La criptoindustria se reorganiza: ballena mueve 310 millones de XRP, IA certificada, bebés con billetera y un adiós DeFi

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Ballena mueve 310 millones de XRP, Crypto.com presume sello global de inteligencia artificial, Kraken financia cuentas para recién nacidos en Wyoming, ZeroLend se rinde y Logan Paul vuelve a encender la polémica NFT con un Pokémon de 16,5 millones

La última semana deja una fotografía clara de hacia dónde se mueve el ecosistema cripto: los grandes exchanges buscan legitimidad regulatoria, los actores institucionales se acercan al ahorro a largo plazo, los proyectos DeFi más frágiles empiezan a caer… y el viejo mundo de los NFT vuelve a escena, esta vez de la mano de un récord mundial de Pokémon. Crypto.com se convierte en la primera plataforma de activos digitales con certificación internacional en gestión de IA, Kraken financia cuentas de ahorro para bebés en Wyoming, ZeroLend cierra tras ver cómo las redes donde operaba se convertían en ciudades fantasma y Logan Paul logra vender una carta de Pikachu por 16,5 millones de dólares, reabriendo viejas heridas legales. El contraste es llamativo: mientras unos se blindan con estándares ISO, otros descubren que la liquidez, la regulación y la confianza siguen siendo los verdaderos colaterales del sector.

Una sola ballena desborda el libro de órdenes de XRP

El último susto en XRP tiene origen en un único monedero asociado al ecosistema de Bitstamp. De acuerdo con validadores del XRP Ledger que siguen las operaciones de gran tamaño, esa dirección ha estado lanzando órdenes de venta de en torno a un millón de XRP una y otra vez, cancelándolas y recolocándolas casi al instante.

En apenas seis horas, alrededor de 310 millones de XRP han pasado —o han aparentado pasar— por el libro de órdenes, activando 310 avisos automáticos de “venta de ballena”. Parte de las direcciones implicadas pertenecen a actores institucionales y otras a carteras sin historial claro, lo que apunta a una mezcla de grandes profesionales y participantes difíciles de identificar.

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Crypto.com se viste de traje: primera certificación ISO de IA en el mundo cripto

Crypto.com ha decidido que la próxima batalla no será solo por comisiones o listados, sino por credenciales de cumplimiento. La compañía acaba de obtener la certificación ISO/IEC 42001:2023, un estándar internacional que define cómo deben gestionarse los sistemas de inteligencia artificial en términos de seguridad, gobernanza y trazabilidad. Es, según la propia firma, la primera plataforma de activos digitales que logra este sello.

El responsable de seguridad de la información, Jason Lau, resume el movimiento con un mensaje directo a reguladores y clientes institucionales: las soluciones de IA de la casa serán “seguras, transparentes y alineadas con las expectativas regulatorias emergentes”. Traducido al lenguaje de mercado, Crypto.com quiere estar en la mesa cuando bancos, gestoras o grandes empresas busquen socios para proyectos de IA aplicada a pagos, trading o gestión de clientes.

La certificación llega en un momento en el que el debate sobre la IA se ha desplazado desde el entusiasmo casi acrítico hacia preguntas incómodas sobre sesgos, protección de datos y resiliencia operativa. Que una plataforma cripto se someta a un estándar concebido para sectores más maduros –desde la industria farmacéutica a la automoción– es una forma de enviar un mensaje: el negocio ya no se entiende solo como “startup de alto riesgo”, sino como infraestructura crítica.

De exchange a plataforma de agentes: la nueva hoja de ruta de la compañía

El sello ISO no llega aislado. Crypto.com lleva meses explicando que la IA será uno de sus tres pilares estratégicos junto al intercambio de activos y los servicios de pagos. El lanzamiento, el pasado 9 de febrero, de ai.com va en esa línea: una plataforma que permite a los usuarios crear agentes autónomos capaces de ejecutar tareas de forma continua, desde estrategias de trading hasta flujos de trabajo corporativos.

