Dow Jones se dispara 900 puntos ante la esperanza de tregua con Irán

Dow Jones se dispara 900 puntos ante la esperanza de tregua con Irán

El mercado celebra las señales de desescalada entre Washington y Teherán, aunque el petróleo, la inflación y el estrecho de Ormuz siguen marcando el verdadero nivel de riesgo.

Más de 900 puntos en el Dow en plena sesión y un S&P 500 firmando su mejor jornada en diez meses. Wall Street giró con violencia este martes después de que los inversores interpretaran dos mensajes como una posible puerta de salida a la guerra con Irán: la disposición del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, a poner fin al conflicto con garantías contra futuros ataques, y la apertura de Donald Trump a cerrar la campaña militar en un plazo corto. La reacción fue inmediata: menos tensión geopolítica equivale, en términos de mercado, a menos presión sobre el crudo, menos miedo inflacionista y más apetito por el riesgo. El problema es que el rebote descansa, por ahora, sobre señales políticas todavía incompletas.

Un rebote de manual tras un mes de pánico

El movimiento tuvo algo de alivio técnico y mucho de corrección emocional. El Dow Jones llegó a dispararse más de 1.000 puntos, mientras el S&P 500 avanzó en torno al 2,5% y el Nasdaq superó el 3%, recuperando parte de las pérdidas acumuladas durante un marzo especialmente áspero para los activos de riesgo. No es un matiz menor: el mercado venía de un trimestre que diversas firmas ya calificaban como el peor para la renta variable estadounidense desde 2022, con el Dow y el Nasdaq entrando en zona de corrección y el S&P encajando una caída cercana al 8% en el mes.

Este hecho revela que el mercado no estaba esperando una mejora de beneficios empresariales ni un giro macroeconómico de fondo; lo que estaba esperando era una reducción del peor escenario posible. Y en cuestión de horas, ese escenario dejó de parecer inevitable.

El petróleo sigue dictando la sesión

La clave de la jornada no estuvo solo en las bolsas, sino en el crudo. El Brent llegó a bajar un 2,8% hasta 104,42 dólares, mientras el WTI retrocedía hacia 101,88 dólares, una señal suficiente para que el mercado rehiciera, aunque solo parcialmente, la prima de riesgo geopolítica que venía cargando desde el inicio de la guerra.

Sin embargo, lo más grave es que ese descenso se produce después de uno de los episodios más violentos que ha vivido el mercado energético en años: el petróleo ha llegado a dispararse durante marzo y varias crónicas financieras hablan ya de su mayor subida mensual registrada, con el Brent tocando la zona de los 117 dólares en plena escalada. La consecuencia es clara: cada rumor de paz enfría las expectativas de inflación, pero cada recaída militar vuelve a poner el foco en un posible shock energético global. Mientras el barril siga por encima de 100 dólares, la calma será solo relativa.

El mercado compra titulares, no certezas

La secuencia que desató el rally es reveladora. Por un lado, trascendió que Pezeshkian estaría dispuesto a terminar la guerra si hay garantías contra nuevos ataques. Por otro, medios estadounidenses informaron de que Trump contempla poner fin a la ofensiva incluso aunque el estrecho de Ormuz no se reabra de forma inmediata. Además, las instituciones europeas volvieron a insistir en la desescalada y en la defensa de la libertad de navegación.

Pero el diagnóstico es inequívoco: el mercado está descontando una hipótesis, no un acuerdo. De hecho, en las últimas horas Teherán ha negado en otras ocasiones que existan negociaciones directas con Washington, y varios analistas advierten de que el rebote puede acabar siendo otra falsa salida si no cristaliza en hechos verificables. En otras palabras, Wall Street ha comprado esperanza. No todavía paz.

Hormuz continúa siendo la gran amenaza

Toda la arquitectura del rebote depende de una variable que sigue sin resolverse: el estrecho de Ormuz. Por esa ruta pasa alrededor del 20% del petróleo mundial, y su bloqueo o restricción altera no solo el precio del crudo, sino también seguros marítimos, fletes, cadenas de suministro y expectativas de crecimiento. Trump ha sugerido que otros países tomen la iniciativa para reabrirlo, pero la realidad es bastante menos automática.

Expertos del sector alertan de que operaciones más agresivas sobre infraestructuras clave elevarían el riesgo militar sin garantizar un final rápido del conflicto. El contraste con otras crisis resulta demoledor: en anteriores episodios de tensión regional, el mercado tendía a asumir que el suministro acabaría normalizándose; hoy, después de semanas de guerra y con ataques cruzados sobre infraestructuras, esa fe es mucho más limitada. Por eso el repunte bursátil tiene un techo evidente: sin seguridad en Ormuz, la prima de riesgo energético no desaparece. Solo se encoge.

La inflación vuelve al centro del tablero

La lectura económica de fondo es todavía más incómoda. La zona euro registró en marzo una inflación del 2,5%, frente al 1,9% de febrero, impulsada en gran medida por el repunte energético. En paralelo, la energía volvió a crecer un 4,9%, y en Estados Unidos la gasolina ya se mueve por encima de los 4 dólares por galón.

Este dato cambia por completo la lógica de los bancos centrales. Hasta hace apenas unas semanas, el debate giraba en torno a recortes de tipos; ahora vuelve a plantearse si la Reserva Federal y el BCE deberán retrasar cualquier alivio o incluso endurecer el tono para evitar una segunda ola inflacionista. Sin embargo, en la sesión de este martes los rendimientos de la deuda bajaron, con el bono estadounidense a diez años alrededor del 4,31%, porque el mercado leyó que una tregua reduciría parte del daño. Ese alivio, no obstante, sigue siendo muy reversible. La inflación importada no desaparece con un titular; desaparece cuando cae de verdad el coste de la energía.

Tecnología, bonos y divisas: así se repartió el alivio

No sorprende que la tecnología haya liderado el movimiento. Cuando el petróleo afloja y los bonos corrigen a la baja, el mercado vuelve a premiar crecimiento, duración y múltiplos altos. De ahí el mejor comportamiento del Nasdaq y la rápida rotación hacia grandes nombres tecnológicos y biotecnológicos. También ayudó un factor menos visible pero igual de importante: el final de trimestre. Varias casas de análisis advirtieron de que parte del salto pudo amplificarse por reajustes de carteras y compras tácticas de cierre de mes.

En divisas, el dólar cedió algo de terreno y el euro volvió a moverse en el entorno de 1,15 dólares, aunque el billete verde sigue encaminado a su mejor trimestre desde 2024. La lectura es sencilla: el mercado no ha recuperado la confianza estructural, solo ha rebajado el precio del miedo. Y cuando el miedo afloja, los activos más castigados son los primeros en rebotar. Pero eso no significa que el riesgo haya dejado de existir.