Rusia cierra el aeropuerto de Volgogrado por amenaza de drones
La decisión de la agencia federal de aviación rusa de cerrar temporalmente el aeropuerto de Volgogrado por “motivos de seguridad” es algo más que una incidencia operativa. Llega tras una nueva noche de explosiones, incendios en instalaciones petroleras y alertas de drones que se han convertido en rutina en el sur de Rusia. Según las autoridades regionales, las sirenas de amenaza aérea se activaron de nuevo en torno a las 21.00 horas, y horas después comenzó la restricción de llegadas y salidas. Aunque el comunicado oficial evita mencionar a Ucrania, el contexto es inequívoco: una campaña sostenida de ataques a cientos de kilómetros del frente.
Un cierre más en una guerra que ya toca la aviación civil
La Agencia Federal de Transporte Aéreo, Rosaviatsiya, anunció restricciones temporales a las operaciones en el Aeropuerto Internacional de Volgogrado sin ofrecer detalles adicionales, más allá de la fórmula habitual: “medida necesaria para garantizar la seguridad de los vuelos”. El mensaje es idéntico al que se ha utilizado en los últimos meses para justificar cierres similares en otros aeropuertos rusos.
En la práctica, estas restricciones suelen implicar la suspensión de todos los despegues y aterrizajes durante varias horas, normalmente en las franjas nocturnas en las que se registran la mayoría de ataques con vehículos aéreos no tripulados (UAV). En episodios previos, el cierre de aeropuertos regionales ha oscilado entre las 3 y las 6 horas, suficiente para desbaratar la programación de las aerolíneas y obligar a desviar vuelos a ciudades vecinas.
Aunque Rosaviatsiya insiste en que se trata de medidas “puntuales”, las alertas se han convertido en una constante. En la región de Volgogrado, medios locales describen ya los cierres nocturnos como una “tradición”, con restricciones activadas casi “en horario” cuando se declaran amenazas de drones.
El patrón que se repite en los cielos rusos
El cierre de Volgogrado encaja en un patrón más amplio. Desde 2024, más de 30 aeropuertos rusos han sufrido cierres parciales o totales por amenazas de ataques con drones ucranianos, con especial concentración en el verano de 2025. La lista incluye infraestructuras clave como Pulkovo, en San Petersburgo, y los grandes aeropuertos de Moscú, donde se han registrado días con hasta un centenar de vuelos cancelados o retrasados de forma masiva.
En julio de 2025, por ejemplo, Rosaviatsiya admitió que solo en tres aeropuertos —Sheremétievo, Pulkovo y Nizhni Nóvgorod— 287 vuelos habían sido cancelados o demorados en una sola jornada por las restricciones de tráfico aéreo. Este hecho revela un cambio de escala: ya no se trata de interrupciones aisladas en aeródromos secundarios, sino de un estrés recurrente sobre la red aérea del país.
La consecuencia es clara: cada nuevo cierre en un aeropuerto regional como Volgogrado se inserta en una guerra de desgaste que también afecta a la aviación civil. Menos conexión, más incertidumbre para pasajeros y empresas, y un coste creciente en combustible, horas de tripulación y compensaciones indirectas, aunque las compañías rusas traten de minimizarlo en público.
Volgogrado, nuevo frente de la guerra de drones
La clausura temporal del aeropuerto llega después de varios ataques contra infraestructuras estratégicas de la región, en particular la gran refinería operada por Lukoil y diversas instalaciones militares. En los últimos días, fuentes ucranianas y plataformas de seguimiento han contabilizado al menos nueve ataques con drones en dos años contra la planta de refino de Volgogrado, algunos de ellos con incendios visibles a kilómetros.
En paralelo, Moscú ha reconocido impactos y fuegos en un depósito militar y en otras instalaciones de la región, obligando incluso a la evacuación de un pueblo tras la caída de restos de misiles. El contraste con la versión oficial —limitada a referencias genéricas a “amenazas” o “objetos no identificados”— resulta demoledor: mientras el discurso institucional intenta rebajar la gravedad de los hechos, las imágenes de llamas junto a depósitos de combustible o fábricas de armamento circulan de manera viral en las redes.