El misterio del verano en Bolsa: por qué agosto pone nerviosos a los mercados

SB BOLSA TRADING

Cada verano vuelve la misma pregunta a Wall Street: ¿por qué los mercados parecen comportarse de forma tan distinta cuando llega agosto? No se trata únicamente de una percepción de los inversores. Históricamente, los meses estivales han concentrado algunos de los episodios de mayor volatilidad de los mercados financieros. A ello se suma otro fenómeno que suele repetirse con frecuencia: el fortalecimiento del dólar y una reducción de la liquidez que amplifica cualquier movimiento, tanto al alza como a la baja.

Aunque no existe una ley económica que obligue a que agosto sea un mal mes para la Bolsa, sí hay varios factores que explican por qué muchos gestores observan este periodo con especial cautela.

Menos liquidez, más movimientos

El principal elemento que explica el comportamiento del mercado durante el verano es la liquidez.

En términos financieros, la liquidez hace referencia a la facilidad con la que circula el dinero dentro del sistema y a la capacidad de comprar o vender activos sin provocar grandes cambios en los precios.

Durante los meses estivales disminuye la actividad de muchos fondos de inversión, bancos de inversión y grandes operadores institucionales. Las vacaciones reducen el volumen de negociación y dejan un mercado más sensible.

Cuando hay menos dinero negociándose, cualquier orden de compra o venta tiene un impacto mucho mayor sobre las cotizaciones.

Agosto acumula algunos de los mayores sobresaltos

La historia financiera ha contribuido a alimentar la fama de este periodo.

El default de Rusia en 1998, las fuertes turbulencias provocadas por la devaluación del yuan en 2015, el desplome bursátil conocido como el "Flash Crash" de agosto de 2015 o las tensiones de crédito registradas en distintos veranos han consolidado la idea de que agosto suele ser un mes especialmente delicado para los mercados.

Eso no significa que todos los veranos terminen con una crisis.

Sin embargo, la combinación de menor liquidez y mayor incertidumbre convierte cualquier sorpresa económica o geopolítica en un movimiento mucho más brusco de lo habitual.

El dólar suele convertirse en refugio

Otro comportamiento relativamente frecuente durante los meses de verano es el fortalecimiento del dólar.

Cuando aumenta la incertidumbre, muchos inversores internacionales buscan activos considerados más seguros, como la deuda del Tesoro estadounidense o la propia divisa norteamericana.

Este fenómeno puede provocar salidas de capital desde mercados emergentes y aumentar todavía más la volatilidad en los activos de riesgo.

No siempre ocurre con la misma intensidad, pero el patrón se ha repetido en numerosos episodios de tensión financiera.

La liquidez también depende de los bancos centrales

Más allá de las vacaciones, la liquidez global está muy influida por las decisiones de los bancos centrales.

Cuando la Reserva Federal o el Banco Central Europeo reducen sus compras de activos, mantienen tipos elevados o retiran estímulos monetarios, la cantidad de dinero disponible para invertir disminuye progresivamente.

Muchos analistas consideran que precisamente esa retirada gradual de liquidez explica buena parte de los movimientos registrados en los mercados durante los últimos meses.

No es únicamente una cuestión estacional: también responde al ciclo monetario.

¿Significa que llega un desplome?

No necesariamente.

Una reducción de liquidez no implica automáticamente un mercado bajista.

En numerosas ocasiones, las correcciones provocadas por un entorno de menor liquidez han servido posteriormente como punto de partida para nuevas fases alcistas.

La evolución dependerá de factores como los beneficios empresariales, la inflación, la política monetaria o el crecimiento económico.

Por eso, la menor liquidez debe entenderse más como un elemento que aumenta la sensibilidad del mercado que como una señal inequívoca de una crisis inminente.

Los inversores vigilan cada dato

Durante el verano, cualquier publicación macroeconómica adquiere una importancia mayor.

Datos de inflación, empleo, crecimiento económico o decisiones inesperadas de los bancos centrales pueden provocar movimientos mucho más intensos de lo habitual debido al reducido volumen de negociación.

A ello se añaden factores geopolíticos como conflictos internacionales, tensiones comerciales o cambios regulatorios que encuentran un mercado menos preparado para absorber noticias inesperadas.

Un patrón que se repite, pero nunca de la misma forma

Cada verano tiene su propia historia.

Algunos terminan con fuertes caídas, otros apenas registran movimientos relevantes y en ocasiones los mercados sorprenden con importantes subidas.

Lo que sí permanece prácticamente constante es el entorno de menor liquidez y el aumento de la volatilidad. Los meses estivales no están condenados a provocar un desplome bursátil, pero sí obligan a los inversores a extremar la prudencia. En un mercado donde circula menos dinero, cualquier noticia puede amplificarse y generar movimientos mucho mayores de lo habitual. Comprender cómo funciona la liquidez permite interpretar mejor por qué agosto sigue siendo, año tras año, uno de los periodos más observados por los grandes gestores internacionales.