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El Tesoro de EE.UU. tiene un informe "secreto" que ha desatado el pánico en Wall Street

Un trader especializado trabaja en una cabina en la planta de la Bolsa de Nueva York, REUTERS/Brendan McDermid

La inteligencia artificial se ha convertido en el principal motor de Wall Street, pero también empieza a generar preocupación entre las instituciones estadounidenses. Un borrador interno del Departamento del Tesoro, obtenido por el medio NOTUS y cuya autenticidad ha sido objeto de debate dentro del propio organismo, analiza los riesgos derivados del extraordinario auge de las empresas vinculadas a la IA y plantea una pregunta que hasta hace poco parecía impensable: ¿está gestándose una nueva burbuja tecnológica?

La cuestión resulta especialmente relevante porque llega en un momento en el que las grandes compañías tecnológicas concentran una parte creciente de la capitalización bursátil estadounidense y de las inversiones mundiales en infraestructuras digitales.

Un riesgo diferente al de las puntocom

El informe establece una diferencia fundamental respecto a la burbuja de las empresas de internet de comienzos de los años 2000.

Entonces, muchas compañías apenas generaban ingresos y dependían casi exclusivamente de las expectativas de crecimiento futuro.

Hoy, los gigantes de la inteligencia artificial presentan una realidad distinta. Empresas como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Amazon generan beneficios multimillonarios y cuentan con negocios consolidados.

Sin embargo, el documento advierte de que precisamente esa mayor integración en la economía podría amplificar el impacto de una eventual corrección.

El verdadero riesgo es el efecto contagio

La preocupación del Tesoro no gira únicamente en torno a las valoraciones bursátiles.

Según el borrador, una desaceleración brusca de las inversiones en inteligencia artificial podría extenderse a numerosos sectores que hoy dependen directamente del desarrollo de esta tecnología.

Entre ellos aparecen los mercados bursátiles, el crédito privado, las empresas que financian centros de datos, los proveedores de servicios en la nube, los fabricantes de semiconductores e incluso las compañías eléctricas, cuya expansión está estrechamente ligada al aumento de la demanda energética de los centros de procesamiento de datos.

La interconexión del ecosistema tecnológico hace que el riesgo potencial vaya mucho más allá de las empresas dedicadas exclusivamente a la IA.

No habla de un desplome inmediato

Pese al tono prudente del documento, conviene matizar su alcance.

Los propios analistas del Tesoro no plantean un escenario de crisis financiera comparable al de 2008 ni anticipan un hundimiento inminente de los mercados.

El escenario que describen pasa por una posible reducción de las inversiones, menores expectativas de crecimiento, pérdida de confianza de los inversores y un crecimiento económico más lento si las promesas de rentabilidad de la IA no llegan a materializarse.

El Gobierno mantiene públicamente su apuesta por la IA

La existencia de este borrador contrasta con el discurso oficial de Washington.

Mientras los analistas internos estudian los posibles riesgos sistémicos, la Administración estadounidense continúa defendiendo que la inteligencia artificial representa una oportunidad estratégica para aumentar la productividad y reforzar el liderazgo tecnológico del país. El propio Departamento del Tesoro ha publicado durante los últimos años varios informes centrados en promover una adopción responsable de la IA y en gestionar sus riesgos en el sector financiero.

El propio Tesoro ha señalado, además, que el borrador filtrado no representa la posición oficial del departamento y que fue elaborado como un documento interno de trabajo.

Una concentración que preocupa a los inversores

La preocupación de fondo no reside únicamente en las valoraciones de las grandes tecnológicas.

El fuerte peso que unas pocas compañías relacionadas con la inteligencia artificial han adquirido dentro de los principales índices bursátiles hace que cualquier corrección relevante pueda tener consecuencias sobre millones de fondos de inversión, planes de pensiones y carteras de ahorro.

La enorme inversión realizada en centros de datos, chips de última generación y nuevas infraestructuras digitales también ha incrementado la exposición de bancos, fondos de crédito privado y empresas energéticas.

¿Burbuja o transformación económica?

El debate sigue abierto.

Algunos economistas consideran que el entusiasmo actual recuerda inevitablemente a la euforia de las puntocom.

Otros sostienen que la comparación resulta limitada porque las empresas líderes de la IA cuentan hoy con ingresos, beneficios y posiciones competitivas muy superiores a las de aquellas compañías tecnológicas que desaparecieron tras el año 2000.

La consecuencia es clara. El verdadero riesgo no parece ser un colapso inmediato de la inteligencia artificial, sino el elevado grado de dependencia que los mercados financieros han desarrollado respecto a su crecimiento. Si las expectativas de productividad, monetización o inversión se ralentizan, el impacto podría extenderse mucho más allá de Silicon Valley y afectar a buena parte del sistema financiero mundial.