Descarrilamiento de un tren de Iryo y un AVE de Renfe

Choque: Dos trenes de alta velocidad descarrilan en Córdoba, dos muertos y caos en la conexión Madrid-Andalucía

Accidente
El choque entre un Iryo y un AVE en Adamuz corta la principal arteria ferroviaria del sur y reabre el debate sobre la seguridad en la alta velocidad española

Un grave accidente ferroviario ha sacudido este domingo la red de alta velocidad española. Dos personas han fallecido y decenas de pasajeros han resultado heridos tras el descarrilamiento de un tren de Iryo y un AVE de Renfe en el término municipal de Adamuz (Córdoba), en uno de los puntos críticos de la conexión entre Madrid y Andalucía. El siniestro ha obligado a suspender por completo la circulación de alta velocidad entre la capital y el sur, dejando a miles de viajeros atrapados en estaciones y andenes. Mientras los equipos de emergencia trabajan contrarreloj para evacuar a los afectados y estabilizar los vagones, las causas del accidente siguen siendo una incógnita. El episodio se produce, además, en plena fase de liberalización del AVE, con nuevos operadores y más trenes compitiendo en las mismas infraestructuras.

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Un choque en plena hora punta de regreso

El siniestro se ha producido en una franja especialmente sensible: la tarde del domingo, en pleno regreso de fin de semana. El tren de Iryo partió a las 18:40 horas de Málaga-María Zambrano con destino Madrid-Puerta de Atocha. Apenas diez minutos después de abandonar Córdoba, y ya en los desvíos de entrada a la vía 1 de la estación de Adamuz, el convoy ha descarrilado e invadido la vía contigua.

Por esa vía circulaba un AVE de Renfe que cubría la relación Madrid-Huelva, que también ha terminado descarrilando tras el impacto. Fuentes de emergencias hablan de al menos dos fallecidos y un número indeterminado de heridos, algunos de ellos atrapados en los vagones. Varios pasajeros han descrito en redes sociales cómo uno de los coches ha quedado volcado por completo, con humo en el interior y dificultades para salir.

El escenario es el peor posible para un corredor que mueve cada día varios miles de pasajeros entre la capital y Andalucía. La coincidencia de dos trenes de alta velocidad en un tramo de desvíos vuelve a situar bajo los focos la gestión del tráfico y la redundancia de los sistemas de seguridad en la red española.

Cronología de un descarrilamiento aún sin explicación

Los primeros datos dibujan una secuencia tan rápida como inquietante. Según la información difundida por EFE y los servicios de emergencia, el accidente se ha producido en torno a las 19:45 horas, menos de una hora después de la salida de Málaga y apenas diez minutos tras la parada en Córdoba del Iryo 6189. En ese punto, el tren afronta los desvíos previos a la entrada en la vía principal de la estación de Adamuz.

Por razones que aún se desconocen, el convoy de Iryo se ha salido de la vía y ha invadido la contigua. Justo en ese momento circulaba por ella el AVE procedente de Madrid con destino Huelva, que ha sufrido también un descarrilamiento parcial. “Ha habido un golpe muy fuerte, el vagón se ha ladeado y hemos visto chispas y humo por las ventanas”, relatan varios pasajeros en mensajes difundidos en redes sociales.

La investigación deberá determinar si hubo un fallo en la infraestructura de Adif, un problema en el material rodante o un error de señalización o comunicación, o una combinación de varios factores. Lo único seguro a esta hora es que el sistema no logró impedir que dos trenes de alta velocidad se encontraran en una situación de riesgo extremo en una zona de desvíos, donde la velocidad debería estar estrictamente controlada.

Un dispositivo de emergencia sin precedentes recientes

La magnitud del siniestro ha activado de inmediato un dispositivo de emergencia masivo. Adif, Renfe e Iryo han desplazado equipos técnicos al lugar para asegurar los trenes, mientras los bomberos y los servicios sanitarios trabajan en la evacuación de los pasajeros y la atención a los heridos. El Servicio de Emergencias 112 de Andalucía ha movilizado a la Guardia Civil y a los cuerpos de bomberos de la zona.

En el ámbito sanitario, el 061 ha desplegado cinco UVIs móviles, un vehículo de apoyo logístico y cuatro unidades del Dispositivo de Cuidados Críticos de Urgencia (DCCU). Se trata de un operativo similar al activado en otros grandes siniestros recientes, con capacidad para estabilizar a decenas de heridos en el propio lugar del accidente antes de derivarlos a hospitales de Córdoba y otras provincias.

Desde Madrid, el Samur se ha puesto a disposición de Adif y Renfe y ha desplazado a la estación de Atocha un equipo con psicólogo y ambulancia básica para atender a los familiares que puedan acudir en busca de información. “La prioridad absoluta es la atención a las víctimas y a sus familias”, subrayan fuentes de emergencias. La intervención se prolongará previsiblemente durante toda la noche, en un terreno complicado y con varios vagones inestables.

