. Lo que inquieta a los epidemiólogos no es la cifra, aún baja, sino un dato mucho más inquietante: no existe un origen claramente identificado del brote. Mientras la población vuelve a escuchar términos como mpox, clado y rastreo de contactos, el sistema de salud pública se ve obligado a demostrar si ha aprendido algo de la pandemia y de los brotes de 2022.

Un brote pequeño que enciende todas las alarmas

Las autoridades gallegas han confirmado nueve infecciones de viruela del mono detectadas entre el 15 de diciembre y el 25 de enero, que se consideran parte de un mismo episodio por concentrarse en pocas semanas. Siete de los casos se han registrado en la provincia de A Coruña y el resto en Pontevedra. La cifra, comparada con otros brotes infecciosos, es reducida. Sin embargo, el contexto y la dinámica de la enfermedad obligan a extremar la prudencia.

La viruela del mono —rebautizada como mpox— dejó más de 9.000 casos confirmados en España desde 2022, cuando apareció vinculada sobre todo a redes de contacto sexual entre hombres que tienen sexo con hombres. Aunque la letalidad en países de renta alta es baja, la enfermedad puede ser grave en personas inmunodeprimidas y causar complicaciones que exigen hospitalización. En Galicia, todos los afectados permanecen en seguimiento clínico y aislamiento domiciliario, según fuentes sanitarias, con evolución favorable pero bajo vigilancia estricta. El tamaño del brote no justifica alarmismo, pero sí una respuesta rápida, coordinada y sostenida que evite que estas nueve infecciones sean solo el inicio de una curva ascendente.

Casos sin nexo y un origen que se escapa

Lo más inquietante del episodio gallego no es el número de infectados, sino la falta de un nexo epidemiológico sólido que permita señalar un foco claro. Dos de los casos se han relacionado con una sauna de A Coruña, mientras que otros afectados refieren actividades o contactos en establecimientos de fuera de Galicia. Esa mezcla de vínculos parciales y desplazamientos complica el mapa del brote y dificulta reconstruir la cadena de transmisión.

En términos de salud pública, un brote sin origen definido funciona como un test de estrés para el sistema de rastreo. Cuando no hay un “paciente cero” claro, los equipos de vigilancia deben trabajar casi a ciegas, tirando de entrevistas, agendas y movimientos de los infectados. Cada laguna en esa reconstrucción permite que algún contacto no identificado siga haciendo vida normal. Es precisamente en esos huecos donde el virus puede encontrar espacio para seguir circulando, advierten los especialistas en vigilancia. La consecuencia es clara: cuanto más tiempo tarde en cerrarse el círculo de contactos, mayor es el riesgo de que aparezcan nuevos casos secundarios en las próximas semanas.

Síntomas clave y cómo se transmite la viruela del mono

El cuadro clínico que describen los afectados en Galicia encaja con el patrón clásico de la viruela del mono: fiebre alta, malestar intenso, dolor muscular, inflamación de ganglios y, en pocos días, la aparición de erupciones cutáneas que pueden extenderse por cara, tronco y zona genital. Estas lesiones evolucionan desde pápulas y vesículas hasta costras, y resultan altamente contagiosas mientras están activas.

La transmisión se produce sobre todo por contacto físico estrecho y prolongado: relaciones sexuales, contacto piel con piel con las lesiones, fluidos corporales o fómites contaminados (ropa de cama, toallas, utensilios). En menor medida, puede darse por gotículas respiratorias en situaciones de proximidad prolongada. La experiencia de 2022 demostró que el virus se mueve con mayor facilidad en entornos de alta interacción social, eventos cerrados y espacios de ocio nocturno. Este hecho revela por qué la identificación temprana y la información a los grupos más expuestos es tan relevante como el tratamiento clínico: si la persona con síntomas reconoce antes las señales y se aísla, la cadena de transmisión se corta en el primer eslabón y no en el tercero.

Las recomendaciones inmediatas de las autoridades sanitarias

Los mensajes de los expertos son claros y, al mismo tiempo, muy concretos. Ante fiebre inexplicada, lesiones en la piel —especialmente en la zona genital— o contacto reciente con un caso sospechoso, la instrucción es acudir de forma inmediata a un servicio sanitario y evitar el contacto estrecho con otras personas hasta recibir indicaciones. No se trata solo de protegerse uno mismo, sino de evitar que el virus tenga oportunidades extra de saltar a nuevas personas.

Las autoridades recomiendan suspender relaciones sexuales hasta descartar la infección, usar preservativo en los contactos posteriores y respetar estrictamente los periodos de aislamiento que marque el médico. La vacunación frente a mpox, dirigida sobre todo a colectivos con mayor riesgo, se plantea como una herramienta adicional en Galicia, siguiendo la senda de otras comunidades que ya activaron campañas preventivas tras brotes previos. La ventana de oportunidad es corta: las primeras 72 horas desde la exposición son críticas para que la profilaxis resulte más efectiva, recuerdan los especialistas en enfermedades infecciosas. De ahí que la rapidez en consultar y notificar se convierta en el factor que puede marcar la diferencia entre un brote contenido y una transmisión sostenida.

Un sistema de vigilancia que llega justo

El brote gallego irrumpe cuando la vigilancia epidemiológica sigue ajustándose a un escenario en el que conviven covid persistente, gripe, virus respiratorio sincitial y enfermedades emergentes. España ha notificado más de 1.100 casos de mpox desde 2024, dentro de un total superior a 9.000 desde el inicio del gran brote de 2022. El diagnóstico es inequívoco: el virus nunca llegó a desaparecer por completo, solo se replegó a niveles bajos de circulación.

La presión sobre los servicios de salud pública es doble. Por un lado, deben mantener la vigilancia de un virus declarado emergencia de salud pública internacional por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2024, en paralelo al seguimiento de otras amenazas. Por otro, soportan un cansancio estructural tras años de pandemia que se traduce en plantillas muy ajustadas y rotaciones constantes. Cada nuevo brote obliga a redistribuir recursos, reactivar protocolos y reforzar laboratorios de referencia. El contraste con otros países europeos que han consolidado unidades estables de vigilancia de virus emergentes resulta demoledor: mientras algunos socios comunitarios han blindado estructuras permanentes, en España buena parte de la respuesta depende todavía de refuerzos temporales y parches organizativos.

El espejo de otros brotes recientes de mpox

Lo que ocurre hoy en Galicia no es un fenómeno aislado. Desde comienzos de 2025 se han registrado más de 44.000 casos de mpox y cerca de 200 muertes en 29 países, con especial incidencia en África, donde varios Estados mantienen transmisión activa. En paralelo, la variante clado 1b, considerada más agresiva, ha dado el salto a países sin antecedentes recientes de la enfermedad. España detectó hace unos meses su primer caso autóctono de esta variante en la Comunidad de Madrid, con una tasa de mortalidad estimada en torno al 3,6% en los países de origen.

Aunque no hay indicios de que el brote gallego esté vinculado a este clado más grave, el contexto global añade una capa de preocupación adicional. La experiencia internacional muestra que los retrasos en rastreo y aislamiento se pagan caros: los países que tardaron semanas en reaccionar vieron cómo los casos se multiplicaban por diez en pocos meses. El contraste con territorios que activaron de inmediato campañas de vacunación selectiva, cribados en consultas de infecciosas y comunicación específica a colectivos clave es evidente. Para Galicia y para el Ministerio de Sanidad, el espejo externo funciona como aviso temprano de lo que puede ocurrir si se subestima un brote que hoy parece controlable.