Choque mortal en Adamuz: 21 muertos tras descarrilar dos trenes AVE, el comunicado de Iryo
Un grave accidente ferroviario ha sacudido este domingo la red de alta velocidad española. Al menos 21 personas han fallecido —entre ellas uno de los maquinistas— y más de un centenar han resultado heridas, 25 de ellas en estado grave, tras el descarrilamiento de un tren de Iryo y un AVE de Renfe en el término municipal de Adamuz (Córdoba). El siniestro ha obligado a suspender por completo la circulación de alta velocidad entre Madrid y Andalucía, dejando a miles de viajeros atrapados o desviados por líneas convencionales. En los vagones del Iryo viajaban unas 300 personas cuando el convoy se salió de la vía e invadió la contigua, por la que circulaba el tren de Renfe. Mientras los equipos de emergencia trabajan contrarreloj para evacuar a los afectados, las causas del accidente siguen siendo una incógnita y abren un interrogante incómodo sobre la seguridad del corredor estrella de la alta velocidad española.
Un choque en plena hora punta de regreso
El siniestro se ha producido en una franja especialmente sensible: la tarde del domingo, en pleno regreso de fin de semana desde la costa y las capitales andaluzas hacia Madrid. El servicio de Iryo afectado, el LD AV 6189, había partido de Málaga-María Zambrano a las 18:40 horas con destino Madrid-Puerta de Atocha. Tras realizar parada en Córdoba, el tren afrontaba los desvíos de entrada a la vía 1 de la estación de Adamuz, uno de los puntos críticos del trazado.
A las 19:39 horas, según el comunicado de la propia compañía, el convoy descarriló por razones aún desconocidas e invadió la vía contigua. Por esa vía circulaba el servicio de Renfe LD AV 2384 Puerta de Atocha–Huelva, que también ha terminado descarrilando tras el impacto. Testigos presenciales hablan de un “golpe seco”, de vagones ladeados y de un coche volcado por completo, con humo en el interior y dificultades para salir por las puertas principales.
La coincidencia de dos trenes de alta velocidad en un tramo de desvíos vuelve a situar bajo los focos la gestión del tráfico y la redundancia de los sistemas de seguridad en la red española. En cuestión de segundos, una incidencia que debería haber quedado acotada a un descarrilamiento controlado se ha convertido en el peor escenario posible.
Cronología de una tragedia en cuestión de minutos
Los primeros datos dibujan una secuencia tan rápida como inquietante. Menos de una hora después de salir de Málaga y apenas diez minutos tras abandonar Córdoba, el Iryo 6189 se aproximaba a Adamuz en régimen de entrada a desvío. En ese punto, el tren, compuesto por varios coches de pasajeros, se habría salido de la vía principal por causas que se investigan, afectando especialmente a los coches 6, 7 y 8, según reconoce la operadora.
En el momento del accidente, viajaban aproximadamente 300 personas a bordo del Iryo. El AVE que circulaba por la vía contigua, con destino Huelva, ha sufrido a su vez un descarrilamiento parcial al impactar contra el convoy invadido. “Ha habido un golpe muy fuerte, el vagón se ha ladeado y hemos visto chispas y humo por las ventanas”, relatan varios pasajeros en mensajes difundidos en redes sociales.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) deberá aclarar si el origen está en un fallo de infraestructura de Adif, un problema de material rodante, un error de señalización o de comunicación, o en una combinación de varios factores. Lo único seguro a esta hora es que el sistema no logró impedir que dos trenes de alta velocidad coincidieran en una situación de riesgo extremo en una zona donde la velocidad debería estar estrictamente controlada.
Un comunicado de Iryo desbordado por la magnitud real
Pocas horas después del siniestro, Iryo difundía un primer comunicado oficial. «Esta tarde se ha producido un descarrilamiento en el servicio 6189, que realizaba el trayecto Málaga–Madrid. El servicio había partido de Málaga a las 18:40 horas y, en el momento del suceso, viajaban aproximadamente 300 personas», explicaba la operadora, que aseguraba haber activado «todos los protocolos de emergencia» y estar colaborando con Adif, Renfe y las autoridades.
En esa primera versión, la compañía señalaba que la Guardia Civil había confirmado dos personas fallecidas y acotaba el descarrilamiento a los coches 6 al 8. «Iryo lamenta profundamente lo ocurrido y está colaborando estrechamente con las autoridades competentes para la gestión de la situación y para esclarecer las causas», añadía la nota.
Sin embargo, a medida que avanzaba la noche, el balance se ha ido agravando. Fuentes de emergencias citadas por Efe elevan ya el número de víctimas mortales a 21 fallecidos y hablan de más de un centenar de heridos, 25 de ellos en estado grave. El contraste entre las cifras iniciales y el alcance real del siniestro ilustra hasta qué punto la magnitud de la tragedia ha desbordado los primeros cálculos de la operadora.
Un operativo de emergencia sin precedentes recientes
La magnitud del accidente ha activado un dispositivo de emergencia de enorme envergadura. Según InfoAdif, el servicio de información de la red ferroviaria, el descarrilamiento obligó a movilizar de inmediato a Guardia Civil, bomberos de varios parques de la provincia y equipos de protección civil hacia la trinchera donde han quedado ambos trenes.
El servicio de emergencias 061 ha desplegado cinco UVIs móviles, un vehículo de apoyo logístico y cuatro unidades del Dispositivo de Cuidados Críticos de Urgencia (DCCU), un operativo similar al empleado en otros grandes siniestros recientes. El objetivo ha sido estabilizar a los heridos más graves en el propio lugar del accidente antes de su traslado a los hospitales de Córdoba y de provincias limítrofes.
