La FTC avisa a Apple por "vetar" noticias conservadoras

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El supervisor estadounidense cuestiona el algoritmo de Apple News tras un informe que denuncia la ausencia de medios de derechas entre las principales noticias

Apple se ha situado de lleno en el centro de la batalla política estadounidense por el control del flujo informativo. La presidenta de la Federal Trade Commission (FTC) ha enviado una carta formal al gigante tecnológico advirtiendo de que la supresión sistemática de noticias por motivos ideológicos podría vulnerar las normas de protección al consumidor. El gesto llega después de que un influyente grupo conservador acusase a Apple News de no mostrar ni una sola noticia de medios de derechas entre las 20 principales historias ofrecidas a primera hora de la mañana. La compañía, que se presenta como curadora de periodismo de “calidad” procedente de más de 3.000 cabeceras, guarda silencio. Pero el mensaje regulatorio es claro: si un producto se comercializa como neutral y plural, sesgarlo por razones políticas puede convertirse en un problema legal y reputacional de primer orden.

Una carta que rompe la complacencia de Apple

El detonante ha sido una misiva firmada por Andrew Ferguson, presidente de la FTC, en la que insta a Apple a revisar a fondo las reglas que gobiernan su aplicación de noticias. La carta no ordena cambios —la FTC no tiene potestad para eso en el ámbito editorial—, pero sí lanza una advertencia con carga jurídica: “Las empresas que suprimen o promueven visiones basadas en la ideología pueden incurrir en violaciones de las normas de protección al consumidor si han prometido otra cosa”, viene a decir Ferguson.

El supervisor subraya que el organismo “no es la policía del discurso”, pero recuerda que el Congreso le ha mandatado para proteger a los usuarios frente a “representaciones u omisiones materiales engañosas”, también cuando el producto es un servicio basado en contenidos. Traducción: si Apple vende Apple News como una ventana diversa al panorama informativo y luego el algoritmo filtra sistemáticamente ciertas voces, puede enfrentarse a investigaciones por prácticas desleales.

Hasta ahora, Apple había conseguido mantenerse en la periferia de las guerras culturales que sí han golpeado a Meta, X o Google. La carta de la FTC rompe esa inmunidad de facto y eleva el riesgo de que la compañía pase a ser percibida como un actor más en la pugna por el relato político.

El informe que acusa a Apple News de sesgo

La carta de Ferguson se apoya explícitamente en un informe del Media Research Center (MRC), un influyente grupo de vigilancia mediática conservador. Según su análisis, en una de las franjas matinales de referencia del mes pasado, ninguna de las 20 noticias destacadas en Apple News procedía de medios considerados de derechas o afines al movimiento conservador estadounidense.

El MRC acusa a la plataforma de mantener una “postura desafiante” frente a los contenidos de orientación conservadora y habla de una “supresión sistemática” de determinados puntos de vista. Aunque el estudio se centra en una ventana temporal concreta, la elección del momento no es inocente: coincide con un clima de máxima polarización política y con la percepción, en buena parte del electorado republicano, de que las grandes tecnológicas actúan como filtros ideológicos.

Apple, por su parte, se ha limitado a recordar que Apple News combina un algoritmo de recomendación con criterios editoriales internos y que la selección responde a las interacciones y preferencias del usuario. El choque, en el fondo, es entre dos narrativas: la de una curaduría basada en calidad editorial y relevancia, y la de un filtro que penaliza contenidos por su orientación política.

Calidad editorial frente a acusaciones de censura ideológica

La compañía ha defendido siempre que Apple News está centrado en el “periodismo de calidad”. Eso implica excluir blogs personales, páginas promocionales o webs que se limitan a reescribir contenidos de otros. También veta expresamente las cabeceras que incurren de forma recurrente en “inexactitudes fácticas” o que no respetan “estándares periodísticos ampliamente aceptados”.

Ese marco le da a Apple una amplia discrecionalidad a la hora de decidir qué entra y qué queda fuera. La línea roja es difusa: ¿en qué momento una cabecera pasa de ser un medio de opinión combativo a un producto que no cumple estándares? ¿Quién decide qué es una “inexactitud” en un ecosistema saturado de versiones enfrentadas de los mismos hechos?

Para los críticos conservadores, el problema no es tanto la existencia de criterios editoriales como la sospecha de que se aplican de forma asimétrica: más duros con los medios de derechas que con los de centro o izquierda. Para Apple, el riesgo está en que esa percepción se consolide y erosione la imagen de neutralidad que ha construido durante años. En un mercado en el que el acceso a la información se concentra en pocas plataformas, cualquier acusación de censura ideológica tiene un coste reputacional que puede multiplicarse entre decenas de millones de usuarios.