Reacción política inmediata y primera gestión de la crisis

La respuesta institucional no se ha hecho esperar. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha anunciado que se ha desplazado al Centro de Gestión de Red H24 de Adif para seguir minuto a minuto la evolución del siniestro. En su cuenta de X, ha calificado el suceso de “grave accidente ferroviario” y ha prometido información actualizada a medida que se vayan confirmando datos.

Desde Sevilla, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha anunciado el envío de efectivos de emergencias y apoyo logístico “para todo lo que sea necesario”. El Gobierno andaluz coordina con el 112 el despliegue de recursos sanitarios y de protección civil, mientras los ayuntamientos de la zona preparan dispositivos de acogida para los pasajeros que no requieran hospitalización inmediata.

Más allá de los mensajes de solidaridad, el siniestro aboca al Ministerio de Transportes y a Adif a una gestión delicada de la crisis. El recuerdo del accidente de Angrois sigue muy presente en la opinión pública, y cualquier percepción de falta de transparencia o de falta de atención a las víctimas podría convertir un siniestro ya grave en una crisis política de primer orden. La forma en que se expliquen los hechos en las próximas horas será clave.

Un corredor de alta velocidad bajo máxima presión

El tramo donde se ha producido el descarrilamiento forma parte de la principal arteria ferroviaria que conecta Madrid con Andalucía, por la que circulan cada día decenas de trenes AVE y de operadores privados. La liberalización del mercado de alta velocidad ha introducido nuevos actores —como Iryo— y ha incrementado la densidad de tráfico en determinados puntos de la red.

En este contexto, los expertos llevan tiempo advirtiendo de que la combinación de más trenes, más velocidades y más operadores exige revisar de forma continua los protocolos de seguridad y coordinación. El accidente de Adamuz irrumpe precisamente en un momento en el que el sector presumía de altos estándares de seguridad, con décadas sin siniestros mortales en la alta velocidad pura.

La consecuencia inmediata es un golpe reputacional tanto para los operadores como para el gestor de infraestructuras. Aunque todavía no se conocen las causas, el simple hecho de que dos trenes de alta velocidad hayan descarrilado en un punto de cruce obliga a revisar con lupa señalización, mantenimiento y procedimientos de circulación. El contraste con la imagen de fiabilidad que España vende en el exterior —y sobre la que se apoyan los contratos internacionales de AVE— es evidente.

Miles de viajeros atrapados y cadena de cancelaciones

En términos operativos, el siniestro ha supuesto el corte total de la circulación de alta velocidad entre Madrid y Andalucía. Adif ha confirmado que la incidencia en la estación de Adamuz impide el paso de trenes en ambos sentidos, lo que ha obligado a cancelar o desviar todos los servicios que conectan la capital con Sevilla, Málaga, Granada, Cádiz y Huelva.

Decenas de trenes han quedado detenidos en estaciones intermedias, y las compañías trabajan a contrarreloj para ofrecer rutas alternativas por vía convencional, autobuses de refuerzo y cambios de billetes sin coste. En un domingo de fuerte movimiento, el número de pasajeros afectados puede superar fácilmente los 10.000 viajeros en el conjunto del día.

Para muchos de ellos, el impacto no es sólo la incomodidad del retraso. Viajes de trabajo, conexiones internacionales y reservas turísticas quedan en el aire. Este tipo de interrupciones evidencian hasta qué punto la economía de una región depende de infraestructuras críticas de transporte cuya indisponibilidad, aunque sea temporal, puede generar pérdidas millonarias en hoteles, aerolíneas y empresas de servicios.

Las incógnitas de la investigación y el precedente de otros siniestros

Las autoridades han anunciado la apertura inmediata de una investigación técnica para esclarecer las causas del descarrilamiento. El proceso implicará a la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), a Adif y a las propias empresas operadoras. Se revisarán los registros de los trenes, las comunicaciones entre maquinistas y centros de control y el estado de la infraestructura en el momento del siniestro.

El precedente del accidente de Santiago de Compostela en 2013, que dejó 80 fallecidos, planea sobre cualquier investigación ferroviaria en España. En aquel caso, la combinación de exceso de velocidad y deficiencias en los sistemas de control derivó en un larguísimo proceso judicial y en una profunda revisión de los protocolos de seguridad. En Adamuz, por ahora, no hay indicios concluyentes, pero el escrutinio será igual de intenso.

La gran pregunta es si nos encontramos ante un fallo puntual o ante la manifestación de una fragilidad estructural en un tramo especialmente exigente de la red. De la respuesta dependerán no sólo posibles responsabilidades penales o administrativas, sino también futuras inversiones en sistemas de señalización, enclavamientos y gestión de tráfico en los desvíos de entrada a estación, uno de los puntos más delicados de cualquier línea de alta velocidad.

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