El anillo cripto de 135€ que muchos ya llaman “la nueva Ledger”
A estas alturas, el usuario cripto medio acumula más hardware del que admite: wallets frías y calientes, con pantalla y sin ella, algunas del tamaño de un pendrive y otras casi como un móvil. Todas prometen lo mismo: proteger claves y conectarse a una app.
En ese mar de dispositivos, de vez en cuando aparece algo que obliga a levantar la ceja.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido con Tangem Ring, un anillo-wallet de unos 135 euros que aspira a combinar seguridad bancaria y joyería minimalista.
La propuesta es tan simple como radical: sacar el chip seguro de la tarjeta Tangem y meterlo en un anillo de zirconia cerámica, sin frase semilla, sin exportar claves y con respaldo en dos tarjetas NFC. La pregunta es obvia: ¿estamos ante una verdadera innovación en custodia o ante el enésimo envoltorio ‘cool’ para un problema de siempre?
De las tarjetas al anillo inteligente
Tangem no llega de nuevas. Sus tarjetas-wallet, ya en segunda generación, cambiaron el concepto de hardware wallet: nada de pantallas ni botones, solo un plástico con chip NFC que se activaba acercándolo al teléfono. El anillo es la evolución lógica de esa idea.
En el Tangem Ring, la clave privada no se genera en una web ni se anota en papel. Se crea dentro del chip del propio anillo en el momento de la activación y nunca sale de ahí en texto legible. No hay seed phrase estándar de 12/24 palabras, no se puede exportar a otra wallet y no existe “fuera” del ecosistema Tangem.
El material también es parte del mensaje. La carcasa es de cerámica de zirconia, un compuesto similar al metal en dureza y peso, pero sin las interferencias que provocaría un anillo metálico sobre la antena NFC. Es hipoalergénico, resistente a rayaduras y, según la marca, soporta agua, polvo y temperaturas extremas bajo certificación IP69K.
La apuesta de diseño es clara: convertir la hardware wallet en un objeto que se lleva puesto a diario, como un reloj o una alianza. Menos cajita en el cajón y más dispositivo integrado en la vida cotidiana del usuario cripto. La cuestión es si ese cambio de forma se traduce en un salto real de fondo.
Cómo funciona un ‘cold wallet’ en tu dedo
El uso diario del Tangem Ring se apoya en algo que casi cualquier usuario ya domina: el NFC del móvil. El flujo es directo:
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Descargas la app de Tangem.
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Acercas el anillo al smartphone para activarlo.
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El chip interno genera la clave privada aleatoria.
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Durante el proceso, se sincronizan y cifran las copias en las dos tarjetas incluidas.
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A partir de ahí, cada operación requiere volver a acercar el anillo y autenticarse (PIN o biometría).
No hay cables, ni baterías, ni pantallas. El anillo actúa como firma física: sin él (o sin las tarjetas de respaldo) no se puede mover ni un satoshi. En la práctica, el dispositivo se comporta como una hardware wallet clásica: puedes enviar, recibir, comprar, intercambiar y firmar transacciones de miles de criptomonedas y tokens desde la app.
La diferencia está en la relación psicológica con el dispositivo. Un pendrive olvidado en un cajón puede pasar meses sin usarse. Un anillo en el dedo se convierte en recordatorio constante de que llevas tu patrimonio encima. Para algunos será una ventaja —acceso inmediato, menos riesgo de “olvido”—; para otros, una fuente adicional de ansiedad.
El sistema obliga, además, a ciertos hábitos: el anillo hay que quitárselo del dedo para pagar (no se firma “sin querer”), acercarlo al móvil y pasar una barrera de seguridad adicional. Es una mezcla de ritual y fricción que busca un equilibrio delicado entre comodidad y prudencia.
Copias de seguridad sin papel… pero con dependencia
El pack del Tangem Ring incluye dos tarjetas NFC que no están de adorno. Durante la activación, la clave privada generada en el anillo se replica —de forma cifrada— en cada una de ellas. En la práctica, esos plásticos actúan como backups físicos.
Las ventajas son evidentes:
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Redundancia: si pierdes, rompes o te roban el anillo, puedes recuperar la wallet con una sola tarjeta.
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Doble respaldo: las dos tarjetas son copias de seguridad independientes, guardables en sitios distintos.
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Sin papel: desaparecen los riesgos asociados a la seed phrase escrita en una hoja —foto en la nube, pérdida, copia insegura, etc.—.
El diseño está pensado para el usuario que nunca se sintió cómodo escribiendo 24 palabras y escondiéndolas bajo el colchón. Aquí no hay papel, ni fotos, ni archivos de texto. Pero la otra cara de la moneda es clara: dependencia total del ecosistema Tangem.
Si en el futuro quisieras migrar esa clave a otra wallet, no podrías hacerlo de forma estándar porque no conoces la seed en texto claro (a menos que optes por generar o importar una frase semilla compatible desde el principio, opción que también contempla el sistema). Es una propuesta de seguridad que se aleja del “not your keys, not your coins” clásico y que exige al usuario preguntarse cuánto confía en un proveedor concreto a 25 años vista, la duración mínima que promete el fabricante para sus dispositivos.
Certificaciones, auditorías y la promesa de 25 años
Tangem no se limita a vender diseño. El discurso de seguridad se apoya en estándares y nombres conocidos en la industria. El chip interno presume de certificación CC EAL6+, un nivel propio de tarjetas bancarias y documentos de identidad avanzados, pensado para resistir ataques físicos e invasivos.
