Los futuros del índice industrial se imponen al Nasdaq

El Dow Jones lidera el rebote gracias a Lilly y Super Micro

Dow Jones - Nasdaq

El arranque de sesión en Wall Street deja un mensaje nítido: el dinero se está refugiando en el Dow Jones. Los futuros del índice industrial suben en torno a un 0,25%, frente al avance mucho más moderado del S&P 500 (+0,12%) y el retroceso del Nasdaq 100 (−0,27%), en una jornada en la que el rebote depende de solo dos nombres: Eli Lilly y Super Micro Computer, que se disparan cerca de un 10% en la preapertura. Al mismo tiempo, el segmento de software y servicios encadena la peor racha desde marzo de 2020, con un desplome superior al 12% en cinco sesiones, y pesos pesados de la narrativa de IA como Advanced Micro Devices (AMD) ceden en torno a un 10% tras guías de ingresos más débiles. El contraste es evidente: el capital rota desde las historias más etéreas ligadas a la inteligencia artificial hacia compañías con beneficios visibles, flujos de caja sólidos y capacidad de fijar precios. En paralelo, el sector consumo lanza señales de fatiga —con caídas del 3,5% en Mondelez y del 6,4% en Chipotle—, mientras la política añade ruido: el último cierre parcial del Gobierno de Estados Unidos ha retrasado datos clave de empleo, obligando al mercado a operar casi a ciegas en el frente macro.

Un Dow que se desmarca del Nasdaq

Que el Dow Jones lidere el rebote no es un detalle menor. El índice industrial, más expuesto a valores defensivos, farma e industriales que a las grandes tecnológicas de crecimiento, se convierte en el refugio natural de un mercado que empieza a cuestionar las valoraciones del universo de software y de la nube.

Con los futuros del Dow sumando unos 123 puntos (+0,25%), la subida se apoya precisamente en uno de sus componentes de más peso: Eli Lilly, cuya fortaleza compensa la debilidad de otros sectores. El S&P 500 acompaña con un avance modesto del 0,12%, reflejo de un tono algo más equilibrado entre ganadores y perdedores.

El gran perdedor es el Nasdaq 100, con caídas cercanas al 0,3% en los futuros, arrastrado por los descensos de AMD y por la corrección en nombres de software que llevaban años sosteniendo los múltiplos del índice. El diagnóstico es claro: el mercado ha dejado de pagar a cualquier precio por el crecimiento futuro y exige beneficios tangibles hoy.

Este desplazamiento del centro de gravedad hacia el Dow encaja con un patrón clásico de fase madura de ciclo bursátil: cuando aumentan la incertidumbre macro y la fatiga del inversor con determinados relatos, los flujos se dirigen a compañías percibidas como más estables y menos dependientes de expectativas tecnológicas difíciles de cuantificar.

Futuros E-mini Dow Jones ($5)

Eli Lilly: beneficios de 2026 que sacuden el índice

La gran responsable del tono del Dow es Eli Lilly, que se dispara alrededor de un 8,9% en la preapertura tras adelantar que sus beneficios para 2026 se situarán por encima de las previsiones del consenso. En un mercado hambriento de visibilidad, la farmacéutica ofrece algo muy valioso: guías plurianuales creíbles, apoyadas en productos ya en plena fase de comercialización.

El tirón procede sobre todo de sus tratamientos para la obesidad y la diabetes, convertidos en auténticos “blockbusters” y en uno de los motores de crecimiento del índice en los últimos trimestres. La compañía no solo promete más beneficios; también deja entrever márgenes robustos y una demanda relativamente insensible al ciclo económico, un activo clave en un contexto de desaceleración.

Este hecho revela un giro de fondo: el mercado está dispuesto a pagar múltiplos elevados, pero solo cuando percibe una combinación de innovación, barreras de entrada y beneficios crecientes ya reflejados en la cuenta de resultados. Frente a la volatilidad de muchos proyectos de IA aún en fase experimental, la farma de gran capitalización ofrece un perfil riesgo-retorno que encaja mucho mejor con un Dow que busca estabilidad sin renunciar al crecimiento.

