La UEFA ignora el perdón de Infantino y mantiene el boicot

Infantino

La retirada del plan para vender parte del negocio del Mundial no frena la rebelión europea: las 55 federaciones de la UEFA mantienen su desconfianza y exigen garantías de que la FIFA no volverá a entregar sus principales competiciones al capital privado.

La disculpa de Gianni Infantino no ha servido para cerrar la mayor crisis institucional de la FIFA en años. La UEFA aseguró este jueves que el arrepentimiento del presidente del organismo internacional «no cambia nada» y mantuvo intacta su amenaza de boicotear las competiciones organizadas por la federación mundial.

El conflicto estalló después de conocerse el proyecto para vender a inversores privados una participación del negocio comercial de los grandes torneos. Aunque Infantino ha retirado la operación, Europa considera insuficiente el giro y exige garantías permanentes. La fractura ya no gira únicamente alrededor de una inversión: afecta directamente a la continuidad del presidente de la FIFA.

Un perdón que llega tarde

Infantino reconoció errores en la gestión y comunicación del proyecto después de una oleada de críticas internas y externas. La FIFA también anunció una revisión de su gobernanza y prometió reforzar la transparencia de sus procesos.

Sin embargo, la UEFA interpreta la disculpa como una maniobra insuficiente. El organismo europeo sostiene que sus condiciones eran inequívocas: retirar completamente la propuesta y asegurar que nunca volverá a intentarse una operación similar sobre los principales activos del fútbol mundial.

Solo se ha cumplido parcialmente la primera exigencia. La iniciativa ha sido abandonada, pero la UEFA no considera que existan mecanismos jurídicos o institucionales capaces de impedir que un proyecto equivalente reaparezca bajo otra fórmula. Por eso mantiene que ha perdido la confianza en la presidencia de Infantino.

Un negocio de 20.000 millones

El plan contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise, una sociedad destinada a concentrar parte de la actividad comercial y operativa de la organización. La propuesta incluía vender aproximadamente un 20% o 21% del vehículo a inversores privados.

La operación manejaba una aportación cercana a 4.200 millones de dólares, lo que situaba la valoración total del negocio alrededor de los 20.000 millones. La cifra generó dudas porque la propia FIFA preveía superar los 15.000 millones de dólares de ingresos durante el ciclo 2023-2026.

El contraste alimentó las sospechas de infravaloración. Para la UEFA, vender una participación de los derechos vinculados al Mundial podía condicionar durante años la capacidad de decisión de las federaciones y trasladar una parte del poder deportivo a fondos cuya prioridad sería la rentabilidad.

La amenaza de las 55 federaciones

La oposición europea adquirió una dimensión inédita cuando las 55 asociaciones integradas en la UEFA respaldaron la posibilidad de ausentarse de futuros torneos de la FIFA. El Mundial quedó así atrapado en una batalla institucional que podía afectar a algunas de sus selecciones más rentables.

Europa no actuó sola. Confederaciones de Asia y Norteamérica también trasladaron sus reservas, debilitando el argumento de que la resistencia respondía exclusivamente a una lucha de poder entre UEFA y FIFA.

La retirada del proyecto evitó un choque inmediato, pero no eliminó la amenaza. Mientras Infantino continúe en el cargo y no existan garantías adicionales, la UEFA mantiene abierta la opción de adoptar nuevas medidas, incluidas acciones legales.

Una presidencia debilitada

El respaldo de la dirección interna de la FIFA permite a Infantino conservar por ahora el puesto. El secretario general y el consejo de gestión han expresado su apoyo, pese al malestar provocado por una operación que habría comprometido activos estratégicos hasta bien entrada la próxima década.

No obstante, la crisis ha erosionado su autoridad. Algunas federaciones estudian retirar sus apoyos de cara a la elección presidencial de 2027, mientras la UEFA busca una candidatura alternativa capaz de disputar el control de la organización.

El problema ya no es únicamente si el plan era rentable, sino cómo pudo avanzar sin una consulta suficiente a quienes sostienen institucionalmente el fútbol mundial.

El precedente de la Superliga

La reacción recuerda al fracaso de la Superliga europea de 2021. En ambos casos, un grupo reducido intentó transformar la explotación económica de las competiciones sin haber construido previamente un consenso político y deportivo.

La diferencia es significativa. Entonces, la UEFA defendía el modelo tradicional frente a los grandes clubes. Ahora se enfrenta a la FIFA por una operación promovida desde la cúspide del propio sistema federativo.

El episodio revela hasta qué punto el capital privado busca entrar en los activos más valiosos del deporte. También demuestra que cualquier iniciativa que altere su propiedad o gobernanza puede desencadenar una resistencia coordinada de federaciones, gobiernos y aficionados.

La batalla por el control

La FIFA deberá presentar los resultados de su revisión interna y explicar quién diseñó la propuesta, qué valoraciones financieras se utilizaron y qué compromisos se negociaron con los inversores.

La UEFA, por su parte, no parece dispuesta a aceptar una reconciliación simbólica. Reclama cambios verificables, transparencia documental y garantías contra futuras privatizaciones encubiertas.

El diagnóstico es inequívoco: Infantino ha retirado el plan, pero no ha recuperado la confianza perdida. Su continuidad dependerá de si logra recomponer una mayoría entre las 211 federaciones de la FIFA antes de que la rebelión europea se convierta en una alternativa organizada de poder.