Dow Jones rompe los 50.400 y reabre el debate de los tipos

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La caída inesperada de las ventas minoristas empuja a los bonos y sostiene el rally, mientras los resultados empresariales vuelven a mover el mercado valor a valor.

50.437,56 puntos. Ese es el nuevo listón psicológico del Dow Jones, que este martes marcó récord en una sesión que parecía rutinaria… hasta que dejó de serlo. Mientras el índice industrial se anotaba un avance del 0,60% (más de 301 puntos), el mercado de bonos enviaba su propio mensaje: el rendimiento del Treasury a 10 años bajó hasta el 4,145%, su cuarta caída consecutiva. El detonante fue un dato incómodo: las ventas minoristas de diciembre se quedaron en 0,0%, por debajo de lo previsto. Con el dólar cediendo y el dinero institucional comprando riesgo, Wall Street vuelve a la vieja pregunta: ¿rebote por fortaleza empresarial o por alivio de tipos?

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El récord del Dow: un índice “clásico” que vuelve a marcar el paso

Que el Dow Jones haga máximos no es un detalle estético: es un indicador de cómo se está interpretando el ciclo. El índice, compuesto por 30 grandes corporaciones y con un método de ponderación por precio, tiende a captar mejor el pulso de la economía “real” —industria, consumo, salud— que el ruido de las grandes tecnológicas. Este martes lo confirmó con una subida del 0,60% hasta 50.437,56, un cierre que lo coloca en territorio histórico.

Lo relevante es el contraste: el S&P 500 avanzó un 0,18% (hasta 6.977,10) y el Nasdaq apenas un 0,11% (hasta 23.265,04). El rally existe, sí, pero se está estrechando y se construye con más selectividad que euforia.

En paralelo, el índice global de MSCI también tocó récord, otro signo de que el apetito por riesgo está vivo. Sin embargo, Europa se quedó atrás: el STOXX 600 cedió un 0,07%. El mensaje de fondo es incómodo para el inversor pasivo: el mercado sigue subiendo, pero ya no lo hace “en bloque”; exige razones, guía y caja.

El dato que cambió el guion: ventas minoristas planas y consumo a la defensiva

El catalizador llegó desde el Departamento de Comercio: las ventas minoristas de diciembre se quedaron en 0,0%, cuando el consenso esperaba +0,4%. Venían además de un avance del 0,6% en noviembre. En términos de narrativa, el golpe es directo: el consumidor, motor de dos tercios de la economía estadounidense, empieza a perder tracción justo cuando el mercado se había acostumbrado a una “inercia” de crecimiento.

Más allá del titular, el detalle que inquieta a los analistas es el deterioro en partidas sensibles a la confianza —bienes duraderos, compras de mayor importe— y una lectura subyacente que sugiere debilidad emergente. Reuters subraya que el consumo se está enfriando mientras los hogares ajustan decisiones en un contexto de precios aún incómodos y un mercado laboral que podría perder ritmo.

La consecuencia es clara: el dato alimenta la idea de que la Reserva Federal tendrá “más colchón” para recortar tipos si la desaceleración se consolida. No porque la Fed quiera, sino porque la política monetaria siempre llega tarde… y el mercado siempre intenta anticiparse. En días así, el capital no compra solo beneficios: compra la posibilidad de un precio del dinero menos restrictivo.

Bonos al mando: el 10 años cae al 4,145% y el dólar se desgasta

El movimiento decisivo se vio en la renta fija. El rendimiento del Treasury a 10 años bajó 5,3 puntos básicos hasta el 4,145%, encadenando su cuarta sesión de descensos y acumulando más de 13 puntos básicos de caída en ese tramo, el mayor retroceso de cuatro días desde mediados de octubre. Ese desplazamiento no es menor: abarata el descuento de flujos y hace más digeribles valoraciones exigentes en bolsa.

En el mercado de divisas, el dólar acompañó. El índice DXY cayó un 0,18% hasta 96,78 y, frente al yen, el billete verde se debilitó un 1,09% hasta 154,17. El euro se movió poco, en torno a 1,1901 dólares.