Para el inversor europeo, el movimiento refuerza una idea extrapolable: los grandes grupos farmacéuticos con pipelines sólidos y capacidad de fijar precios pueden volver a ejercer de refugio en carteras dominadas hasta ahora por tecnológicas de alto crecimiento.

Super Micro: la infraestructura física de la nueva IA

El otro gran soporte de la sesión es Super Micro Computer (SMCI), que sube cerca de un 9,8% tras elevar de forma agresiva su previsión de ingresos anuales. La compañía se ha convertido en uno de los grandes ganadores silenciosos de la revolución de la IA: diseña y fabrica servidores optimizados para modelos de inteligencia artificial, una infraestructura sin la cual el relato de la IA simplemente no funciona.

Super Micro Computer, Inc.

A diferencia de otros valores más mediáticos, Super Micro no vende promesas difusas, sino pedidos firmes procedentes de centros de datos que están ampliando capacidad a máximos históricos. La compañía destaca un ritmo de contratación sostenido y una visibilidad de cartera que empieza a extenderse varios trimestres, algo poco habitual en un sector tradicionalmente cíclico.

La consecuencia es clara: el mercado empieza a reconocer que una parte muy relevante del valor de la IA se está capturando hoy en la capa física de la cadena de valor —chips, servidores, refrigeración, redes— y no tanto en modelos de software cuya monetización aún no está madura.

El contraste con la debilidad de los valores de software resulta demoledor. Mientras estos últimos sufren una compresión de múltiplos, compañías como Super Micro ven cómo sus previsiones y sus márgenes justifican subidas de doble dígito incluso en un entorno de mayor aversión al riesgo.

El castigo al software y la nube

El reverso del rebote del Dow se observa en el índice de software y servicios, que acumula un descenso superior al 12% en cinco sesiones, su peor racha desde marzo de 2020. El mercado ha pasado de premiar el crecimiento a cualquier precio a castigar la falta de claridad sobre cómo impactará la IA en modelos de negocio consolidados.

Compañías como CrowdStrike, Intuit o Adobe registran recortes adicionales en el ‘pre-market’ tras una venta masiva previa que ha borrado varios meses de subidas. El temor de fondo es que la irrupción de herramientas de IA generativa termine erosionando las rentas de posición de muchos proveedores de software, obligándoles a subir el gasto en I+D y a reducir precios para mantener cuota.

“Los sólidos beneficios respaldan las valoraciones del mercado, y lo que hemos visto es que el crecimiento de los beneficios se ha extendido a más sectores además del tecnológico”, resume Sean Clark, director de inversiones de Clark Capital. Detrás de esa frase se esconde un cambio de paradigma: la tecnología de crecimiento de gran capitalización deja de ser el único motor de beneficios y el capital busca oportunidades en sectores menos saturados.

El diagnóstico es inequívoco: la tecnología deja de ser un bloque homogéneo. Hardware de IA, farma e industriales vinculados a la automatización ganan protagonismo, mientras parte del software tradicional pasa temporalmente a un segundo plano.

AMD y la segunda fase de la fiebre de la IA

El desplome de AMD, con caídas cercanas al 9,8% en la preapertura tras pronosticar un ligero descenso de ingresos trimestrales, marca un punto de inflexión en el relato de la IA. El mercado empieza a distinguir entre ganadores claros y aspirantes que quizá no sean capaces de capturar el crecimiento que se había descontado.

En la primera fase de la fiebre de la IA, cualquier compañía con exposición al segmento veía cómo sus múltiplos se disparaban. Ahora comienza una segunda etapa, mucho más exigente: los inversores reclaman pruebas contables, visibilidad sobre la demanda futura y claridad en la ejecución de los planes de inversión.

Este hecho revela una realidad incómoda para parte del sector: no todo el capex anunciado por los gigantes de la nube se traducirá en beneficios proporcionales para todos sus proveedores. Los que no consigan posicionarse en nichos concretos de alto valor añadido verán cómo las expectativas se reajustan sin contemplaciones.