El conjunto se declara a prueba de agua, polvo y altas presiones (IP69K) y protegido por una antena interna diseñada para soportar el uso diario sin degradarse. Sobre el papel, el anillo está preparado para firmar transacciones durante 25 años como mínimo, según la garantía del fabricante.
En el plano del software, firmware y app han sido auditados por empresas externas como Kudelski Security y Riscure, dos nombres habituales en auditorías de dispositivos criptográficos. Un elemento importante: el firmware del anillo no es actualizable, lo que reduce el riesgo de que una actualización maliciosa o defectuosa comprometa claves ya generadas.
A favor: ninguna hardware wallet de Tangem ha sido hackeada públicamente desde su lanzamiento, según la propia compañía. En contra: cualquier fallo de diseño que apareciera más adelante sería más difícil de parchear vía software. De nuevo, el usuario debe decidir qué prefiere: un dispositivo inmutable cuyo código ha pasado por auditorías, o uno actualizable que introduce la variable extra de confiar en futuras versiones.
Precio, diseño y público objetivo
Con un precio en torno a los 135 euros, el Tangem Ring se coloca en la parte alta del mercado, pero no fuera de rango si se compara con hardware wallets “premium” con pantalla táctil o múltiples chips. A esa cifra hay que añadir, si se desea, accesorios como el tarjetero (unos 30 dólares) o posibles costes de envío e impuestos.
¿A quién va dirigido un dispositivo así? No parece pensado para el usuario que apenas guarda 50 euros en memecoins, sino para perfiles que manejan volúmenes modestos pero significativos y valoran tanto el diseño como la discreción. Un anillo cerámico negro, sin logos estridentes, llama menos la atención en un aeropuerto que una caja metálica con marca cripto reconocible.
Hay, sin embargo, matices prácticos que no conviene ignorar:
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Tallas cerradas: el anillo se ofrece en tallas US 6 a 13, y si eliges mal, no hay devolución ni cambio. La propia empresa recomienda medir con cuidado o incluso usarlo como colgante si no encaja en el dedo.
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Compatibilidad: depende de un móvil con NFC y de la app oficial; sin smartphone compatible, el producto pierde sentido.
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Reemplazo emocional: perder un anillo con valor sentimental (y monetario) no es lo mismo que perder un pendrive. La marca insiste en que las copias de las tarjetas garantizan el acceso a los fondos, pero el golpe psicológico está ahí.
En definitiva, el precio no es desorbitado, pero tampoco entra en la categoría de “gadgets baratos para trastear”. Es una compra que exige haber reflexionado sobre qué parte de tu patrimonio cripto estás dispuesto a llevar, literalmente, en el dedo.
Lo que cambia para el mercado de hardware wallets
Si algo demuestra el Tangem Ring es que el mercado de hardware wallets ha madurado hasta un punto en el que la forma importa casi tanto como el fondo. La función básica —generar y custodiar claves en un entorno aislado— está resuelta desde hace años. La batalla se libra ahora en usabilidad, diseño, integración y percepción de seguridad.
El anillo introduce tres vectores que otros fabricantes tendrán difícil ignorar:
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Formato wearable: la idea de llevar la wallet encima, igual que un reloj inteligente, abre la puerta a nuevas categorías de producto.
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Sin seed visible: el giro hacia modelos donde la frase semilla no es necesariamente conocida por el usuario, sino encapsulada en chips y backups físicos cifrados.
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Ecosistemas cerrados y auditados: más confianza en la integridad del proveedor, menos en la gestión manual de palabras y papeles.
Cada uno de estos vectores genera, a su vez, nuevas preguntas: ¿qué ocurre si una marca así desaparece? ¿Cómo se garantizan estándares abiertos de interoperabilidad si el núcleo de la clave está encapsulado? ¿Hasta qué punto estamos sustituyendo la incertidumbre técnica por una dependencia corporativa?
Lo que es indiscutible es que, con dispositivos como Tangem Ring, la hardware wallet deja de ser un objeto de nicho que se guarda en caja fuerte para convertirse en pieza visible de una identidad financiera digital. El siguiente movimiento, casi inevitable, será ver qué actores tradicionales —banca, aseguradoras, big tech— deciden copiar, integrar o competir con este tipo de soluciones.
¿Revolución o nueva capa de marketing?
¿Es el Tangem Ring la revolución de la custodia cripto o un refinamiento bien envuelto de algo que ya existía? Probablemente, un poco de ambas cosas. Desde el punto de vista técnico, el anillo no inventa una nueva criptografía, pero sí lleva al extremo una serie de tendencias claras: seed menos expuesta, backups físicos inteligentes, certificaciones altas y factor forma atractivo.
Para muchos usuarios, el principal valor estará en algo menos glamuroso que la cerámica pulida: reducir el margen de error humano. Sin papeles que perder, sin formularios que copiar mal y con un flujo de uso basado en gestos familiares (tocar el móvil, introducir un PIN, usar biometría), el riesgo de autoboicot se reduce.
El lado crítico obliga a preguntarse si esta comodidad no viene a costa de entregar parte del control a un fabricante concreto y de asumir que en 2040 Tangem seguirá existiendo y prestando soporte. También si el anillo, por muy discreto que sea, no puede convertirse en objetivo de robos selectivos en determinados entornos.
La realidad es que el mercado decidirá. Si el Tangem Ring se consolida, será porque una masa crítica de usuarios ha considerado que la ecuación seguridad + diseño + comodidad compensa los riesgos. Y si no lo hace, habrá dejado una señal clara al resto de la industria: el hardware cripto puede y debe salir del cajón, pero no a cualquier precio.