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El capital extranjero huye "espantado" de la bolsa de Corea y Japón se echa a temblar

Corea del Sur Foto de Daniel Bernard en Unsplash

Más de 100.000 millones de dólares han salido de la Bolsa surcoreana en apenas seis meses. La cifra explica por qué las pantallas de Asia han vuelto a teñirse de rojo y por qué los inversores empiezan a mirar con inquietud a Taiwán y Japón. No es una corrección aislada. Los tres mercados comparten una dependencia creciente de los semiconductores, la inteligencia artificial y unos pocos gigantes tecnológicos. El capital extranjero está recogiendo beneficios después de una subida extraordinaria. Sin embargo, lo más grave sería que esa retirada ordenada terminara convirtiéndose en una estampida.

Una salida sin precedentes

Los inversores extranjeros vendieron acciones del Kospi por 157,3 billones de wones, unos 102.500 millones de dólares, entre enero y el 3 de julio de 2026. Se trata de una de las mayores retiradas registradas en un solo mercado asiático, pese a que el índice surcoreano acumulaba una subida cercana al 92% durante ese mismo periodo.

La aparente contradicción tiene una explicación. Los grandes fondos no siempre venden porque anticipen un desastre. También reducen posiciones cuando las ganancias han sido demasiado rápidas y el peso de determinados activos supera sus límites internos. Corea ha subido tanto que muchos inversores están obligados a vender para rebalancear sus carteras.

El peligro de depender de dos empresas

El problema estructural está en la concentración. Samsung Electronics y SK Hynix se han convertido en los grandes motores del Kospi gracias a la demanda de memorias avanzadas para inteligencia artificial. Según distintos cálculos de mercado, cerca del 95% de las ventas extranjeras acumuladas hasta mayo se concentraron precisamente en ambas compañías.

No es una huida indiscriminada de Corea, sino una reducción masiva de exposición a sus dos campeones tecnológicos. Pero la diferencia es casi irrelevante para el índice: cuando Samsung y SK Hynix caen, arrastran consigo buena parte del mercado. Tres valores llegaron a explicar el 87% de la capitalización ganada por el Kospi durante el rally.

Taiwán y Japón reciben el contagio

La presión no se limita a Seúl. Taiwán depende de TSMC y de su ecosistema de fabricantes, mientras Japón concentra algunas de las compañías más importantes de maquinaria para chips, pruebas electrónicas y materiales avanzados. Los tres mercados forman la columna vertebral asiática de la inteligencia artificial.

Por eso se mueven al mismo tiempo. Las dudas sobre la rentabilidad futura de las inversiones en IA provocan ventas en Samsung, SK Hynix, TSMC, SoftBank o Advantest. Los mercados de Corea, Taiwán y Japón fueron algunos de los grandes ganadores del primer semestre, pero esa exposición común los convierte ahora en una misma operación financiera.

La burbuja que nadie quiere nombrar

El auge de los semiconductores ha estado respaldado por beneficios reales y una demanda extraordinaria. Sin embargo, las valoraciones también incorporan expectativas casi perfectas: centros de datos creciendo durante años, gasto tecnológico sin freno y una adopción inmediata de la inteligencia artificial.

Cualquier duda sobre ese escenario puede provocar correcciones violentas. Samsung llegó a caer alrededor de un 9% en una sesión reciente y SK Hynix perdió cerca del 14,6%, mientras el Kospi descendía a mínimos de tres semanas. El contraste es evidente: las empresas siguen vendiendo chips, pero el mercado empieza a preguntarse si ya había descontado demasiado crecimiento.

El won amplifica el problema

Cuando el capital extranjero abandona la Bolsa, la presión no termina en las cotizaciones. Los fondos venden acciones en wones y convierten después ese dinero en dólares u otras divisas. El resultado es una moneda más débil, importaciones más caras y una mayor dificultad para contener la inflación.

El won se ha depreciado más de un 6% frente al dólar incluso mientras Corea registraba un superávit por cuenta corriente cercano a 100.000 millones de dólares durante los cuatro primeros meses del año. Este comportamiento revela que el comercio exterior sigue siendo sólido, pero los movimientos financieros pesan más a corto plazo que las exportaciones.

Los particulares sostienen el mercado

La Bolsa surcoreana no se ha desplomado al mismo ritmo que las ventas extranjeras porque los inversores minoristas han ocupado el espacio dejado por los fondos internacionales. Los particulares compraron alrededor de 104,8 billones de wones durante el periodo, convirtiéndose en el principal soporte del mercado.

Esa resistencia evita una caída desordenada, pero también eleva el riesgo. Los pequeños inversores suelen utilizar productos apalancados y estrategias más agresivas, lo que multiplica la volatilidad cuando el mercado cambia de dirección. Una retirada extranjera prolongada obligaría al ahorro doméstico a absorber cantidades crecientes de acciones.

La alerta que llega desde Asia

El escenario más probable sigue siendo una recogida de beneficios después de una subida excepcional, no el comienzo automático de una crisis financiera. SK Hynix, de hecho, ha logrado colocar en Estados Unidos una operación de ADR valorada en más de 26.500 millones de dólares, una señal de que el apetito internacional por los chips coreanos todavía existe.

Pero el aviso no debe ignorarse. Asia ha concentrado buena parte de la euforia mundial por la inteligencia artificial, y ahora concentra también sus dudas. Cuando Corea, Taiwán y Japón caen juntos, el mercado no está cuestionando a un país: está revisando el precio de toda la revolución tecnológica.