Los índices se recuperan tras la peor sesión en tres meses

El Dow Jones sube 200 puntos mientras Trump agita Davos por Groenlandia

Dow Jones - Nasdaq

Un día después de que el S&P 500 se dejara un 2,1%, el Dow Jones un 1,8% y el Nasdaq un 2,4%, en su peor jornada desde octubre por la amenaza de nuevos aranceles a ocho aliados europeos, Wall Street rebota alrededor de un 0,4% mientras los inversores diseccionan el discurso de Donald Trump en Davos. A las 14.38 GMT, el Dow avanzaba 203 puntos, hasta 48.692, el S&P 500 sumaba 27 puntos, hasta 6.824, y el Nasdaq recuperaba unos 45 puntos, hasta 22.999. El llamado índice del miedo, el VIX, caía un 12,9%, hasta las 18,87 unidades, tras tocar la víspera máximos desde noviembre. Sobre el papel, el mensaje de Trump de que “no usará la fuerza” para hacerse con Groenlandia ha dado algo de aire al mercado; en la práctica, el riesgo de un nuevo choque arancelario con Europa y de un giro en la arquitectura de la OTAN mantiene a los grandes gestores en modo cautela.

Una recuperación frágil tras el susto de la víspera

El rebote de este miércoles tiene más de respiro técnico que de cambio de narrativa. Los tres grandes índices apenas recuperan una fracción de lo perdido el martes, cuando se esfumaron más de 1,3 billones de dólares de capitalización en una sesión y el S&P 500 perforó con claridad sus medias de 50 días. La subida de alrededor del 0,4% en el S&P 500 y el Dow, y del 0,2% en el Nasdaq, se produce con un volumen moderado y sin un liderazgo sectorial claro, más allá del rebote puntual en varios nombres castigados la víspera.

Índice Dow Jones Industrial Average

El mensaje de fondo sigue siendo de nerviosismo. La combinación de índices en zona de máximos históricos —el S&P 500 sigue apenas a algo más de un 1% de sus techos recientes—, tipos de interés oficiales en el 4,25%-4,50% y una economía que crece por encima del 4% anual en el tercer trimestre deja poco margen para errores de política económica. Cada choque geopolítico se traduce en movimientos bruscos: oro en nuevos máximos por encima de los 4.700 dólares la onza, dólar debilitado y rotaciones violentas entre sectores cíclicos y defensivos.

Índice S&P 500

El diagnóstico es inequívoco: el mercado descuenta que Trump seguirá utilizando los aranceles como instrumento central de presión, pero todavía confía en que no cruce las líneas que obligarían a los bancos centrales a reaccionar o a las empresas a replantear sus cadenas de suministro de forma estructural.

Groenlandia como detonante geopolítico y comercial

En Davos, Trump elevó el listón de la tensión. En su discurso ante líderes políticos y empresariales defendió que “solo Estados Unidos puede garantizar realmente la seguridad de Groenlandia”, criticó a Dinamarca por negarse a vender el territorio y acusó a la OTAN de tratar “muy injustamente” a Washington. Al mismo tiempo, insistió en que no recurrirá a la fuerza y pidió negociaciones “inmediatas” para cerrar un acuerdo de adquisición.

La secuencia es clara: primero, la amenaza de imponer un arancel del 10% a ocho países europeos —que subiría al 25% en junio— si no se avanza hacia la “compra total” de Groenlandia; después, el desplome del martes; por último, el matiz de Davos, con el que la Casa Blanca intenta mostrar que aún hay espacio para la diplomacia.

«La insinuación de que no usará la fuerza probablemente ha puesto un suelo en la reciente liquidación, pero el riesgo de una nueva guerra comercial sigue muy presente», resumía el estratega Art Hogan, de B. Riley Wealth, al recoger el sentir de buena parte de Wall Street.

El contraste con otros momentos de tensión es demoledor: si en la guerra arancelaria con China el foco estaba en el desequilibrio comercial, ahora el detonante es un pulso sobre soberanía, defensa y proyección de poder en el Ártico. La consecuencia es clara: la negociación se vuelve más política, menos transaccional y, por tanto, más difícil de reconducir con un simple pacto comercial.

Volatilidad en retirada, riesgo en aumento

La caída del VIX en torno al 13% este miércoles puede inducir a pensar que el miedo se ha desinflado. No es del todo así. El índice se mantiene por encima de las 18-19 unidades, por encima de su media de los últimos meses, señal de que los inversores siguen pagando una prima significativa por cobertura a corto plazo.

En la práctica, el mercado está diciendo que teme más a la trayectoria que al titular del día. El calendario es claro: el 1 de febrero entrarían en vigor los nuevos aranceles del 10% a ocho países europeos, y el 1 de junio podrían escalar al 25% si no hay acuerdo sobre Groenlandia. Entre medias, Davos ofrece un escaparate para la escenificación política, pero no necesariamente para un cierre definitivo de la crisis.

Los gestores de renta variable consultados por las grandes casas internacionales están ajustando sus estrategias: menos apalancamiento, más opciones de venta como seguro y un sesgo algo mayor hacia sectores defensivos (salud, consumo básico) sin abandonar del todo la apuesta por tecnología y energía, que siguen concentrando una parte desproporcionada de los beneficios globales. La volatilidad implícita en los derivados del S&P 500 sigue contenida en comparación con otros episodios de estrés —como los picos de 2018-2019 durante la guerra comercial con China—, pero la experiencia de aquellas correcciones del 5%-10% sin recesión de por medio sirve hoy de referencia incómoda.

