Trump presume de dólar fuerte mientras cae el Dow Jones

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El presidente defiende que la divisa “va genial” pese a la subida del euro y a un Wall Street dividido por las tecnológicas y el desplome de UnitedHealth

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a convertir el mercado de divisas en un escenario político. Desde una oficina de voto en Iowa, aseguró que el dólar “está haciendo un gran trabajo” y que no le preocupa su reciente debilidad. Sus palabras llegan en un momento delicado: el euro ha superado el nivel de 1,20 dólares por primera vez desde 2021, la Reserva Federal se dispone a mantener los tipos sin cambios en su primera reunión de 2026 y Wall Street digiere un cierre mixto, con el Dow cayendo más de 400 puntos. Al mismo tiempo, los inventarios de crudo en Estados Unidos sorprenden a la baja, alimentando el debate sobre crecimiento, inflación y política monetaria. El contraste entre el discurso triunfalista de la Casa Blanca y la cautela de la Fed dibuja un escenario donde el dólar es, más que nunca, un arma política.

La foto del día en los mercados

La sesión del martes dejó una imagen ambivalente en los mercados estadounidenses. Por un lado, el Nasdaq 100 avanzó un 0,88% impulsado por las grandes tecnológicas, mientras el S&P 500 sumó un 0,41% gracias al tirón de compañías como Corning, que llegó a dispararse un 15,6% tras presentar resultados. Por otro, el Dow Jones se descolgó con una caída de 410 puntos, un 0,83%, arrastrado por el desplome de UnitedHealth, que se hundió casi un 20% al decepcionar al mercado.

En paralelo, el euro se apreció un 1,34% frente al dólar, hasta los 1,2039 dólares, una cota que no se veía desde junio de 2021. La subida de la moneda única se produce justo cuando los inversores descuentan que la Reserva Federal mantendrá los tipos en su nivel actual, en el entorno del 5,25%-5,50%, y que apenas habrá una o dos bajadas de tipos a lo largo de 2026. Este cóctel de divisa más débil, índices divergentes y expectativas de tipos más altos durante más tiempo es el telón de fondo del último mensaje de Trump.

Trump contra China, Japón… y la lógica del mercado

Durante su visita a un centro de votación en Clive (Iowa), Trump se mostró tajante: «El valor del dólar es estupendo, está fuerte, y no me preocupa nada su pequeña caída». Acto seguido, volvió a señalar a los sospechosos habituales: China y Japón. A su juicio, ambos países “siempre quieren devaluar” sus divisas –en sus palabras, el won y el yen–, lo que complicaría la competitividad de las exportaciones estadounidenses.

La crítica encaja con el discurso que le acompañó ya en su primer mandato: un relato de guerra de divisas en el que cualquier apreciación del yuan o del yen se interpreta como victoria diplomática de Washington. Sin embargo, la realidad actual es más compleja. La reciente debilidad del dólar frente al euro responde sobre todo a un ajuste de expectativas sobre la Fed y a la percepción de que la economía estadounidense, aunque más sólida que la europea, se encuentra en una fase avanzada del ciclo.

Lo más llamativo es que, mientras el presidente insiste en que la divisa “va genial”, los mercados de renta variable y de materias primas muestran señales de mayor volatilidad y desconcierto, con sectores enteros –como el sanitario– corrigiendo con violencia.

Un dólar “fuerte” con el euro por encima de 1,20

Que el euro pase de la barrera de 1,20 dólares tiene un fuerte componente simbólico. Durante buena parte de los últimos tres años, el relato dominante hablaba de un dólar casi imbatible frente a una Europa lastrada por la crisis energética y la debilidad industrial. La reapertura asiática, la moderación de los precios de la energía y la expectativa de una política monetaria algo menos restrictiva en Estados Unidos han matizado ese guion.

Para la Casa Blanca, un dólar demasiado fuerte es un problema para la industria exportadora; uno demasiado débil, un riesgo inflacionista y de pérdida de prestigio internacional. El punto de equilibrio es difuso, pero los movimientos del 1%-2% en una sola sesión, como el registrado ahora, dejan claro que el mercado está reajustando posiciones de forma acelerada.

Para Europa, una moneda más apreciada abarata las importaciones de energía pero puede restar competitividad a sus exportaciones justo cuando Alemania y Francia tratan de reactivar sus industrias. Para los inversores españoles, la ecuación es doble: activos europeos se revalorizan en dólares, pero las compañías muy expuestas a Estados Unidos pueden ver cómo parte de sus márgenes se diluyen al convertir beneficios.