Para el Nasdaq 100, todavía muy concentrado en grandes historias de crecimiento, la señal es peligrosa. Un puñado de decepciones en resultados puede desencadenar nuevas rotaciones hacia índices como el Dow, con ponderaciones más equilibradas y una dependencia menor del relato de la IA.

Rotación hacia ‘small caps’ y valores olvidados

Mientras los focos se centran en los grandes índices, la rotación también se deja sentir en la parte baja de la tabla. El Russell 2000 de pequeñas compañías subió un 0,3% en la sesión anterior y se encamina a una ganancia semanal superior al 1%, frente al retroceso moderado del S&P 500. El S&P 400 de mediana capitalización avanzó un 0,2%.

Este comportamiento sugiere que una parte del capital sale de los “Siete Magníficos” y de grandes tecnológicas de crecimiento para buscar valoraciones más razonables en segmentos olvidados. Industrias cíclicas, financieras regionales y compañías industriales vinculadas a la reindustrialización y a la inversión en capacidad productiva se benefician del nuevo flujo de dinero.

El contraste con los movimientos casi planos de Alphabet o Amazon antes de resultados subraya el cambio de foco. Los inversores están dispuestos a esperar a ver si los planes de gasto masivo en IA de estos gigantes se traducen en retornos adecuados. Hasta entonces, parte del liderazgo de mercado migra hacia compañías de menor tamaño, con balances más limpios y menor riesgo regulatorio.

Para el inversor europeo, este giro abre la puerta a revisar la exposición a ‘small caps’ domésticas, que podrían replicar el patrón si se consolida un escenario de crecimiento moderado pero estable.

Consumo bajo presión: Mondelez y Chipotle avisan

El frente del consumo aporta otra pieza al puzzle. Mondelez, matriz de marcas como Cadbury, advirtió de un ejercicio débil, al señalar que las sucesivas subidas de precios empiezan a disuadir a unos compradores cada vez más preocupados por el coste de la cesta de la compra. Sus acciones caen alrededor de un 3,5% en el ‘pre-market’.

Más llamativo aún es el mensaje de Chipotle Mexican Grill, que se hunde cerca de un 6,4% tras anunciar nuevas subidas de precios y admitir que sus márgenes seguirán bajo presión ante la menor afluencia a sus locales. Incluso en un segmento de ‘fast casual’ con clientela fiel y un posicionamiento de marca muy sólido, el espacio para trasladar la inflación al consumidor parece agotarse.

El contraste con la fortaleza de valores defensivos del Dow es evidente. Mientras el índice industrial se apoya en farma e industriales, parte del consumo discrecional entra en fase de fatiga inflacionista. Si la tendencia se consolida, la consecuencia será un goteo de revisiones a la baja de márgenes y beneficios en todo el sector, con impacto directo en los índices más expuestos al consumo interno estadounidense.

Incertidumbre macro tras el cierre del Gobierno

Todo este reajuste sectorial se produce, además, en un contexto macro especialmente turbio. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el martes un acuerdo de gasto que pone fin al último cierre parcial del Gobierno, lo que permite reanudar la actividad administrativa normal. Sin embargo, el cierre ha retrasado la publicación de datos clave de empleo, como las nóminas no agrícolas y las vacantes JOLTS.

Hasta que la Administración concrete el nuevo calendario, los inversores deberán apoyarse en indicadores privados como el informe de empleo de ADP, que ya ha mostrado un crecimiento de las nóminas privadas inferior a lo esperado en enero, o en las lecturas del PMI compuesto de S&P Global, que se publican tras la apertura. Son referencias útiles, pero no tienen el mismo poder de señal para la Reserva Federal que los datos oficiales.

Lo más preocupante es que este vacío estadístico coincide con un mercado que ha adelantado recortes de tipos para los próximos trimestres y con unas valoraciones exigentes, especialmente en los sectores de crecimiento. En ausencia de datos oficiales claros, cualquier sorpresa en los indicadores alternativos puede amplificar la volatilidad y acelerar las rotaciones entre índices, con el Dow en mejor posición relativa frente a un Nasdaq demasiado expuesto a la narrativa de la IA.