Wall Street ha cerrado este miércoles en una zona de máximos que sitúa al Dow Jones de Industriales en el umbral psicológico de los 49.482 puntos, tras un avance del 0,63%. La sesión, marcada por una tensa calma antes del veredicto financiero de Nvidia, ha servido para certificar el regreso masivo del capital hacia los activos de riesgo. Mientras los inversores contienen el aliento ante los resultados del gigante de los semiconductores, el sector de las criptomonedas ha protagonizado una remontada vertical con el Bitcoin escalando un 7,09% hasta los 68.606 dólares y el Ethereum disparándose por encima del 11%. Este hecho revela una resiliencia inesperada frente a la incertidumbre geopolítica en Oriente Medio y los fallos técnicos que han paralizado momentáneamente los mercados de futuros en Chicago. El diagnóstico es inequívoco: el mercado está operando bajo una "anestesia de beneficios" tecnológica que ignora el ruido de sables en el Golfo para centrarse en la voracidad del silicio y el renacer de los activos digitales.
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El asedio a la cota de los 50.000 puntos
La bolsa neoyorquina ha protagonizado un movimiento de recuperación que intenta borrar las cicatrices de la volatilidad arancelaria de principios de semana. El Dow Jones ha sumado 307,65 puntos, situándose en niveles de resistencia técnica que invitan a pensar en un asalto inminente a la frontera de los 50.000 enteros. Sin embargo, este crecimiento no es uniforme. Lo más grave es que el mercado sigue mostrando una dependencia extrema de un puñado de valores tecnológicos, lo que genera una fragilidad estructural que los analistas observan con cautela. El contraste con las bolsas europeas es absoluto; mientras el euro recupera terreno frente al dólar (+0,26%), los parqués del viejo continente siguen lastrados por la incertidumbre comercial impuesta desde Washington.
La consecuencia inmediata de este repunte es una rotación de carteras que busca aprovechar la "caza de gangas" tras el ajuste del lunes. El diagnóstico de los operadores de piso en Nueva York sugiere que el capital está fluyendo de forma defensiva hacia las grandes corporaciones con capacidad de fijar precios en un entorno inflacionario. El hecho de que el Nasdaq 100 haya saltado un 1,41% indica que la confianza en el crecimiento secular de la tecnología sigue siendo el principal motor de la renta variable estadounidense, actuando como un dique de contención frente a las dudas que aún persisten sobre la salud del mercado inmobiliario y el consumo interno.
Nvidia
La hora de Nvidia: el oráculo del Nasdaq
Toda la narrativa de la jornada ha estado supeditada a un solo nombre: Nvidia. Los inversores han mantenido las posiciones a la espera de que el fabricante de chips publique sus resultados del cuarto trimestre y el cierre del ejercicio fiscal 2026. Este hecho revela una situación de "monocultivo bursátil" donde la salud de todo el ecosistema de Inteligencia Artificial depende de las guías de futuro de una sola compañía. El diagnóstico es nítido: Nvidia no solo presenta balances, sino que actúa como el oráculo que determina si la valoración actual de las Big Tech tiene una base real de ingresos o si nos encontramos ante una exuberancia algorítmica sin retorno.
La expectativa es tal que cualquier desviación mínima sobre las previsiones de ingresos podría desencadenar un efecto dominó de liquidaciones masivas. La consecuencia es que otras firmas de software y servicios, como Salesforce, Zoom y Paramount Skydance, han pasado a un segundo plano informativo a pesar de que sus informes también marcarán la pauta del sector en las próximas semanas. Wall Street ha decidido que el silicio es la moneda de cambio del siglo XXI, y la sesión de este miércoles es el preludio de un veredicto que redefinirá la asignación de activos para el resto del trimestre.
El renacer del 'cripto-invierno': el factor Circle
Si en el Nasdaq la protagonista es Nvidia, en el mercado alternativo la gloria pertenece a las criptomonedas. Tras varias semanas de goteo bajista, el Bitcoin ha perforado la resistencia de los 68.000 dólares con una subida del 7,09%, mientras que el Ethereum ha logrado un avance estratosférico del 11,69%. Este renacer ha sido alimentado por los resultados explosivos de Circle Internet Group, cuya valoración en bolsa ha escalado un 28% tras reportar un incremento de ingresos del 77%. Este hecho revela que el ecosistema de las stablecoins y la infraestructura criptográfica está alcanzando niveles de rentabilidad operativa que el capital tradicional ya no puede ignorar.