La empresa ha empezado a ofrecer software development kits y servicios de datos adaptados a estos agentes, con la promesa de construir una red descentralizada de IA auto-mejorable que interactúe con el mundo real. El discurso de su CEO, Kris Marszalek, no escatima ambición: “agentes autónomos que realizan tareas reales para el bien de la humanidad”. Detrás de la retórica, el movimiento apunta a un objetivo muy concreto: capturar volumen de transacciones y comisiones en un futuro donde buena parte de la operativa pueda quedar en manos de bots.

La competencia ya se mueve. Coinbase ha lanzado infraestructuras de billetera diseñadas específicamente para que estos agentes puedan gastar, ganar y comerciar cripto de forma autónoma. Las llamadas “guerras de agentes de IA” en el ecosistema cripto apenas comienzan, pero el hecho de que los grandes jugadores se peleen por la primera certificación y las primeras APIs muestra que la próxima ola de negocio estará, literalmente, automatizada.

Kraken se convierte en padrino financiero de los bebés de Wyoming

En el extremo opuesto del espectro –menos IA futurista y más tejido social– se sitúa el movimiento de Kraken. El histórico exchange ha anunciado que financiará Trump Accounts para recién nacidos en Wyoming, un tipo de plan de ahorro en el que el Gobierno federal deposita 1.000 dólares por cada niño nacido entre 2025 y 2028, siempre que los padres abran la cuenta.

Hasta ahora, el programa contaba con el apoyo de gigantes de la banca tradicional como JPMorgan, Bank of America o Wells Fargo. La entrada de Kraken es algo más que una anécdota simpática: es la primera vez que un actor cripto se sienta a la mesa de un producto de ahorro público pensado a décadas vista. El exchange aportará fondos adicionales y visibilidad al programa, en un estado que ya le permitió convertirse en la primera Special Purpose Depository Institution de EE UU y que ha aprobado leyes pioneras en activos digitales.

Desde el Senado, la republicana Cynthia Lummis ha aplaudido el gesto y lo ha presentado como ejemplo de cómo la regulación crypto-friendly de Wyoming genera retornos tangibles para sus ciudadanos. Kraken, por su parte, subraya que se trata de “invertir en la próxima generación” y de devolver parte del apoyo institucional recibido. Más allá del eslogan, la jugada es estratégica: vincular la marca cripto a algo tan poco sospechoso como el ahorro infantil ayuda a suavizar la imagen de un sector todavía asociado para muchos al riesgo extremo.

ZeroLend apaga las luces: cuando las L2 se convierten en ciudades fantasma

Mientras algunos actores dan un salto hacia la respetabilidad institucional, otros viven el lado oscuro del ciclo. ZeroLend, un protocolo DeFi de préstamos centrado en Layer 2 de Ethereum, ha anunciado que cerrará operaciones tras tres años de actividad. El proyecto, que llegó a gestionar cerca de 359 millones de dólares en valor bloqueado (TVL) en noviembre de 2024, ha visto cómo esa cifra se desplomaba hasta 6,6 millones, según datos de DefiLlama.

El fundador, conocido como “Ryker”, ha explicado en X que la decisión responde a un cóctel letal: cadenas cada vez más ilíquidas, redes con actividad residual y proveedores de oráculos retirando soporte. Cuando los oráculos –esos servicios que traen precios y datos del mundo exterior a los contratos inteligentes– abandonan un ecosistema, la infraestructura queda literalmente a oscuras. A todo ello se suma el aumento de ataques y exploits, que han estrechado unos márgenes ya de por sí mínimos en el negocio del crédito descentralizado.

El token ZERO ha reaccionado en consecuencia: caída del 34% en apenas 24 horas y pérdida de prácticamente todo su valor respecto al máximo de mayo de 2024. Ryker insta a los usuarios a retirar fondos cuanto antes y promete actualizaciones de contrato inteligente para liberar activos atrapados en cadenas deterioradas. Los afectados por un exploit registrado en febrero de 2024 sobre la red Base recibirán, según el equipo, un reembolso parcial vía airdrop.

El fin de una era para las L2 que no despegaron

El cierre de ZeroLend no es solo la historia de un protocolo mal gestionado. Es, sobre todo, un síntoma de que no todas las soluciones de escalado de Ethereum han logrado masa crítica. El propio Vitalik Buterin ha llegado a sugerir que la visión original de un ecosistema de L2 disperso “ya no tiene sentido” y que el foco debe volver a un mainnet más eficiente o a un puñado de redes realmente relevantes.

