Bitcoin recupera terreno mientras Trump debilita al dólar
La última intervención del presidente Trump, en un discurso de casi dos horas, no solo agitó el tablero político en Washington: también alteró, aunque de forma desigual, el pulso de los mercados globales. Bitcoin llegó a repuntar cerca de un 3% antes de la alocución y consiguió consolidarse con holgura por encima de los 65.000 dólares, esquivando por ahora el temido regreso a la zona de los 60.000. Al mismo tiempo, el dólar se debilitó frente a las principales divisas, mientras la plata firmaba avances similares a los de la criptomoneda y las rentabilidades de la deuda a largo plazo retrocedían. En paralelo, India aprovechaba un resquicio jurídico en EE.UU. para seguir comprando crudo ruso, desafiando la estrategia de sanciones de la Casa Blanca.
Una madrugada de vaivenes: del Capitolio a los mercados globales
La sesión asiática y las primeras horas en Europa se despertaron mirando a Washington. El discurso del Estado de la Unión de Trump llegaba en un momento de elevada sensibilidad: fortaleza del dólar en los últimos meses, tipos largos tensionados y un mercado cripto a mitad de camino entre la corrección y un posible nuevo tramo alcista. La reacción inicial fue clara: el billete verde perdió terreno frente al euro, con el cruce acercándose a la zona de 1,18 dólares por euro, mientras los activos de riesgo optaban por la cautela.
Los grandes índices estadounidenses —S&P 500, Nasdaq y Dow Jones— cerraron prácticamente planos, reflejando un mensaje político sin grandes anuncios económicos ni sorpresas en materia regulatoria. Sin embargo, el movimiento bajo la superficie fue más elocuente: la plata avanzó en torno a un 3%, los tipos de los bonos a largo plazo retrocedieron varios puntos básicos y Bitcoin consolidó posiciones tras un fuerte repunte previo al discurso. Este hecho revela un mercado que ya no reacciona en bloque, sino que discrimina entre activos según su exposición al riesgo político y a las sanciones.
Bitcoin esquiva la ‘cruz de la muerte’ y consolida los 65.000
En el universo cripto, la atención estaba puesta en dos elementos: el tono de Trump respecto a la regulación y el comportamiento técnico de Bitcoin. Minutos antes de que el presidente subiera al estrado, la criptomoneda reina registró un repunte cercano al 3% en la Costa Este, interpretado por muchos operadores como una apuesta anticipada a algún guiño regulatorio. Esa expectativa se centraba en la llamada Clarity Act, la norma que el mercado veía como posible catalizador de una nueva fase institucional para los criptoactivos.
La realidad fue menos excitante. No hubo ni una sola referencia a la Clarity Act, ni a un marco más claro para el sector. Pese a ello, Bitcoin logró mantenerse cómodo por encima de los 65.000 dólares, esquivando por el momento el descenso hacia la zona de los 60.000 que habría activado la temida cruz de la muerte —la señal técnica que se produce cuando la media móvil de corto plazo cae por debajo de la de largo plazo y que muchos asocian con fases bajistas prolongadas. Lo más relevante es que, pese a la ausencia de novedades regulatorias, el precio no se desplomó, lo que sugiere que la presión vendedora se ha moderado.
El diagnóstico es inequívoco: el mercado está dispuesto a convivir con la incertidumbre regulatoria mientras perciba que la narrativa macro —debilidad del dólar, tipos largos a la baja y tensiones geopolíticas— sigue jugando a favor de activos alternativos.
Señales desde la minería: la tasa de hash vuelve a acelerar
Más allá del precio, las miradas más estructurales se centran en la tasa de hash, el indicador que mide la potencia de cálculo dedicada a la red de Bitcoin. Tras semanas de comportamiento errático, esa métrica empieza a mostrar una recuperación sostenida, lo que indica que los mineros están volviendo a poner capacidad en marcha o a invertir en equipos más eficientes. No se trata solo de una oscilación de corto plazo del ciclo minero: refleja confianza en la rentabilidad futura del activo.
Varios analistas establecen en este punto un interesante paralelo con el mercado del oro. Históricamente, las fases de acumulación silenciosa de oro por parte de bancos centrales y gobiernos han precedido, en no pocas ocasiones, a rupturas alcistas de gran calado en el metal precioso. Algo similar podría ocurrir si actores estatales —de forma directa o a través de empresas públicas— decidieran aumentar su presencia en la minería de Bitcoin o en la tenencia de reservas cripto.
