Trump logra mantener viva su demanda de 15.000 millones contra The New York Times
Un juez federal rechaza cerrar o trasladar el procedimiento, aunque la decisión solo resuelve cuestiones procesales y no acredita que el periódico difamara al presidente estadounidense.
Donald Trump ha conseguido mantener abierta su ofensiva judicial contra The New York Times. Un juez federal ha rechazado, por ahora, las peticiones para desestimar o trasladar la demanda presentada por el presidente estadounidense, una resolución que Trump ha celebrado como una victoria frente a uno de sus principales adversarios mediáticos.
Sin embargo, el tribunal no ha determinado que existiera difamación ni ha validado las acusaciones del mandatario. La decisión se limita a establecer que el litigio puede continuar en Florida mientras los abogados presidenciales preparan una nueva versión de la demanda. El pulso jurídico apenas acaba de comenzar.
Una demanda de 15.000 millones
Trump presentó el procedimiento el 15 de septiembre de 2025 ante el Tribunal Federal del Distrito Medio de Florida. La demanda se dirigía contra The New York Times, cuatro de sus periodistas y la editorial Penguin Random House, responsable de publicar un libro sobre la trayectoria empresarial del republicano.
El presidente reclamó 15.000 millones de dólares —unos 12.750 millones de euros— por una serie de informaciones que, según su equipo legal, perjudicaron deliberadamente su reputación como empresario y candidato político. La documentación inicial ocupaba 85 páginas y mezclaba alegaciones jurídicas con extensas críticas al periódico.
El juez Steven Merryday rechazó aquel primer escrito por incumplir las reglas procesales que exigen una exposición clara, breve y directa. Trump recibió 28 días para reformularlo y reducirlo a un máximo de 40 páginas.
Una victoria solo procesal
La resolución conocida ahora impide que el periódico cierre el caso en esta fase preliminar o consiga trasladarlo a otra jurisdicción. Para Trump, el pronunciamiento supone una oportunidad de reforzar sus argumentos y mantener la presión sobre la cabecera neoyorquina.
Pero el alcance real es más limitado. Superar una discusión sobre competencia territorial o suficiencia procesal no equivale a demostrar una difamación. El tribunal todavía deberá analizar qué afirmaciones concretas considera falsas el presidente, qué pruebas aporta y si los periodistas actuaron con conocimiento de su falsedad.
La diferencia resulta esencial. Trump es una figura pública y, por tanto, soporta un umbral probatorio especialmente elevado bajo la legislación estadounidense.
El obstáculo de la malicia real
Para obtener una indemnización, el presidente no solo tendrá que acreditar que las publicaciones contenían datos falsos y perjudiciales. También deberá demostrar la denominada «malicia real»: que el medio conocía la falsedad de la información o actuó con un desprecio temerario hacia la verdad.
Este estándar protege la libertad de prensa cuando se informa sobre dirigentes políticos y personajes de relevancia pública. La consecuencia es clara: una información incompleta, controvertida o incluso errónea no siempre genera responsabilidad jurídica.
«La última decisión aborda dónde y cómo puede continuar el procedimiento, pero no determina que Trump haya probado ninguna de sus acusaciones contra el periódico».
Ese será el verdadero núcleo del litigio cuando el tribunal entre en el fondo del asunto.
Trump eleva la presión
El presidente celebró la resolución mediante una publicación en Truth Social. Allí acusó al diario de mantener durante 10 años una campaña de «acoso, calumnias y difamación» contra él, su familia y el movimiento Make America Great Again.
Trump aseguró que presentará otra demanda modificada con información más detallada y prometió exigir responsabilidades tanto a The New York Times como a otros medios a los que acusa de difundir fake news.
La estrategia combina dos frentes. Por un lado, la disputa judicial. Por otro, una narrativa política dirigida a movilizar a sus seguidores frente a unas organizaciones periodísticas presentadas como parte de una oposición coordinada.
Una ofensiva contra los grandes medios
El procedimiento encaja en una campaña legal más amplia contra cabeceras y cadenas de televisión. Durante los últimos años, Trump ha promovido litigios contra CNN, ABC, CBS, The Wall Street Journal, la BBC y el propio New York Times.
Algunos conflictos han terminado en acuerdos millonarios. Otros han sido archivados antes de llegar a juicio. El patrón, sin embargo, revela una transformación: la confrontación retórica con la prensa se ha convertido en una estrategia jurídica recurrente.
El contraste resulta significativo. Incluso cuando una demanda no prospera, obliga a los medios a movilizar abogados, recursos económicos y tiempo directivo. También prolonga durante meses el debate público sobre la credibilidad de las informaciones cuestionadas.
La batalla decisiva aún no ha empezado
El siguiente movimiento corresponderá al equipo jurídico de Trump, que deberá presentar un escrito suficientemente preciso para superar nuevos intentos de desestimación. Tendrá que identificar cada afirmación supuestamente falsa, explicar el daño causado y aportar indicios de que el periódico actuó de forma consciente o temeraria.
The New York Times, por su parte, previsiblemente invocará la Primera Enmienda y defenderá que sus publicaciones se apoyaron en trabajo periodístico, documentación y fuentes legítimas.
El diagnóstico es inequívoco: Trump ha logrado conservar el procedimiento, pero la parte más difícil sigue pendiente. La supervivencia de la demanda constituye una victoria táctica. Probar una difamación valorada en 15.000 millones de dólares será una batalla mucho más exigente.