Un tiroteo en un instituto de Columbia Británica y una vivienda cercana deja diez fallecidos y 27 heridos

Diez muertos en la matanza de Tumbler Ridge, tercera peor en Canadá

Diez muertos en la matanza de Tumbler Ridge, tercera peor en Canadá

La pequeña localidad de Tumbler Ridge, en el noreste de Columbia Británica, se ha despertado convertida en sinónimo de tragedia nacional. Un ataque armado en el instituto local y en una vivienda próxima ha dejado al menos diez muertos —incluida la presunta autora— y 27 heridos, según el último balance de la policía federal canadiense. El tiroteo, que comenzó en torno a la una y veinte de la tarde del martes, se ha convertido ya en la tercera mayor matanza de la historia reciente de Canadá y en el peor ataque contra un centro educativo desde la masacre de École Polytechnique en 1989. La comunidad, de apenas 2.400 habitantes, ha visto cómo sus modestos servicios sanitarios quedaban desbordados para atender a más de dos decenas de víctimas con heridas de bala. Mientras los investigadores tratan de reconstruir minuto a minuto lo ocurrido, el Gobierno federal y las autoridades provinciales prometen endurecer controles y reforzar la seguridad en los centros escolares.

Un ataque coordinado en escuela y vivienda

El epicentro del ataque fue el instituto Tumbler Ridge Secondary School, el único centro de secundaria del municipio, con unos 165-175 alumnos entre los grados 7 y 12.
A las 13.20, hora local, el servicio de emergencias recibió las primeras llamadas alertando de un “tirador activo” en el edificio. Minutos después, la Royal Canadian Mounted Police (RCMP) ordenaba el confinamiento de los centros educativos de la zona y activaba una alerta pública en la que pedía a los vecinos que permanecieran en sus casas.

Cuando las patrullas accedieron al instituto encontraron seis cuerpos sin vida dentro del edificio y a la que se considera autora del tiroteo, fallecida por una herida de arma de fuego que los agentes califican de “aparente suicidio”.
Una séptima víctima murió durante el traslado al hospital. Horas después, los investigadores localizaron dos cadáveres más en una vivienda de la localidad, en un incidente que la policía vincula directamente con el ataque inicial.

En total, los servicios médicos han atendido a 27 personas heridas, de las que al menos dos se encuentran en estado crítico. Más de 25 tuvieron que ser atendidas y clasificadas en el centro médico local antes de ser derivadas a hospitales de mayor capacidad.
“Se trata de un escenario complejo, con múltiples escenas de crimen y un número de víctimas extraordinariamente alto para una comunidad de este tamaño”, ha explicado la RCMP en un comunicado.

Una localidad remota desbordada por la tragedia

Tumbler Ridge es una localidad minera fundada en los años ochenta, situada a más de 1.000 kilómetros al norte de Vancouver, en una región de bosques, nieve y carreteras de largo recorrido.
Su infraestructura sanitaria está pensada para la atención cotidiana de una población dispersa, no para un evento con decenas de heridos por arma de fuego en cuestión de minutos.

La consecuencia fue inmediata: ambulancias llegadas desde otros municipios, helicópteros sanitarios procedentes de la vecina provincia de Alberta y un hospital comarcal que tuvo que reconvertir salas enteras en áreas de triaje para clasificar a las víctimas según la gravedad de sus heridas.

El impacto psicológico es aún más difícil de medir. Prácticamente cada familia del pueblo tiene a alguien vinculado al instituto, bien como alumno, docente o personal de apoyo. Las autoridades educativas ya han anunciado que todos los centros permanecerán cerrados al menos hasta final de semana, mientras se despliegan equipos de apoyo psicológico para alumnos y profesores.

Lo más grave, según los expertos consultados por medios canadienses, es que las redes de protección social y sanitaria en comunidades pequeñas suelen ser más débiles, con menos especialistas en salud mental y menos recursos para un acompañamiento prolongado. El riesgo de que el trauma se cronifique es, por tanto, elevado.

La respuesta policial y la carrera contrarreloj de los servicios de emergencia

En el plano operativo, la pregunta clave es si la respuesta fue suficientemente rápida. La RCMP recibió las primeras llamadas a primera hora de la tarde y emitió la alerta de tirador activo alrededor de las 14.15. El aviso de que la situación estaba “bajo control” no llegó hasta casi las 17.45, más de tres horas después.

En ese intervalo, los agentes tuvieron que irrumpir en el centro educativo, neutralizar la amenaza, evacuar a centenares de alumnos y personal y coordinarse con servicios médicos que llegaban desde varias decenas de kilómetros. “La prioridad absoluta era localizar al tirador y sacar a los chicos del edificio con vida”, justifican fuentes policiales.

El episodio pone a prueba los protocolos de actuación en zonas rurales, donde la presencia de patrullas es menos intensa que en las grandes áreas urbanas. Según estimaciones de sindicatos policiales, en algunos municipios de Columbia Británica solo hay dos agentes de servicio por turno para cubrir un territorio equivalente al de una comarca española. Ese dato, unido a la orografía y al estado invernal de las carreteras, explica parte de los tiempos de reacción.

La consecuencia es clara: Canadá tendrá que revisar la dotación de recursos de su policía en áreas remotas si quiere que los protocolos de “respuesta rápida” sean algo más que un papel. La matanza de Tumbler Ridge revela hasta qué punto la geografía puede jugar en contra de la seguridad.