La hipótesis es aún incipiente, pero el contraste con la falta de claridad regulatoria en Washington resulta demoledor. Mientras el debate político en EE.UU. se enreda en definiciones jurídicas, la infraestructura de la red Bitcoin sigue expandiéndose. La consecuencia es clara: cada punto porcentual adicional de tasa de hash refuerza la seguridad de la red y dificulta que eventuales prohibiciones o restricciones puedan desmantelar el sistema.
Un dólar más débil y el refugio en metales y deuda
El otro gran protagonista de la noche fue el dólar, que cedió terreno frente a una cesta de divisas tras el discurso. La pérdida de impulso del billete verde se hizo evidente especialmente frente al euro, con el cruce aproximándose al mencionado nivel de 1,18. Los operadores interpretaron el tono de Trump como firme en lo geopolítico, pero pobre en detalles económicos, lo que redujo la expectativa de nuevas medidas que reforzaran la demanda internacional de activos denominados en dólares.
En paralelo, la plata avanzó cerca de un 3%, situándose entre los activos más alcistas de la sesión, mientras el oro reaccionó de forma más contenida. Este comportamiento sugiere un movimiento defensivo pero selectivo: los inversores se inclinaron por metales con mayor beta a episodios de incertidumbre, al tiempo que reducían exposición en el billete verde.
La deuda pública estadounidense a largo plazo también ofreció pistas clave: las rentabilidades de los bonos bajaron varios puntos básicos, reflejando una búsqueda de refugio moderada pero constante. “Los mercados parecen haber escuchado un discurso de política exterior más que un plan económico”, resumía un gestor. En este entorno, la preferencia por activos alternativos como Bitcoin encaja en un patrón clásico: cuando el dólar se debilita y los tipos a largo ceden, las apuestas por activos escasos tienden a reactivarse.
India, petróleo ruso y los límites de las sanciones
Mientras Washington centraba la atención mediática, en el plano geopolítico se producía un movimiento de calado. Una reciente sentencia del Tribunal Supremo estadounidense ha acotado el margen de maniobra de la Casa Blanca en materia arancelaria, limitando la capacidad del Ejecutivo para aplicar ciertos castigos comerciales sin un respaldo más sólido del Congreso. Este matiz jurídico tiene consecuencias tangibles: India puede seguir comprando petróleo ruso con menos riesgo de represalias directas inmediatas.
Este hecho revela los límites prácticos de la estrategia de sanciones de Washington. A pesar de años de presión sobre Moscú y de llamamientos a los aliados para reducir la dependencia del crudo ruso, Nueva Delhi mantiene su línea: aprovechar descuentos y asegurar el suministro energético de una economía que crece a ritmos superiores al 6% anual. El contraste con la narrativa oficial estadounidense resulta evidente.
En Asia, además, el gigante bancario HSBC anunció una caída significativa en su beneficio antes de impuestos, aunque compensada parcialmente por unos ingresos por encima de lo previsto. La lectura de los mercados fue matizada: debilidad en márgenes, pero una actividad que resiste. En conjunto, estos elementos dibujan un escenario en el que el centro de gravedad económico se desplaza hacia Asia, mientras el orden financiero dominado por el dólar afronta pruebas de esfuerzo cada vez más frecuentes.
Trump, Irán y el mensaje ambiguo sobre seguridad global
Uno de los pasajes más sensibles del discurso de Trump giró en torno a Irán y al riesgo nuclear. El presidente mantuvo una postura de firmeza, aunque dejó abierta la puerta a la negociación. En sus palabras, estaba dispuesto a hablar, pero reiteró que «no permitirá que Teherán posea armas nucleares». Esta combinación de amenaza implícita y oferta de diálogo alimenta una sensación de ambigüedad calculada que los mercados conocen bien.
Lo más grave para los inversores no fue tanto el tono como la ausencia de concreción en materia económica. No hubo anuncios relevantes sobre gasto, impuestos o regulación financiera. Tampoco sobre el ya citado marco regulatorio cripto. De ahí que la reacción de Bitcoin fuera menos explosiva de lo que muchos traders apostaban: sin catalizador regulatorio, el mercado optó por mantener niveles, no por iniciar una nueva escalada vertical.
La consecuencia es clara: la prima de riesgo geopolítico sigue elevada, pero la falta de detalles limita la capacidad de los inversores para reajustar posiciones de forma drástica. En este vacío, activos como Bitcoin se convierten en termómetros de expectativas más que en reflejo directo de decisiones políticas concretas.