La onda de choque positiva ha beneficiado a firmas con alta exposición al sector, como MARA Holdings (+8,5%), Coinbase y Bit Digital. La consecuencia es una reconciliación forzosa entre la banca de inversión y los activos digitales. El diagnóstico de las firmas de gestión de patrimonio es que el Bitcoin está recuperando su estatus de "seguro institucional" ante la inestabilidad de las divisas fiduciarias, especialmente en un contexto de déficit fiscal galopante en Estados Unidos. El salto del Bitcoin en plena tensión con Irán sugiere que una parte del capital percibe la inmutabilidad del código como un refugio más seguro que la volatilidad de las órdenes ejecutivas arancelarias.
Oro
Metales preciosos: el búnker de los 5.200 dólares
Mientras la tecnología y el cripto celebran, los metales preciosos siguen actuando como el búnker donde se refugia el capital más conservador ante el riesgo bélico. El oro ha ganado un 1%, situándose en los 5.215,34 dólares la onza, consolidándose en niveles récord históricos. Sin embargo, el movimiento más agresivo se ha registrado en los metales industriales y de inversión secundaria: la plata ha saltado un 3,96% y el platino se ha disparado un 7,31%. Este hecho revela una preocupación latente por la interrupción de las cadenas de suministro industriales si el conflicto en Oriente Medio escala de forma incontrolada.
La consecuencia de esta subida sincronizada es una señal de alarma geopolítica. Los inversores están pagando una prima de riesgo por la seguridad física ante la inminente cita diplomática de Ginebra el 26 de febrero. El diagnóstico de los analistas de materias primas es que el mercado está comprando "seguro de guerra" mientras espera a ver si la diplomacia de Trump logra una capitulación de Teherán o si, por el contrario, los portaaviones estadounidenses inician las operaciones aéreas. Este hecho revela que la euforia bursátil del Dow Jones tiene un contrapunto de pánico en los mercados de metales, donde el precio del platino a 2.324 dólares indica una urgencia por el acaparamiento de recursos críticos.
Ginebra: una cita con la incertidumbre bélica
La geopolítica sigue siendo el gran "elefante en la habitación" de Wall Street. La reunión programada para este jueves en Ginebra entre las delegaciones de EE. UU. e Irán es el evento que mantiene en vilo a los mercados energéticos. A pesar de la subida de la bolsa, el riesgo de una confrontación militar sigue moviendo el tablero, especialmente tras el incremento de la presencia de tropas estadounidenses en la región. Este hecho revela que el mercado está descontando dos escenarios opuestos: un pacto nuclear histórico que hunda el petróleo o un estallido bélico que paralice el Estrecho de Ormuz.
La consecuencia de esta incertidumbre es una volatilidad sorda que afecta a los contratos de gas natural y petróleo, los cuales han cerrado hoy con caídas marginales tras los problemas técnicos registrados en el CME Group. El diagnóstico es que el capital ha decidido otorgar el beneficio de la duda a la diplomacia transaccional de la administración actual, confiando en que el músculo militar desplegado sea suficiente para forzar un acuerdo sin necesidad de abrir fuego. No obstante, la historia de Oriente Medio sugiere que el equilibrio de fuerzas es frágil y que la sesión del jueves en Ginebra podría ser el catalizador de un movimiento sísmico en los activos de cobertura.
Fallas técnicas en el CME y el nerviosismo del gas
Un detalle que no ha pasado desapercibido para los especialistas financieros ha sido el parón técnico en el CME (Chicago Mercantile Exchange), que obligó a suspender temporalmente la negociación de futuros de metales y gas natural. Aunque el servicio fue restaurado rápidamente, el incidente generó una oleada de nerviosismo en un mercado que ya operaba bajo una presión extrema. Este hecho revela la fragilidad de las infraestructuras financieras digitales en momentos de máxima carga operativa y tensión geopolítica.
La consecuencia de estos fallos técnicos es una pérdida de liquidez momentánea que puede exacerbar los movimientos de precios. En el sector del gas natural, el diagnóstico es de una vulnerabilidad creciente ante la posibilidad de sabotajes o ciberataques contra las redes de distribución internacional. El hecho de que el sentimiento inversor se mantuviera "brillante" a pesar del fallo técnico indica que el apetito por el riesgo es hoy tan masivo que los inversores prefieren ignorar los fallos en la arquitectura del sistema con tal de no perderse el rally tecnológico y criptográfico.
Wall Street vive hoy un momento de efervescencia absoluta que desafía la lógica de los fundamentales económicos y la gravedad de las crisis internacionales. El diagnóstico final es que nos encontramos ante un mercado de supervivientes que han decidido apostar por el silicio y el oro digital como las únicas realidades tangibles en un mundo de fronteras inciertas. La lección de este miércoles es que la confianza es el activo más escaso, y hoy, por unos momentos, Nvidia y el Bitcoin han logrado restaurarla a golpe de millones de dólares en volumen de negociación.