Dow Jones cae 400 puntos, uno de cada tres inversores teme la inflación y la economía muy fria

NEW YORK (United States), 27/12/2025.- People enjoy the winter weather in Central Park in New York, New York, USA, 27 December 2025. The worst of the forecasted winter storm missed the city but the snowfall was the largest since January 2022, with over 4 inches of snow, according to the National Weather Service. (tormenta, Nueva York) EFE/EPA/OLGA FEDOROVA
La encuesta semanal de la AAII revela que el 35% de los particulares sitúa el ciclo económico y los precios como su principal guía bursátil, muy por delante de la geopolítica y los tipos de interés

La última encuesta de sentimiento de la American Association of Individual Investors (AAII) dibuja un paisaje claro: los pequeños inversores miran menos a la geopolítica y más al bolsillo. Aunque el pesimismo retrocede, la preocupación por la economía y la inflación concentra ya a algo más de un tercio de los encuestados, muy por encima de cualquier otro factor. Al mismo tiempo, el optimismo bursátil supera con holgura su media histórica, mientras la neutralidad se hunde a mínimos persistentes. Este cóctel deja un mensaje inequívoco: el mercado descuenta un aterrizaje suave, pero sabe que un error de la Reserva Federal o un repunte de los precios puede tumbar el escenario en cuestión de semanas.

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El termómetro de la confianza minorista

La AAII toma semanalmente el pulso al inversor particular estadounidense desde finales de los años 80. Su encuesta de sentimiento es uno de los indicadores más seguidos en Wall Street para detectar excesos de euforia o de miedo. En la última lectura, correspondiente a finales de enero, la institución constata un descenso del pesimismo y un ligero repunte del optimismo y de la neutralidad.

La porción bajista –quienes esperan caídas de la Bolsa en los próximos seis meses– cae 1,9 puntos, hasta el 30,8%, por debajo de su media histórica del 31% por sexta vez en nueve semanas. Es decir, el inversor minorista ya no está dominado por el miedo, aunque tampoco se lanza a una confianza desmedida.

En paralelo, la porción alcista sube 1,2 puntos, hasta el 44,4%, claramente por encima de la media de largo plazo del 37,5% y encadenando nueve lecturas por encima de esa referencia en las últimas 12 semanas. La consecuencia es un spread alcistas-bajistas del 13,6%, frente al 10,5% de la semana anterior y muy superior al promedio histórico del 6,5%. La señal es de optimismo moderado, no de burbuja, pero sí de expectativas exigentes respecto al ciclo estadounidense.

La inflación manda sobre la geopolítica

La “pregunta especial” de esta semana permite ver qué preocupa realmente al inversor particular cuando mira a los próximos seis meses. La AAII pidió a sus socios que eligieran el factor que más condiciona su visión sobre la Bolsa. El resultado es concluyente.

Un 35,2% señala “la economía y/o la inflación” como principal referencia. A mucha distancia, un 29,2% apunta a la geopolítica; un 15,5% se fija sobre todo en las valoraciones; un 13,7% en la política monetaria y los tipos de interés; y apenas un 6,4% agrupa respuestas en la categoría de “otros”.

El dato resulta revelador: pese a la sucesión de conflictos abiertos y a la escalada de tensiones entre potencias, el inversor minorista sigue mirando primero al PIB y al IPC. Lo más relevante es que la política monetaria se percibe casi como un subproducto de ese binomio. Mientras la economía aguante y la inflación siga convergiendo hacia el objetivo del 2%, el mercado parece dispuesto a tolerar unos tipos relativamente altos durante más tiempo.

Un optimismo frágil: más alcistas, menos bajistas

El repunte de la porción alcista hasta el 44,4% refleja la confianza en que la economía estadounidense esquive la recesión. La tasa de paro en niveles históricamente bajos, el consumo resistente y los beneficios empresariales mejor de lo esperado alimentan esta narrativa. Sin embargo, el hecho de que tres de cada diez encuestados sigan siendo bajistas revela que el optimismo está lejos de ser unánime.

El descenso del pesimismo en solo 1,9 puntos sugiere una descompresión gradual, no un giro brusco de sentimiento. Es una diferencia importante: cuando el indicador de la AAII se extrema –por encima del 50% de alcistas o de bajistas– suele anticipar correcciones. En esta ocasión, el mercado se mueve en un terreno intermedio, compatible con episodios de volatilidad sin que se cuestione aún la tendencia de fondo.

El diagnóstico es inequívoco: Wall Street cree en el “aterrizaje suave”, pero ya no confía en un regreso rápido a los tipos cero ni en una inflación olvidada para siempre. Esa mezcla de esperanza y cautela se traduce en un sesgo constructivo hacia la renta variable, pero con un margen de error cada vez más estrecho.

La neutralidad, en mínimos persistentes

Quizá el dato más llamativo de la encuesta es el comportamiento de la neutralidad. La proporción de inversores que espera que la Bolsa se mantenga “esencialmente sin cambios” en los próximos seis meses se sitúa en el 24,8%, apenas 0,7 puntos más que la semana anterior y muy lejos de su media histórica del 31,5%.

La AAII recuerda que esta neutralidad se mantiene por debajo de su promedio en 80 de las últimas 82 semanas, una racha extraordinaria. El mensaje de fondo es que el pequeño inversor se ha visto obligado a tomar partido, forzado por un entorno en el que los shocks se encadenan: pandemia, giro de la Fed, crisis energética, guerras y dudas sobre el techo de deuda.

