Goldman Sachs apuesta por SpaceX y no es por sus cohetes
Goldman Sachs no acaba de invertir cientos de millones de dólares en SpaceX. Lo que ha hecho es iniciar la cobertura bursátil de la compañía de Elon Musk con una recomendación de compra y un precio objetivo de 205 dólares por acción. La diferencia es esencial: el banco está publicando una valoración para sus clientes, no anunciando una adquisición directa de títulos por esa cantidad. Aun así, la tesis es contundente. Con la acción alrededor de 145 dólares, Goldman contempla un recorrido potencial cercano al 41%. Y su argumento no se limita a los cohetes.
Una salida a bolsa histórica
SpaceX comenzó a cotizar en el Nasdaq el 12 de junio de 2026, bajo el símbolo SPCX, después de colocar sus acciones a 135 dólares. La operación valoró inicialmente la empresa en aproximadamente 1,77 billones de dólares y se convirtió en una de las mayores salidas a bolsa de la historia.
El estreno disparó temporalmente la cotización hasta los 225,64 dólares, pero el entusiasmo inicial se ha enfriado. La acción cerró recientemente cerca de los 139 dólares, prácticamente de vuelta al precio de colocación y casi un 40% por debajo de su máximo.
Goldman no compra: recomienda
La afirmación de que Goldman ha apostado cientos de millones conduce a una conclusión equivocada. El banco fue una de las entidades colocadoras de la oferta pública y ahora ha iniciado oficialmente el seguimiento de la acción.
Su recomendación es comprar, con un objetivo de 205 dólares a doce meses. Esa cifra queda por debajo de los 300 dólares planteados por Morgan Stanley, pero representa una valoración claramente alcista frente a los niveles actuales.
Lo importante no es solo el objetivo. Es la manera en que Goldman divide el negocio para justificarlo: transporte espacial, conectividad mediante Starlink e inteligencia artificial.
Starlink sostiene la valoración
SpaceX ya no depende exclusivamente de los contratos de lanzamiento. Starlink aportó alrededor del 70% de los ingresos de la compañía en 2025 y terminó ese ejercicio con unos nueve millones de suscriptores de banda ancha en todo el mundo. Algunas previsiones apuntan a que podría aproximarse a los 100 millones en 2030.
Este negocio proporciona algo que los cohetes no garantizan: ingresos recurrentes. Cada nuevo satélite amplía la cobertura y permite captar hogares, empresas, aerolíneas, barcos y administraciones en zonas donde desplegar fibra resulta demasiado caro.
Starlink es la pieza que transforma una empresa aeroespacial en una plataforma global de telecomunicaciones.
La tercera pata es la inteligencia artificial
La parte más agresiva de la tesis aparece en la computación. SpaceX ha comenzado a presentar la infraestructura orbital como una posible respuesta a la enorme demanda energética de la inteligencia artificial.
Los centros de datos estadounidenses consumieron aproximadamente 31 gigavatios en 2025, pero Goldman Sachs Research calcula que podrían alcanzar los 66 gigavatios en 2027. El razonamiento es que los satélites podrían aprovechar energía solar constante y aliviar parte de la presión que sufren las redes eléctricas terrestres.
Sin embargo, la cifra de 10 gigavatios mencionada en redes requiere cautela. Existen proyectos de centros de datos orbitales que manejan ese objetivo, pero no equivale automáticamente a una capacidad ya desplegada por SpaceX. Por ahora, es una hipótesis tecnológica de enorme escala, no un negocio probado.
Una valoración cargada de expectativas
El principal riesgo está en el precio. SpaceX declaró ingresos de aproximadamente 18.600 millones de dólares en 2025 y pérdidas cercanas a 4.900 millones, cifras difíciles de conciliar con una valoración superior al billón de dólares mediante métodos tradicionales.
El mercado no está pagando solo los beneficios actuales. Está descontando el dominio de los lanzamientos reutilizables, la expansión de Starlink, el éxito de Starship y una futura posición en la infraestructura de IA.
Para alcanzar los 205 dólares, SpaceX necesita ejecutar prácticamente todas esas promesas sin grandes retrasos técnicos ni regulatorios.
Goldman no está diciendo simplemente que SpaceX lanzará más cohetes. Está afirmando que la empresa puede convertirse en una infraestructura transversal para comunicaciones, defensa y computación.
Ese planteamiento explica el optimismo, pero también la enorme incertidumbre. Starlink ya genera ingresos significativos; los lanzamientos tienen una ventaja competitiva visible. La computación orbital, en cambio, continúa siendo una frontera experimental.
La oportunidad existe, pero el mercado ya está pagando por un futuro extraordinario. El verdadero debate no es si SpaceX tiene tres negocios, sino cuántos de ellos conseguirán producir beneficios suficientes para sostener una valoración que ya compite con las mayores compañías del planeta.