Un país con menos tiroteos, pero cada vez más inquieto

Desde fuera, Canadá se percibe como un país con leyes de armas mucho más estrictas que las de su vecino del sur. Y lo es: la tasa de homicidios por arma de fuego es aproximadamente cinco veces inferior a la de Estados Unidos, según datos oficiales. Sin embargo, la sucesión de episodios violentos de alta repercusión —desde los ataques de Nova Scotia en 2020 hasta la matanza de este martes— ha calado en la opinión pública.

El ataque de Tumbler Ridge es ya la tercera peor matanza registrada en el país, solo por detrás de los 22 muertos de Nova Scotia en 2020 y de los 14 asesinatos de École Polytechnique en 1989.
Que se produzca en un centro escolar —símbolo de seguridad y cohesión social en el imaginario canadiense— multiplica su impacto político.

El primer ministro Mark Carney ha calificado el ataque de “horror inimaginable” y ha anunciado la suspensión de un viaje oficial para seguir la evolución de la investigación.
En paralelo, el Gobierno federal insiste en que seguirá adelante con las restricciones a las armas de mano y con la prohibición de determinados rifles semiautomáticos, medidas que han generado fuerte resistencia en algunas provincias y entre sectores vinculados a la caza y la vida rural.

Comparaciones inevitables: de Nova Scotia a École Polytechnique

Cada nuevo ataque de este tipo reabre viejas heridas. La prensa canadiense ya dibuja paralelismos entre Tumbler Ridge y las grandes tragedias del país: los ataques de Nova Scotia en 2020, un recorrido de 13 horas por varias localidades que dejó 22 muertos, y la masacre de École Polytechnique de Montreal, en 1989, cuando un hombre asesinó a 14 mujeres en una escuela de ingeniería.

Aunque el perfil y el contexto de aquellos ataques difieren, el denominador común es la utilización de armas de fuego de alto poder en espacios civiles aparentemente seguros. En los tres casos, además, la respuesta institucional ha sido prometer reformas legales que a menudo se han quedado a medias por la presión de intereses económicos y regionales.

En este sentido, la matanza de Tumbler Ridge llega en un momento delicado, con un Gobierno ya enfrentado a varias causas judiciales y políticas en torno a la aplicación de los vetos a determinadas armas. Si se confirma que el arma utilizada estaba registrada legalmente, la presión para cerrar resquicios legales será enorme; si era ilegal, la oposición exigirá un refuerzo de los controles fronterizos y de las operaciones contra el mercado negro.

El contraste con otras democracias avanzadas resulta demoledor: mientras países europeos han reducido de forma sostenida los homicidios por arma de fuego en la última década, Canadá ve cómo cada pocos años una nueva masacre pone a prueba su modelo regulatorio.

Las incógnitas sobre el arma y el perfil de la autora

Por el momento, la RCMP ha evitado hacer público el nombre y la edad de la presunta autora del tiroteo, una mujer sobre la que se sigue trabajando para reconstruir su historial personal, su acceso a armas y posibles antecedentes de problemas de salud mental o violencia previa.

Los investigadores analizan si existía alguna relación directa entre la atacante y las víctimas encontradas en la vivienda vinculada al caso, lo que apuntaría a un componente doméstico que habría escalado después al espacio escolar. También se estudia si había recibido formación de tiro o pertenecía a algún club local de armas, habituales en zonas rurales de Columbia Británica.

En términos estadísticos, las mujeres siguen siendo responsables de una fracción mínima de los tiroteos masivos en todo el mundo, por lo que el hecho de que la atacante sea una mujer añade un elemento adicional de desconcierto a la investigación. Este dato obligará a revisar algunos de los perfiles de riesgo utilizados hasta ahora en programas de prevención, tradicionalmente centrados en hombres jóvenes.

La gran incógnita sigue siendo el motivo. “No vamos a especular sobre las razones hasta tener una imagen completa de lo ocurrido”, insisten los portavoces policiales. Sin un relato claro, la sociedad buscará respuestas en otros lugares: la disponibilidad de armas, la soledad en las comunidades remotas o la insuficiencia de los servicios de salud mental.

El impacto psicológico en alumnos, familias y profesores

Más allá de las cifras, el ataque deja una huella profunda en un centro educativo de tamaño reducido, donde casi todos se conocen por su nombre. School District 59 Peace River South ha anunciado que enviará equipos de apoyo psicológico especializados en trauma infantil y que ofrecerá sesiones específicas para docentes y personal de apoyo, que también han quedado muy afectados.

Los estudios sobre grandes tiroteos escolares en otros países muestran que entre un 20% y un 30% de los alumnos expuestos desarrollan síntomas de estrés postraumático si no reciben atención continuada durante meses. En entornos pequeños, además, la estigmatización y el miedo al regreso al aula pueden prolongarse durante años, con efectos directos sobre el rendimiento académico y las tasas de abandono escolar.

El distrito escolar ha adelantado que las clases presenciales no se reanudarán de inmediato y que, cuando lo hagan, lo harán de forma gradual, combinando enseñanza online con grupos reducidos. “Nuestro objetivo no es volver a la normalidad, porque la normalidad ha cambiado para siempre; es construir una nueva rutina segura”, ha subrayado la dirección del centro en un comunicado.

La consecuencia económica tampoco es menor. Un cierre prolongado del instituto obligaría a muchos padres a reorganizar horarios laborales o incluso a abandonar empleos, en una comunidad donde la dependencia de la minería y de unos pocos grandes empleadores ya generaba una elevada vulnerabilidad.