Los cigarrillos ilícitos superan el 11% del mercado europeo

Bruselas
Europa consumió 55.300 millones de cigarrillos ilegales en 2025, mientras la pérdida fiscal escaló hasta los 22.400 millones de euros.

El mercado europeo del tabaco se contrae, pero el negocio clandestino avanza. En 2025 se consumieron 55.300 millones de cigarrillos ilícitos, un 5,9% más que el año anterior.
Ya representan el 11,1% del mercado, su mayor peso en más de una década. La falsificación, cada vez más industrializada y próxima al consumidor, explica buena parte del deterioro.

Un mercado que cae, un fraude que crece

El aumento del comercio ilegal resulta especialmente significativo porque se produce en un mercado menguante. El consumo total de cigarrillos descendió un 4,1%, hasta los 500.500 millones de unidades, mientras que el consumo doméstico legal cayó un 5,5%, hasta los 413.000 millones.

La consecuencia es clara: el producto ilícito gana cuota aunque el número total de cigarrillos fumados disminuya. Los volúmenes no domésticos avanzaron un 3,1%, pero todo el crecimiento procedió del circuito ilegal. Las compras legales realizadas en otros países, por el contrario, retrocedieron.

Este hecho revela una fractura cada vez mayor entre las políticas destinadas a reducir el tabaquismo y la capacidad de las autoridades para impedir que una parte del consumo migre hacia canales clandestinos.

Los cigarrillos ilícitos superan el 11% del mercado europeo

La falsificación toma el mando

Los cigarrillos falsificados se han convertido en el principal motor del mercado ilícito europeo. Su consumo aumentó un 13% durante 2025, hasta alcanzar los 24.700 millones de unidades. Representan ya el 44,7% de todos los cigarrillos ilegales y cerca del 5% del mercado total.

El cambio respecto a 2021 es profundo. Entonces, las falsificaciones suponían aproximadamente el 35,5% del comercio ilícito. Cuatro años después han desplazado al contrabando tradicional y a los denominados illicit whites, productos fabricados legalmente en un país pero desviados de forma irregular hacia otros mercados.

Lo más grave es que la falsificación ya no depende únicamente de grandes cargamentos procedentes de geografías lejanas. Parte de la producción se estaría realizando dentro de Europa, reduciendo distancias, costes logísticos y posibilidades de detección.

Francia concentra el problema

Francia continúa siendo el gran epicentro europeo. Allí se consumieron 20.500 millones de cigarrillos ilícitos, equivalentes a cerca del 41% del mercado nacional. Solo las falsificaciones alcanzaron los 9.700 millones de unidades y rozaron el 20% de todo el consumo francés.

El contraste con otras grandes economías resulta demoledor. Irlanda registra una cuota ilegal del 35% y Reino Unido del 32%, mientras Bélgica alcanza el 25% y Países Bajos supera el 22%. En Italia, en cambio, la incidencia se limita aproximadamente al 2%; en Alemania ronda el 3%.

Las diferencias fiscales influyen, pero no bastan para explicar semejante brecha. La presión policial, la trazabilidad, las sanciones judiciales y la capacidad para desmantelar fábricas clandestinas son igualmente determinantes.

España resiste, pero empeora

España permanece entre los países con menor penetración relativa, aunque la evolución comienza a mostrar señales preocupantes. El informe estima un consumo ilícito de 1.420 millones de cigarrillos, equivalente al 3,6% del mercado nacional, frente al 3,3% registrado en 2024.

La cifra debe interpretarse con cautela porque KPMG incorporó nueva información sobre el origen de determinados paquetes procedentes de Gibraltar, lo que impide realizar una comparación homogénea con algunos ejercicios anteriores.

Pese a ello, la transformación interna resulta evidente. Los cigarrillos falsificados alcanzaron los 870 millones de unidades y ya representan más del 61% del consumo ilegal español. En 2021 apenas suponían alrededor del 21%. La pérdida estimada para las arcas públicas asciende a 284 millones de euros.

Fábricas más cerca del consumidor

Las organizaciones criminales están modificando su estructura. Frente al modelo basado en una única fábrica y grandes rutas de transporte, proliferan redes fragmentadas que separan la adquisición de materias primas, la fabricación, el empaquetado, el almacenamiento y la distribución.

Esta descentralización reduce la trazabilidad. También permite sustituir grandes cargamentos por envíos pequeños y frecuentes mediante paquetería, transporte aéreo, vehículos particulares o plataformas digitales. Algunos grupos emplean incluso redes sociales y aplicaciones de mensajería para vender directamente al consumidor.

Las falsificaciones incorporan además precintos fiscales imitados, códigos QR funcionales y embalajes difíciles de distinguir del producto auténtico. La intervención en el punto de venta llega demasiado tarde cuando toda la cadena industrial ya opera dentro del territorio europeo.

Una factura fiscal de 22.400 millones

El impacto presupuestario alcanzó los 22.400 millones de euros, un 15,2% más que en 2024. De esa cantidad, aproximadamente 16.700 millones corresponden a países de la Unión Europea. Son ingresos que las administraciones dejaron de recaudar por impuestos especiales e IVA.

El estudio, encargado a KPMG por Philip Morris Products, combina ventas legales, estadísticas de viajes, precios, prevalencia del tabaquismo y análisis de paquetes desechados. La consultora advierte de las limitaciones de estas fuentes y de que solo determinadas tabaqueras realizan exámenes forenses para identificar falsificaciones, por lo que el volumen real podría ser superior. Mientras el mercado legal retrocede, las redes clandestinas ganan escala, sofisticación y proximidad al consumidor.