Dos muertos al chocar dos helicópteros contra incendios en Grecia

Incendios
Las aeronaves colisionaron mientras combatían el gran incendio de Psatha, al oeste de Atenas, en una operación con cerca de 500 bomberos y más de 20 medios aéreos.

Dos tripulantes han muerto y otros dos han sobrevivido tras la colisión en vuelo de dos helicópteros que combatían un incendio forestal en Psatha, en la región griega de Ática.
El accidente se produjo este domingo a unos 60 kilómetros al oeste de Atenas, mientras las aeronaves operaban a baja altura sobre uno de los frentes más peligrosos del fuego.
Los aparatos, dos helicópteros Bell alquilados por el Cuerpo de Bomberos, transportaban a cuatro personas.
José Vizner alertó inicialmente del siniestro cuando los equipos de rescate todavía trabajaban sobre el terreno y las primeras informaciones hablaban de un fallecido.
Las autoridades griegas confirmaron posteriormente que el balance había ascendido a dos muertos.

Una colisión en plena descarga

Las imágenes difundidas por medios locales muestran a los dos helicópteros aproximándose peligrosamente mientras participaban en una maniobra de extinción. Uno de ellos terminó golpeando al otro y se precipitó envuelto en llamas, mientras la segunda aeronave consiguió alejarse después de liberar su carga de agua.

En el helicóptero que cayó viajaban un piloto danés y un coordinador griego, ambos fallecidos. Los ocupantes del segundo aparato —un ciudadano británico y otro griego— fueron rescatados con vida y trasladados a un hospital militar de Atenas.

La causa del accidente permanece bajo investigación. Las autoridades no han determinado todavía si hubo un fallo de coordinación, un problema de comunicación o una pérdida de visibilidad provocada por el humo.

Cuatro tripulantes en una operación extrema

Los helicópteros habían despegado del aeropuerto militar de Elefsina y trabajaban desde primera hora en el incendio de Psatha. Cada aeronave llevaba a bordo un piloto extranjero y un oficial griego encargado de coordinar las comunicaciones con el centro de operaciones.

La utilización de tripulaciones internacionales es habitual durante los veranos más críticos, cuando Grecia recurre a aeronaves y especialistas contratados para ampliar su capacidad de respuesta. Sin embargo, operar simultáneamente con decenas de medios en un espacio reducido exige una coordinación extraordinariamente precisa.

José Vizner destacó la magnitud del dispositivo: cerca de 500 bomberos y más de 20 aeronaves participaban en las labores de extinción. Ese despliegue refleja tanto la gravedad del incendio como la saturación operativa que afrontaban los equipos.

Vientos que cambian en segundos

El incendio de Ática se propagó empujado por fuertes rachas de viento y generó condiciones especialmente peligrosas para los medios aéreos. En algunos puntos del país se habían registrado velocidades cercanas a los 130 kilómetros por hora, suficientes para impedir vuelos de extinción durante parte de la jornada anterior.

A ello se añade el microclima generado por los grandes incendios. Las columnas de aire caliente pueden alterar repentinamente la dirección del viento, reducir la visibilidad y modificar la trayectoria del humo en cuestión de segundos.

Volar bajo, cargar agua y entrar en una columna de calor convierte cada descarga en una maniobra de alto riesgo. La colisión revela el límite humano y técnico de unas operaciones desarrolladas en condiciones cada vez más extremas.

Un incendio junto a Atenas

El fuego afectaba a la zona de Psatha y Porto Germeno, en el golfo de Corinto, antes de avanzar hacia otras localidades del oeste de Ática. Las estimaciones preliminares sitúan la superficie quemada entre 40 y 50 kilómetros cuadrados, mientras más de un centenar de viviendas habrían resultado destruidas.

Protección Civil emitió órdenes de evacuación para varias poblaciones. En determinados núcleos costeros, cientos de residentes tuvieron que abandonar sus casas por mar porque las llamas habían bloqueado las carreteras.

El frente llegó además a las proximidades de instalaciones militares y zonas industriales. La prioridad de los equipos era impedir que las llamas alcanzaran Megara, una localidad de unos 30.000 habitantes situada al oeste de la capital.

Europa vuelve a arder

El accidente se produce durante una nueva emergencia de incendios en el sur de Europa. Grecia mantenía fuegos activos en Ática, Fócida y Cefalonia, después de varios días de evacuaciones en Creta y otras zonas turísticas.

La región arrastra un deterioro forestal considerable. Entre 2017 y 2025, los incendios quemaron alrededor de 47.000 hectáreas de bosque en Ática, equivalentes al 38% de su superficie forestal. En 2023, Grecia perdió más de 170.000 hectáreas, incluyendo el incendio de Evros, considerado el mayor registrado en Europa.

El contraste resulta demoledor: los Estados amplían presupuestos y medios, pero los incendios avanzan con una intensidad capaz de superar cualquier planificación convencional.

El coste humano de la extinción

El accidente de Psatha no es únicamente una tragedia aérea. También recuerda que cada verano miles de profesionales trabajan a escasos metros de las llamas, bajo humo denso, visibilidad limitada y fuertes turbulencias.

Grecia ha suspendido temporalmente las operaciones de otros helicópteros Bell desplegados en la zona mientras se analiza lo sucedido. La investigación deberá reconstruir las comunicaciones, las trayectorias de vuelo y la separación existente entre ambas aeronaves.

Dos personas han muerto mientras trataban de contener un incendio que amenazaba viviendas, infraestructuras y poblaciones enteras. La prioridad inmediata será esclarecer el accidente. La siguiente, revisar si los protocolos actuales son suficientes para coordinar operaciones aéreas cada vez más grandes y peligrosas.