El poder limitado, pero ruidoso, de la FTC

Ferguson reconoce en su carta que la FTC carece de autoridad directa para ordenar a Apple cambios en su algoritmo o en la selección de noticias. No puede obligarle a incorporar medios conservadores ni a garantizar cuotas de representación ideológica. Pero sí puede abrir investigaciones si aprecia que hay una brecha entre la promesa comercial y la realidad del servicio.

“Animo a Apple a realizar una revisión exhaustiva de sus términos de servicio y a garantizar que la curaduría de artículos de Apple News es coherente con esos términos”, escribe el presidente del organismo. Es un aviso más político que jurídico, pero que abre la puerta a futuras actuaciones si la compañía no actúa o si se documentan casos de discriminación sistemática.

Ferguson, republicano y ex fiscal general de Virginia, fue nombrado al frente de la FTC por Donald Trump. Una de sus primeras decisiones tras la elección del presidente fue abrir una indagación sobre las grandes tecnológicas por supuesta “censura tecnológica”. Su perfil y su agenda explican por qué este caso, más que otros, ha escalado al máximo nivel del supervisor.

Cook, Trump y una relación política incómoda

La presión sobre Apple tiene una lectura especialmente delicada a la luz de la relación entre Tim Cook y Trump. El consejero delegado de la compañía ha cultivado, desde el primer mandato del presidente, una vía de diálogo directo con la Casa Blanca para gestionar asuntos clave como los aranceles o las restricciones regulatorias sobre la cadena de suministro.

Cook ha donado al menos 1 millón de dólares a Trump y el año pasado le regaló una llamativa escultura de cristal y oro de 24 quilates, gesto que levantó cejas tanto en Silicon Valley como en Washington. Su presencia en actos oficiales durante el segundo mandato, incluida una proyección privada de la película “Melania” sobre la primera dama, refuerza la idea de un vínculo político y personal poco habitual para un CEO de Big Tech.

Este contexto genera un juego de equilibrios paradójico. Mientras un brazo del Gobierno republicano —la FTC de Ferguson— presiona a Apple por un supuesto sesgo anti-conservador, el máximo dirigente de la empresa mantiene una relación de cooperación visible con el presidente. Para la opinión pública, la mezcla de donaciones, regalos y gestos públicos complica aún más la tarea de separar la política empresarial de la propia política partidista.

El contraste con Meta, X y el resto de Big Tech

A diferencia de Meta, Google o X, Apple había logrado en gran medida evitar el foco directo en la guerra por la moderación de contenidos. Su negocio principal son los dispositivos y servicios, no la publicidad basada en contenidos virales, y eso le ha permitido presentarse como un actor más preocupado por la privacidad que por la monetización del engagement.

En los últimos años, Meta ha optado por retirarse parcialmente de las noticias, rebajando su presencia en Facebook e Instagram y relajando, al mismo tiempo, algunas normas de contenido. Lo ha hecho tras años de polémicas y de acusaciones cruzadas por censurar o amplificar desinformación. La compañía llegó incluso a pactar el pago de 25 millones de dólares a Trump para cerrar una demanda en la que este le acusaba de violar la Primera Enmienda al vetar sus cuentas después del asalto al Capitolio del 6 de enero.

Otras plataformas, como X, han hecho de la libertad de expresión casi absolutista su bandera, reduciendo la moderación y asumiendo un aumento de discursos extremos y desinformación. En ese tablero, Apple News se definía como una isla de curaduría cuidadosa, orientada a medios tradicionales y a contenido verificado. La acusación de “falta de noticias conservadoras” amenaza con romper esa narrativa y colocar a Apple en la misma trinchera de sospecha en la que llevan años sus competidores.

Riesgos para Apple: marca neutral en el foco partidista

Para Apple, el riesgo va más allá de una investigación puntual. Su valor de marca se ha construido sobre tres pilares: calidad de producto, privacidad y neutralidad. Si los consumidores perciben que la plataforma editorial de la compañía actúa como filtro ideológico, ese tercer pilar se resquebraja.

En el plano de negocio, un boicot organizado por parte de usuarios conservadores podría no hundir las ventas de iPhone o Mac a corto plazo, pero sí erosionar el uso de Apple News y, con ello, el atractivo de la plataforma para medios y anunciantes. En el terreno regulatorio, una FTC más combativa podría utilizar este caso como palanca para extender la supervisión a otros servicios de la compañía, desde la App Store hasta su negocio publicitario.

Lo más grave, sin embargo, es el precedente. Si se consolida la idea de que los reguladores pueden intervenir —aunque sea de forma indirecta— en la curaduría editorial de plataformas privadas alegando protección al consumidor, se abre una senda que otros gobiernos, dentro y fuera de EE.UU., podrían tratar de replicar con menos garantías democráticas.