En paralelo, se ha instalado un puesto de mando avanzado y una carpa de triaje para clasificar a los afectados. Los trabajos se complican por la ubicación del siniestro —en un tramo de difícil acceso, con terraplén y varios coches inestables— y por la necesidad de cortar la tensión eléctrica de la catenaria sin retrasar más las labores de rescate. La intervención, según admiten fuentes de emergencias, se prolongará previsiblemente durante toda la noche, con relevos continuos de personal sanitario y de rescate.
Reacción política inmediata y gestión de la crisis
La respuesta institucional ha sido fulminante. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha informado de que se encuentra en el Centro de Gestión de Red H24 de Adif, siguiendo minuto a minuto la evolución del siniestro y coordinando con las empresas implicadas. En su cuenta de X ha calificado el suceso de «grave accidente ferroviario en Adamuz» y ha prometido información actualizada conforme se vayan confirmando datos.
Desde Andalucía, el presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha expresado su «profunda preocupación» y ha anunciado el envío de servicios de emergencia y apoyo logístico a la zona «para ayudar en todo lo que sea necesario». El consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias, Antonio Sanz, ha activado el Plan Territorial de Emergencias de Protección Civil en Andalucía en fase 1, lo que refuerza la coordinación entre administraciones y recursos.
La onda política ha llegado también a Madrid. La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, ha puesto a los hospitales y equipos del SUMMA 112 a disposición de la Junta y ha ordenado desplegar equipos de apoyo en la estación de Atocha para atender a familiares y pasajeros. Desde la dirección nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo ha trasladado su solidaridad con las autoridades andaluzas y ha subrayado que «lo importante ahora es el trabajo de los servicios de emergencia para minimizar las consecuencias». La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, ha agradecido a los profesionales su labor sobre el terreno y ha expresado su ánimo a los pasajeros afectados.
Un corredor de alta velocidad bajo máxima presión
El lugar del accidente no es un punto cualquiera del mapa. El tramo de Adamuz forma parte de la principal arteria ferroviaria que conecta Madrid con Andalucía, por la que circulan cada día decenas de trenes de alta velocidad y larga distancia de Renfe y de los nuevos operadores privados. La liberalización del mercado del AVE ha introducido más servicios, más frecuencias y una mayor densidad de tráfico en determinados tramos, especialmente los de acceso a grandes estaciones.
Los expertos llevan tiempo advirtiendo de que esta nueva realidad exige un esfuerzo constante de revisión de protocolos de seguridad, señalización y coordinación entre operadores y el gestor de infraestructuras. El siniestro de Adamuz irrumpe precisamente cuando el sector presumía de más de tres décadas sin accidentes mortales en la alta velocidad en sentido estricto, un argumento clave en la imagen de fiabilidad que España vende en el exterior.
La consecuencia es un golpe reputacional serio tanto para Iryo y Renfe como para Adif. Aunque todavía no se conocen las causas, el simple hecho de que dos trenes de alta velocidad hayan descarrilado en un punto de cruce obliga a revisar con lupa sistemas de protección, enclavamientos y procedimientos de circulación. El contraste con el relato de “seguridad absoluta” con el que se comercializa la alta velocidad española resulta, a partir de hoy, mucho más incómodo.
Miles de viajeros atrapados y efecto dominó en la red
En términos operativos, el descarrilamiento ha supuesto el corte total de la circulación de alta velocidad entre Madrid y Andalucía. Adif ha confirmado que la incidencia en Adamuz impide el paso de trenes en ambos sentidos, lo que ha obligado a cancelar, desviar o fragmentar todos los servicios que conectan la capital con Sevilla, Málaga, Granada, Cádiz y Huelva.
Decenas de trenes han quedado detenidos en estaciones intermedias y las compañías trabajan a contrarreloj para ofrecer rutas alternativas por vía convencional, autobuses de refuerzo y cambios de billetes sin coste. En un domingo de fuerte movimiento, el número de pasajeros afectados puede superar con facilidad los 10.000 viajeros a lo largo del día.
Para muchos de ellos, el impacto va más allá de la incomodidad. Viajes de trabajo, conexiones internacionales y reservas turísticas se han visto truncados de golpe. Las patronales del sector temen que una interrupción prolongada de este corredor se traduzca en pérdidas millonarias para hoteles, aerolíneas, empresas de alquiler de coches y servicios asociados, en un momento en el que la economía andaluza y madrileña dependen cada vez más de una movilidad rápida y previsible.
Las incógnitas de la investigación y el precedente de Angrois
Las autoridades han anunciado la apertura inmediata de una investigación técnica exhaustiva. La CIAF, Adif y las empresas operadoras deberán analizar los registros de los trenes, las comunicaciones entre maquinistas y centros de control, las curvas de velocidad y el estado de la infraestructura en el momento del siniestro. También se analizará si existían avisos previos de incidencias en el tramo de desvíos de Adamuz y cómo se gestionaron.
El precedente del accidente de Santiago de Compostela en 2013, con 80 fallecidos, planea sobre cualquier investigación ferroviaria en España. Entonces, la combinación de exceso de velocidad y deficiencias en los sistemas de control derivó en un larguísimo proceso judicial y en una revisión profunda de los protocolos de seguridad. En Adamuz, aún no hay indicios concluyentes, pero el escrutinio será igual de intenso.
La gran pregunta es si se trata de un fallo puntual o del síntoma de una fragilidad estructural en un tramo especialmente delicado de la red. De la respuesta dependerán no sólo posibles responsabilidades penales o administrativas, sino también decisiones de inversión en nuevos sistemas de señalización, mejoras en la gestión del tráfico en zonas de desvíos y, en última instancia, la confianza de los usuarios en un modelo de alta velocidad que hoy se enfrenta a su prueba más dura en años.