Rumanía apaga un reactor nuclear por la sequía del Danubio

Rumanía apaga un reactor nuclear por la sequía del Danubio

La sequía reduce el caudal del río a casi un tercio de su media habitual y obliga a detener preventivamente una unidad de 700 megavatios.

Rumanía detendrá este martes la Unidad 1 de la central nuclear de Cernavodă ante el nivel extraordinariamente bajo del Danubio, una decisión que expone la creciente vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas europeas frente a los fenómenos climáticos extremos.

El caudal del río en su entrada al país caerá hasta los 1.600 metros cúbicos por segundo, frente a una media de julio de 4.700 metros cúbicos. La reducción supera así el 65% y amenaza la disponibilidad de agua necesaria para garantizar la refrigeración y el funcionamiento fiable de las instalaciones. La parada será controlada y preventiva, pero llega en un momento especialmente delicado para el mercado eléctrico regional.

Una parada por seguridad

La compañía pública Nuclearelectrica ha explicado que la desconexión responde a los procedimientos establecidos para situaciones de sequía severa. No se ha detectado una avería en el reactor ni un incidente relacionado con la seguridad nuclear.

«La medida pretende proteger la seguridad nuclear y la fiabilidad de las instalaciones», señaló la empresa, apoyándose en las últimas previsiones del Instituto Nacional de Hidrología y Gestión del Agua de Rumanía.

El cierre preventivo evidencia hasta qué punto una central nuclear, pese a producir electricidad de manera estable, continúa dependiendo de las condiciones físicas de su entorno. En Cernavodă, el Danubio constituye una pieza esencial del sistema de refrigeración.

El caudal se hunde un 66%

Los datos hidrológicos describen una situación excepcional. Los 1.600 metros cúbicos por segundo previstos representan apenas el 34% del caudal medio habitual en julio. La diferencia respecto a los niveles normales alcanza los 3.100 metros cúbicos por segundo.

Lo más grave es que el descenso se produce durante el verano, cuando la demanda eléctrica puede aumentar por el uso intensivo del aire acondicionado. Al mismo tiempo, las altas temperaturas elevan la temperatura del agua disponible y reducen el margen operativo de las centrales térmicas y nucleares.

El Danubio ya ha sufrido episodios de bajo caudal, pero la compañía califica el nivel actual como «muy bajo y sin precedentes», una expresión que revela la magnitud del deterioro.

Salen del sistema 700 megavatios

La Unidad 1 de Cernavodă tiene una potencia instalada cercana a los 700 megavatios y comenzó su explotación comercial en 1996. Desde entonces ha mantenido un factor de capacidad superior al 90%, situándose entre los reactores más productivos de su categoría.

Su desconexión temporal obligará al sistema rumano a recurrir a otras tecnologías, incrementar las importaciones o reducir sus exportaciones de electricidad. El impacto dependerá de la duración de la parada, un dato que Nuclearelectrica no ha concretado.

La planta dispone de una segunda unidad de capacidad similar. En conjunto, la energía nuclear aporta alrededor del 20% del suministro eléctrico nacional, por lo que la pérdida de uno de los reactores reduce de forma significativa la generación estable disponible.

Presión sobre los precios eléctricos

La consecuencia es clara: retirar 700 megavatios de generación continua puede elevar la dependencia de centrales de gas, carbón o producción hidroeléctrica, precisamente cuando la sequía también limita los embalses.

En un mercado eléctrico interconectado, el efecto puede extenderse a Bulgaria, Hungría, Serbia y otros países del sureste europeo. Una menor oferta rumana presiona las importaciones regionales y puede provocar repuntes en los precios mayoristas durante las horas de mayor consumo.

El contraste resulta significativo. La Unidad 1 había vuelto a conectarse a la red el 5 de julio de 2026, después de completar una parada programada, y ahora deberá detenerse nuevamente por razones hidrológicas.

La paradoja de la energía nuclear

La energía nuclear suele presentarse como una tecnología capaz de producir electricidad sin depender del viento o de la radiación solar. Sin embargo, muchas centrales necesitan grandes cantidades de agua para evacuar el calor generado durante el proceso.

Las sequías prolongadas, el calentamiento de los ríos y las restricciones ambientales pueden reducir su producción o forzar paradas temporales. Francia ha afrontado problemas similares durante distintos veranos, cuando varios reactores tuvieron que limitar su actividad para evitar que el agua devuelta a los cauces superase los límites térmicos autorizados.

Este hecho revela una paradoja: una fuente clave para reducir las emisiones también debe adaptarse a los efectos físicos del cambio climático.

Una alerta para Europa

El episodio de Cernavodă no cuestiona por sí solo la seguridad nuclear, pero sí obliga a revisar la resiliencia de las instalaciones europeas. Los sistemas de refrigeración, las reservas estratégicas y la planificación eléctrica deberán incorporar escenarios hidrológicos más extremos.

Rumanía prepara además la modernización de la Unidad 1 para prolongar su vida útil. El Banco Europeo de Inversiones aprobó en julio un préstamo de 800 millones de euros para respaldar el proyecto, considerado estratégico para la seguridad energética del país.

El diagnóstico es inequívoco: la sequía ya no constituye únicamente un problema agrícola. También puede retirar cientos de megavatios del mercado, tensionar los precios y debilitar la autonomía energética de un país en cuestión de horas.