La Fed gana tiempo en su primera reunión de 2026

Mientras Trump proclama que el dólar “está haciendo un gran trabajo” y exige bajadas de tipos, la Reserva Federal se prepara para mantener el tipo oficial sin cambios en su primera reunión del año. Con una inflación todavía por encima del objetivo del 2% –en el entorno del 2,7%-2,8% según estimaciones privadas– y un mercado laboral que sigue creando empleo, aunque a un ritmo más modesto, el banco central no ve motivos para precipitarse.

Los analistas esperan como máximo dos recortes de tipos en todo 2026, probablemente concentrados en el segundo semestre. La prioridad de la Fed es consolidar la desinflación sin provocar una recesión innecesaria. Además, el contexto político añade presión: Trump lleva meses arremetiendo contra el banco central y se dispone a elegir al sucesor de Jerome Powell, cuyo mandato expira en 2026.

La independencia de la Fed vuelve a estar en el centro del debate. Si el próximo presidente del organismo es percibido como demasiado cercano a la Casa Blanca, el riesgo es que el mercado cuestione la credibilidad antiinflacionista del banco central, lo que podría traducirse en un dólar más débil y en primas de riesgo más altas a largo plazo.

Petróleo e inventarios: un alivio que complica el mensaje

En paralelo al debate sobre tipos y divisas, el mercado de petróleo aportó su propia dosis de información. Los datos del American Petroleum Institute (API) apuntan a una caída de 247.000 barriles en los inventarios de crudo durante la semana finalizada el 23 de enero, frente a unas previsiones que apuntaban a un incremento de alrededor de 1,45 millones de barriles. Es un giro significativo que sugiere una demanda algo más sólida o una oferta más ajustada de lo previsto.

Al mismo tiempo, las reservas de destilados habrían aumentado en 2 millones de barriles, mientras que las existencias de gasolina se redujeron en 415.000 barriles. En el centro neurálgico de Cushing, los inventarios crecieron ligeramente, en unos 92.000 barriles. El cuadro es mixto, pero en conjunto apunta a un mercado que no está desbordado de crudo barato, lo que dificulta cualquier caída rápida de los precios de la energía.

Para la Fed, estos datos son un recordatorio de que la batalla contra la inflación no está ganada. Para Trump, podrían ser un argumento adicional para exigir más producción doméstica y reforzar su discurso de independencia energética, aun a costa de tensar la relación con la OPEP y con los reguladores climáticos.

Wall Street, entre el impulso tecnológico y el castigo a la sanidad

El comportamiento dispar de los índices refleja también cambios sectoriales profundos. El Nasdaq se apoya en la expectativa de que los grandes nombres tecnológicos –Microsoft, Meta, Tesla o Apple, que presenta resultados el jueves– seguirán siendo los grandes ganadores de la economía de datos y de la inteligencia artificial. Los múltiplos de valoración vuelven a niveles exigentes, pero el mercado parece dispuesto a pagar una prima por crecimiento visible.

El Dow Jones, en cambio, actúa como termómetro de sectores más tradicionales. El desplome de UnitedHealth, que se dejó cerca del 20% tras publicar unas cifras peores de lo esperado, golpeó de lleno al índice. La corrección revela el nerviosismo en torno a los costes sanitarios, los seguros y la presión regulatoria en un año de intensa agenda política.

En ese contexto, el discurso de un dólar “fuerte” y de una economía “en plena forma” contrasta con una realidad más matizada: sectores clave sufren ajustes bruscos, la Fed no encuentra motivos para relajar la política monetaria y el dólar pierde terreno frente al euro. El mensaje para los inversores es que la lectura política de los mercados puede diferir, y mucho, de la lectura que hace el dinero.

Qué puede pasar ahora con el dólar y los tipos

A corto plazo, el comportamiento del dólar dependerá de tres factores: el tono del comunicado de la Fed, los próximos datos de inflación y empleo, y la propia retórica de la Casa Blanca. Si el banco central mantiene un mensaje firme –tipos altos durante más tiempo, recortes muy graduales–, es probable que parte de la presión bajista sobre la divisa se modere.

Sin embargo, si la inflación sigue cediendo y la economía muestra síntomas de fatiga, el mercado podría adelantarse con más fuerza a las bajadas de tipos, empujando al dólar a la baja y dando aire adicional al euro y a otras divisas. En ese escenario, los deseos de Trump de un dólar “no demasiado fuerte” para las exportaciones podrían hacerse realidad a costa de tensiones con sus propios halcones antiinflacionistas.

Para los inversores europeos y, en particular, españoles, la clave será gestionar la exposición al billete verde: diversificación geográfica, cobertura parcial en derivados y seguimiento cercano de los mensajes de la Fed serán imprescindibles en un 2026 donde la política y los mercados se cruzan cada semana.