La consecuencia es clara: un mercado con poca neutralidad tiende a reaccionar de forma más violenta a las sorpresas, porque hay menos inversores dispuestos a “esperar y ver”. Cualquier dato macro peor de lo esperado o un mal resultado corporativo puede provocar movimientos amplificados, al haber más capital posicionado de forma direccional.

Which factor is most influencing your six-month outlook for stocks?
AAII Special Question (6-month outlook)
Factor % Indicador
The economy and/or inflation 35.2%
 
Geopolitics 29.2%
 
Valuations 15.5%
 
Monetary policy/interest rates 13.7%
 
Other 6.4%
 
Fuente: Thomson Reuters · AAII Special Question 01303026

Mercados volátiles y mensajes contradictorios

El contexto de mercado en el que se publica la encuesta refuerza esta lectura. En la sesión más reciente, los grandes índices estadounidenses cerraron en rojo: el Dow Jones cedió en torno a un 0,9%, el S&P 500 perdió cerca de un 0,5% y el Nasdaq retrocedió alrededor de un 0,7%. En cambio, el Euro STOXX 600 avanzó un 0,6%, evidenciando el desacople ocasional entre Wall Street y la Bolsa europea.

En los activos clave se observa la misma ambivalencia: el dólar se fortaleció, el petróleo repuntó en torno a un 1%, el bitcoin cayó más de un 1,5% y el oro llegó a deslizarse más de un 7,5% en las últimas semanas, mientras el rendimiento del Treasury a 10 años se aproxima al 4,25%. Son movimientos que encajan con un mercado que descuenta menos recortes de tipos y una inflación algo más pegajosa de lo deseado.

Este mosaico envía una señal incómoda a los ahorradores: el refugio clásico del oro se resiente, la renta fija sigue sometida a los vaivenes de la política monetaria y los activos digitales no logran consolidarse como alternativa defensiva. No extraña, por tanto, que una parte creciente de los inversores mire cada dato de inflación como un referéndum sobre su cartera.

Lo que teme el pequeño ahorrador

Aunque inflación y economía lideran las preocupaciones, el resto de factores también dibuja un mapa de miedos. Casi tres de cada diez inversores citan la geopolítica como su principal guía. Conflictos abiertos, tensiones en Oriente Medio o la pugna entre Estados Unidos y China alimentan la sensación de que cualquier incidente puede traducirse en disrupciones de suministro o sanciones cruzadas.

El 15,5% que menciona las valoraciones teme haber llegado demasiado tarde al rally, especialmente en los grandes valores tecnológicos y en sectores que cotizan a múltiplos muy por encima de sus promedios históricos. Mientras, el 13,7% que se centra en la política monetaria desconfía de la capacidad de la Fed para equilibrar el control de precios con el mantenimiento del crecimiento.

Este hecho revela una paradoja: el inversor minorista sabe que la clave última del mercado está en la macroeconomía, pero percibe que cualquier chispa –ya sea un conflicto geopolítico o una decisión de tipos– puede actuar como detonante de la próxima corrección. La sensación de caminar sobre hielo fino condiciona tanto las decisiones de riesgo como la preferencia por sectores más defensivos.

Señales para la Reserva Federal y para Wall Street

El hecho de que más de un 35% de los encuestados sitúe la economía y la inflación en el centro de sus decisiones envía un mensaje directo a la Reserva Federal. Si el banco central mantiene el tono restrictivo pese a señales de enfriamiento económico, corre el riesgo de romper la confianza de ese bloque optimista que hoy sostiene el rally.

Por el contrario, un giro prematuro hacia recortes agresivos podría reavivar los temores a un nuevo ciclo inflacionista, reactivando las inquietudes de ese 30% de bajistas que sigue viendo más riesgos que oportunidades. La Fed camina, en definitiva, entre dos precipicios: el de una recesión autoinducida y el de una inflación rebrobada.

Para Wall Street, el mensaje de la AAII es doble. Por un lado, hay combustible para que la renta variable siga subiendo si los datos acompañan: el porcentaje de alcistas es alto pero no extremo, y el spread frente a los bajistas aún no ha entrado en zona de burbuja. Por otro, la baja neutralidad significa que las malas noticias pueden provocar movimientos bruscos y rotaciones sectoriales aceleradas.

Con estos mimbres, el escenario central que descuenta el inversor particular es el de un crecimiento moderado con desinflación lenta, compatible con una Bolsa que sube, pero de forma más selectiva y con episodios de corrección. Sectores ligados al ciclo –industria, consumo discrecional, tecnología– seguirían beneficiándose, siempre que los beneficios cumplan con las expectativas.

Un segundo escenario, que explica buena parte del 30,8% de bajistas, sería el de un frenazo más brusco del crecimiento, bien por el enfriamiento del consumo, bien por un endurecimiento adicional de las condiciones financieras. En ese caso, la combinación de valoraciones exigentes y beneficios a la baja podría traducirse en caídas más amplias del mercado.

Por último, un rebrote de la inflación –impulsado por nuevos shocks energéticos o salariales– obligaría a replantear por completo el mapa de activos. El contraste con otras fases históricas resulta demoledor: en la era de tipos cero bastaba con comprar cualquier corrección; hoy, el inversor sabe que puede enfrentarse a un periodo prolongado de tipos reales positivos y crecimiento más lento.

La AAII ofrece, en suma, una fotografía nítida del pequeño inversor estadounidense: menos asustado que hace un año, pero más consciente de que la década del dinero gratis ha terminado. Su principal brújula vuelve a ser la de siempre: la economía real y el ritmo al que suben –o bajan– los precios.