Para los proyectos que apostaron por L2 hoy abandonadas o marginales, el resultado es demoledor: liquidez evaporada, usuarios atrapados en ecosistemas sin soporte y equipos obligados a elegir entre migrar –con el coste reputacional que ello implica– o bajar la persiana. ZeroLend ha optado por la segunda vía, con un mensaje que deja una moraleja clara: en DeFi, la verdadera descentralización no sirve de nada si nadie se queda en la ciudad.

El contraste con la narrativa de 2021-2022, cuando cada nueva L2 se vendía como el próximo gran “hub de liquidez”, resulta elocuente. La criba actual muestra que el mercado está premiando menos experimentos y más profundidad real, y que los recursos de los usuarios no son infinitos para sostener decenas de copias de los mismos protocolos en redes diferentes.

Logan Paul, 16,5 millones por un Pikachu y viejos fantasmas NFT

En el terreno más mediático, el protagonista vuelve a ser Logan Paul. El creador de contenido ha vendido su codiciada carta Pikachu Illustrator por 16,5 millones de dólares, estableciendo un récord Guinness como la tarjeta Pokémon más cara jamás transaccionada. El comprador ha sido AJ Scaramucci, hijo del conocido inversor Anthony Scaramucci. Paul habría adquirido la carta por unos 5,3 millones en 2021, por lo que el beneficio neto rondaría los 8 millones, descontadas comisiones.

Pero, fiel a su estilo, el éxito económico llega acompañado de polémica. En 2022, Paul fraccionó la propiedad de esa misma carta a través de la plataforma Liquid Marketplace, vendiendo tokens que representaban “participaciones” en el activo. El proyecto terminó en problemas: la plataforma quedó inactiva, los inversores no podían retirar fondos y el regulador de Ontario presentó una demanda en 2024 que sigue su curso, con audiencia prevista para junio.

Juristas especializados en cripto, como Gabriel Shapiro, han calificado el episodio como un “caso clásico de tokenización basura”, al considerar que esos tokens no otorgaban derechos legales claros sobre la carta. Paul asegura que él mismo ha financiado la recuperación de la plataforma para permitir retiradas y que los problemas se debieron a factores externos. Pero el historial pesa: su proyecto CryptoZoo ya acabó en 2023 en una demanda colectiva, cerrada en 2025 tras un programa de recompra, y un NFT de la colección 0N1 Force que compró por 635.000 dólares vale hoy menos de 2.000.

Todo ello se produce en un mercado NFT que atraviesa su propio invierno: la capitalización total ha caído más de un 50% desde principios de 2026, de 3.200 millones a 1.550 millones de dólares, y plataformas como Rodeo o Nifty Gateway han echado el cierre. La moraleja es sencilla: los récords individuales no tapan la fatiga estructural de un segmento que busca aún su utilidad más allá de la especulación.

Un ecosistema que madura entre certificaciones, cierres y causas pendientes

El mosaico de la semana deja una conclusión clara: la industria cripto vive una fase de maduración forzada. Mientras unos proyectos se blindan con estándares ISO y acuerdos con programas de ahorro infantil, otros descubren que operar en redes sin liquidez o prometer rentabilidades sobre activos tokenizados puede acabar en cierres abruptos y pleitos regulatorios.

La apuesta de Crypto.com por la IA certificada y el movimiento de Kraken en Wyoming apuntan a un futuro más institucional y regulado, donde la confianza se construye con auditorías, normas y vínculos con políticas públicas. Al mismo tiempo, la caída de ZeroLend y la saga de Logan Paul recuerdan que las burbujas de narrativa –L2 infinitas, NFT de coleccionista– terminan encontrando la realidad de los flujos, la ley y la paciencia de los usuarios.

El diagnóstico, por ahora, es inequívoco: la próxima fase del sector no se jugará solo en el terreno de la tecnología, sino en la capacidad de cada actor para demostrar que puede sobrevivir a la criba de la liquidez, la regulación y la opinión pública. Y esa es una partida que ni siquiera un Pikachu de 16,5 millones garantiza ganar.