En este contexto, la lectura del mercado se resumió en una idea sencilla: “los rendimientos bajan, la bolsa respira”. El economista Peter Cardillo lo explicó en clave de flujo y psicología: la caída de yields, combinada con la temporada de resultados, está generando entusiasmo y compras por inercia. Esa mezcla —macro que afloja y micro que aguanta— suele ser combustible para nuevos máximos… hasta que aparece un dato que lo contradice.

Resultados que mueven precio: Marriott dispara el “trade” del consumo premium

En una sesión dominada por macro y tipos, hubo un valor que recordó que el mercado sigue premiando historias de ejecución: Marriott International subió más de un 8% tras presentar resultados trimestrales. La lectura de los inversores fue pragmática: la demanda internacional sostiene tarifas, la cadena mantiene capacidad de expansión y, sobre todo, eleva el listón de retorno al accionista.

Según estimaciones publicadas tras la presentación, Marriott proyecta para 2026 un crecimiento de EBITDA ajustado del 8% al 10%, con intención de devolver más de 4.300 millones de dólares a accionistas. Además, su pipeline de desarrollo habría alcanzado cerca de 610.000 habitaciones en unas 4.100 propiedades, una cifra que refuerza la visibilidad del modelo de crecimiento por franquicia y gestión, menos intensivo en capital.

¿Por qué importa en una crónica del Dow? Porque señala el tipo de empresa que hoy “funciona” en bolsa: compañías con marca, fijación de precios y guías creíbles. En un entorno donde el consumo general muestra fatiga, el mercado se agarra a segmentos con resiliencia —viajes, experiencias, gasto premium— y castiga todo lo que huela a incertidumbre de márgenes.

Tecnología recupera el pulso, pero sin euforia: el Nasdaq ya no lidera solo

El Nasdaq subió, sí, pero con un avance mínimo (0,11%) que delata cautela. La semana anterior, varios valores tecnológicos —especialmente software— habían sufrido ventas por miedo a que nuevas herramientas de inteligencia artificial alterasen modelos de negocio y compriman márgenes a medio plazo. Ahora “han encontrado suelo”, pero la recuperación es más de equilibrio que de celebración.

Este matiz es clave para entender por qué el Dow se lleva el titular. La gran tecnología, que durante años actuó como motor automático del mercado, empieza a convivir con una rotación más tradicional: industriales, consumo selectivo y grandes compañías con caja visible. El S&P 500, a un paso de los 7.000 puntos, avanza sin acelerar, como si el mercado no quisiera comprometerse antes de la siguiente tanda de datos.

La consecuencia es un mercado más “difícil” para el inversor: menos beta, más selección. Si los tipos bajan demasiado rápido, es porque la economía se enfría; si no bajan, la valoración aprieta. En ese carril estrecho, el Nasdaq ya no puede tirar solo del carro sin que el resto del mercado —especialmente el ciclo— valide el movimiento.

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El telón de fondo global: Japón en máximos y el yen sorprende al consenso

Mientras Wall Street digería datos y resultados, Japón aportó un impulso simbólico al sentimiento global. El Nikkei 225 subió alrededor de un 2,3%, enlazando su tercer día al alza y marcando nuevo máximo tras la victoria electoral de la primera ministra Sanae Takaichi. El mercado había anticipado estímulo fiscal; lo que no esperaba era que también repuntasen el yen y los bonos japoneses, señal de que los inversores leen estabilidad política y crecimiento potencial.

En cifras, el Nikkei llegó a moverse en el entorno de 57.760 puntos, mientras el Topix también rozaba máximos intradía. Ese rally tiene un efecto indirecto sobre Estados Unidos: refuerza la tesis de que la renta variable global puede sostener múltiplos si hay crecimiento “suficiente” y los bancos centrales no vuelven a endurecer condiciones.

La combinación —Japón fuerte, yields estadounidenses bajando, dólar algo más débil— compone un escenario que gusta al mercado: mejora la competitividad exportadora, suaviza las condiciones financieras y alimenta el apetito por riesgo. El problema llega si todo eso ocurre porque el crecimiento real se está agotando más rápido de lo que descuentan los índices.