Tecnológicas y ‘mega caps’, el primer termómetro

Si hay un termómetro claro del apetito por riesgo, está en las grandes tecnológicas. El martes, todas las integrantes de las llamadas Magnificent Seven —Nvidia, Tesla, Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta— cerraron en rojo, con caídas entre el 3% y el 4,5% en algunos casos. Nvidia se dejó alrededor de un 4,3% y Tesla un 4,2%, en un castigo que borró decenas de miles de millones en valor bursátil en pocas horas.

NVIDIA Corporation

Este miércoles, tanto Nvidia como Tesla avanzan en torno a un 0,4%, una recuperación mínima en comparación con el desplome previo. Lo más grave, a ojos del mercado, es que estas compañías son las que más se han beneficiado de la fiebre de la inteligencia artificial y concentran una parte creciente del peso en los índices. Cuando Trump reabre el frente arancelario, el ajuste se canaliza primero por los valores con más recorrido acumulado.

Europa no es ajena a este movimiento. Varios análisis apuntan a que las represalias comunitarias podrían dirigirse precisamente contra gigantes tecnológicos estadounidenses, ya sea vía impuestos digitales, restricciones en contratos públicos o investigaciones de competencia, lo que añadiría otra capa de riesgo regulatorio sobre un sector ya caro. Para los inversores, el mensaje es nítido: la concentración extrema del mercado en un puñado de tecnológicas convierte cada giro de la Casa Blanca en un test inmediato de confianza.

Los datos que pueden cambiar el guion

Mientras la política acapara titulares, la macroeconomía prepara su propia prueba de estrés. Esta misma semana se publicará una nueva lectura del PIB del tercer trimestre, que el consenso sitúa en torno al 4,3% anualizado, el ritmo más rápido en dos años, impulsado por un consumo aún robusto. En paralelo, se conocerán las lecturas preliminares de los PMI de enero y, sobre todo, el índice de gasto en consumo personal (PCE), la medida de inflación preferida por la Reserva Federal, que en la última lectura avanzó alrededor del 2,8%-2,9%.

Este hecho revela una tensión de fondo: la economía estadounidense llega a la crisis de Groenlandia en plena aceleración, con el mercado laboral todavía sólido y una inflación que ha dejado atrás los máximos pero se resiste a converger con comodidad al objetivo del 2%. La consecuencia es clara: la Fed tiene menos incentivos para acudir al rescate de los mercados con nuevos recortes de tipos si los aranceles vuelven a tensar los precios y dañan la confianza empresarial.

A ello se suma un calendario de resultados cargado, con banca, consumo y tecnología desgranando sus cifras trimestrales. Los analistas estarán menos pendientes del beneficio por acción que de los mensajes sobre márgenes ante costes de importación más altos y posibles desvíos de producción fuera de Europa. Cualquier indicio de que las empresas empiezan a ajustar inversión o empleo por la incertidumbre arancelaria podría amplificar el impacto de Davos mucho más allá de esta semana.

Europa, la OTAN y el temor a un nuevo frente arancelario

El choque por Groenlandia no se limita a los parqués estadounidenses. Las bolsas europeas encadenan varios días de caídas, con el Stoxx 600 cediendo en torno a un 0,1% adicional este miércoles y sectores como banca y servicios financieros retrocediendo cerca de un 0,6%. En España, el Ibex 35 ha llegado a perder un 0,7% en una sola sesión por el temor a los aranceles, aunque ha mostrado algo más de resistencia que otros índices del continente.

Bruselas ha respondido congelando el proceso de aprobación del nuevo acuerdo comercial transatlántico y estudiando represalias coordinadas si Washington lleva hasta el final su amenaza de gravar solo a un grupo de países —Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia, además de Noruega y Reino Unido—, algo que chocaría frontalmente con las reglas del mercado único. Un análisis interno citado en los mercados estima que un arancel del 10% podría restar alrededor de 0,1 puntos al PIB de la eurozona, impacto que se ampliaría si se materializa el escalado al 25% y se desencadena una guerra de represalias.

Al ruido económico se une el militar: la operación Arctic Endurance, un ejercicio liderado por Dinamarca con presencia de tropas de varios aliados en Groenlandia, ha sido interpretada por la Casa Blanca como un desafío directo a su proyecto. En las capitales europeas, en cambio, se ve como un mensaje de respaldo a la soberanía danesa y a la idea de que el Ártico no puede convertirse en moneda de cambio de un pulso bilateral. El resultado es un cóctel que mezcla defensa, energía, rutas marítimas y comercio, y que los mercados empiezan a valorar como un riesgo sistémico para la relación transatlántica.

Lecciones del pasado: de la guerra comercial a hoy

La historia reciente ofrece lecciones incómodas. Durante la escalada arancelaria de 2018-2019 entre Estados Unidos y China, el S&P 500 llegó a terminar un año con una caída del 6% sin que mediara recesión, encadenó múltiples correcciones del 5%-10% y forzó a la Fed a cambiar el paso y recortar tipos para evitar un frenazo mayor. Entonces, el mensaje desde las empresas fue claro: la incertidumbre regulatoria y comercial pesa más en las decisiones de inversión que el nivel puntual de los aranceles.

Hoy, el foco se ha desplazado, pero los mecanismos son similares. Estudios recientes del FMI y de la Reserva Federal muestran que, ante shocks de política comercial, los inversores reaccionan de forma asimétrica: los anuncios de aranceles generan caídas estadísticamente significativas en bolsa, mientras que las treguas apenas logran recuperaciones parciales. Es decir, el daño reputacional y de confianza tarda mucho más en repararse que en infligirse.

«La nueva ofensiva arancelaria de Trump tiene un componente de teatro político, pero su capacidad de desencadenar un ciclo de desconfianza mutua entre Estados Unidos y Europa es real. Y los mercados, que ya han aprendido cómo se traduce eso en beneficios y empleo, reaccionan cada vez más rápido», resume el responsable de renta variable de una gran gestora española.