Trump avisa a China: «No queremos que domine cripto ni IA»

Donald Trump

El presidente de Estados Unidos convierte la inteligencia artificial y las criptomonedas en una cuestión de hegemonía económica y advierte de la ventaja energética de Pekín.

Donald Trump ha vuelto a situar la competición tecnológica con China en el centro de su estrategia económica. El presidente estadounidense asegura que Washington no puede permitir que Pekín tome la delantera ni en inteligencia artificial ni en criptomonedas, dos sectores que considera decisivos para el poder financiero e industrial de las próximas décadas.

«No queremos ver a China hacerse con las criptomonedas» y «no quiero ver a China ganar con la IA», afirmó Trump en una entrevista con Punchbowl News recogida por Baha News. Su mensaje trasciende al Bitcoin: detrás aparece una batalla por controlar capital, chips, centros de datos y, sobre todo, energía.

Una carrera por el poder económico

Trump lleva meses vinculando explícitamente el liderazgo tecnológico con la seguridad nacional. La Casa Blanca sostiene que Estados Unidos debe mantenerse como potencia dominante en inteligencia artificial y ha convertido esa prioridad en uno de los pilares de su política industrial.

En las criptomonedas ocurre algo parecido. En julio de 2025, Trump firmó la GENIUS Act y su Administración presentó una hoja de ruta destinada a convertir al país en la denominada «capital mundial de las criptomonedas».

La tesis presidencial es clara: quien establezca primero las infraestructuras y las reglas tendrá una ventaja difícil de revertir.

Bitcoin entra en la estrategia

Trump asegura que cada vez más personas quieren cobrar o pagar utilizando Bitcoin y otros activos digitales, una idea que ya había defendido públicamente meses atrás.

Bitcoin cotiza actualmente alrededor de 64.800 dólares, una referencia que muestra hasta qué punto estos activos se han consolidado como mercado global pese a su elevada volatilidad.

Sin embargo, el verdadero objetivo de Washington no parece limitarse al precio. El Gobierno estadounidense busca que empresas, infraestructura financiera, regulación y reservas estratégicas permanezcan bajo influencia norteamericana antes de que otras potencias construyan sistemas alternativos.

China tiene un arma decisiva: energía

El punto más llamativo de las declaraciones de Trump aparece cuando habla de electricidad. El presidente sostiene que China dispone de una ventaja porque puede ampliar rápidamente su generación mediante carbón, petróleo y gas, algo particularmente relevante para alimentar centros de datos.

Los números explican la preocupación. El consumo eléctrico mundial de los centros de datos aumentó un 17% en 2025, mientras las cinco mayores tecnológicas elevaron su inversión conjunta por encima de 400.000 millones de dólares. Para 2026, la Agencia Internacional de la Energía prevé que ese gasto aumente otro 75%.

La IA se está convirtiendo también en una carrera energética.

El músculo energético de Pekín

China conserva una capacidad difícil de replicar a corto plazo. El carbón todavía produjo aproximadamente el 58% de su electricidad en 2024, pese al gigantesco despliegue paralelo de renovables.

Además, China concentró alrededor del 25% del consumo eléctrico mundial de centros de datos en 2024, frente al 45% de Estados Unidos.

Trump cuestiona en este contexto la apuesta por la energía eólica y reclama fuentes capaces de suministrar grandes cantidades de electricidad de manera constante. El debate deja así de ser exclusivamente tecnológico: cada nuevo modelo avanzado necesita chips, pero también redes eléctricas, generación estable y permisos para construir centros de datos.

Cripto no significa lo mismo en China

Existe, no obstante, una paradoja. Pekín mantiene fuertes restricciones sobre las criptomonedas descentralizadas desde 2021, mientras desarrolla activamente su propia infraestructura monetaria digital y el yuan digital.

Por tanto, la amenaza que describe Trump no necesariamente implica que China vaya a adoptar Bitcoin siguiendo el modelo estadounidense. La competencia puede producirse en otro terreno: sistemas de pago digitales, blockchain, stablecoins, monedas estatales y mecanismos capaces de reducir la dependencia internacional del dólar.

Para Washington, perder influencia en ese ecosistema significaría ceder parte de una ventaja financiera acumulada durante décadas.

La batalla que condicionará la próxima década

La coincidencia entre IA y criptomonedas no es accidental. Ambas necesitan capital abundante, electricidad barata, semiconductores avanzados y un marco regulatorio competitivo. Quien controle esas cuatro piezas tendrá capacidad para atraer empresas, talento e inversión.

La propia Casa Blanca ha definido la carrera de la inteligencia artificial como una cuestión directamente relacionada con el equilibrio mundial de poder.

El diagnóstico que plantea Trump es, por tanto, mucho más amplio que una defensa del Bitcoin. Estados Unidos y China compiten por decidir dónde se construirá la infraestructura digital de la próxima generación. Y esta vez, la materia prima fundamental no será únicamente el petróleo: serán los chips, los datos y los megavatios.