26.100 escolares madrileños se suman al plan anti-pantallas de Aldeas

La ONG despliega en 261 centros sus programas de valores para impulsar la convivencia y un uso equilibrado de la tecnología, con un reto familiar de desconexión y actividades emblemáticas como Diputados por un Día y una Jornada Nacional de Jóvenes.
Abraza tus Valores 2025-26_Aldeas Infantiles SOS
Abraza tus Valores 2025-26_Aldeas Infantiles SOS

26.100 alumnos y alumnas de la Comunidad de Madrid se incorporan este curso a los Programas de Educación en Valores de Aldeas Infantiles SOS con una consigna clara: la tecnología no puede colonizar la infancia.
La organización refuerza su estrategia de tres años para fomentar un uso responsable de las pantallas, proteger a los menores de contenidos inapropiados y recuperar hábitos de bienestar físico, mental y social.
El eje de 2025-2026 es la convivencia: aprender a relacionarse mejor dentro y fuera del entorno digital.
El despliegue alcanza a 13.000 escolares de Infantil y Primaria (de 4 a 12 años) y a 13.100 de Secundaria (de 12 a 16 años), con propuestas que implican también a profesorado y familias. Y añade un gesto tan sencillo como incómodo para muchos hogares: una semana con menos pantallas para redescubrir la conversación.

Tecnología en el aula, convivencia en el centro

El diagnóstico de partida es inequívoco: las pantallas han dejado de ser un accesorio y se han convertido en un entorno de vida. Lo más grave no es su presencia —inevitable en la escuela y en casa—, sino la falta de criterios compartidos para gestionarlas sin que dañen la atención, la autoestima o la forma de relacionarse. En ese punto se insertan los programas Abraza tus Valores y Párate a Pensar, que este curso eligen un valor concreto para ordenar el debate: convivir.

La convivencia no es un concepto blando. Es, en la práctica, la diferencia entre una comunidad escolar que resuelve conflictos y otra que los amplifica en canales digitales; entre un grupo que coopera y otro que vive en la lógica del “me gusta” y la comparación permanente. Este hecho revela un cambio silencioso: el conflicto ya no termina al salir del aula. Se desplaza, se archiva y se reproduce.

Aldeas Infantiles SOS plantea que el equilibrio tecnológico debe enseñarse como se enseña a leer: con acompañamiento, normas claras y objetivos medibles. No se trata de demonizar la herramienta, sino de devolverle su condición de instrumento. La tecnología como medio, no como refugio.

Dos programas veteranos ante un problema nuevo

Que una iniciativa educativa cumpla 28 ediciones (Abraza tus Valores) y 22 (Párate a Pensar) no es un dato ornamental: habla de continuidad, aprendizaje acumulado y capacidad de adaptación. El contraste con otras campañas puntuales resulta demoledor. Cuando la educación en valores se limita a charlas aisladas, el efecto se evapora. Aquí hay método, calendario y un hilo conductor que permite evaluar avances y corregir inercias.

Abraza tus Valores se dirige a Infantil y Primaria, una franja crítica —de 4 a 12 años— en la que se fijan rutinas y se construye el lenguaje emocional. Párate a Pensar trabaja con adolescentes —de 12 a 16— cuando la identidad está en plena negociación y el espacio digital se convierte, a menudo, en un segundo patio del colegio.

El presidente de Aldeas Infantiles SOS, Pedro Puig, resume el enfoque con una idea que, en tiempos de hiperconexión, suena casi contracultural: “La tecnología debe ser una herramienta y no un obstáculo para el bienestar y el desarrollo integral”. Y la consecuencia es clara: si el objetivo es la convivencia, el aula no basta. Hay que incluir a las familias, y hay que hacerlo con materiales prácticos y un relato común.

261 centros y un ciclo de tres años para cambiar hábitos

El despliegue en la Comunidad de Madrid alcanza a 261 centros educativos y a 26.100 estudiantes. La cifra impresiona por volumen, pero importa más por su implicación: cuando se trabaja con comunidades escolares completas, el cambio deja de ser individual y pasa a ser cultural. Es decir, se convierte en norma compartida, no en “consejo”.

Los programas continúan un ciclo de tres años iniciado el curso pasado. Esa estructura no es casual. Cambiar hábitos digitales exige tiempo: primero se toma conciencia, después se ensaya una alternativa y, por último, se consolida. Saltarse etapas suele producir dos resultados igual de malos: o el rechazo (“prohibir no sirve”) o la resignación (“no se puede hacer nada”).

Aldeas plantea un triángulo de intervención: profesorado, alumnado y familias. Esa triple implicación reduce un riesgo habitual: pedirle al menor que se autorregule mientras el adulto no ofrece ejemplo ni límites. En otras palabras, la coherencia es parte del currículo.

“Convivir no es solo llevarse bien: es aprender a gestionar la frustración, respetar turnos, escuchar y reparar el daño cuando se comete un error. En el mundo digital, además, convivir implica pensar antes de publicar, entender el impacto de una palabra y proteger la intimidad propia y ajena. Ese aprendizaje necesita escuela, pero también necesita hogar y comunidad”, trasladan desde la organización.

Proyectos por unidades: autoestima, relaciones y criterio informativo

La arquitectura pedagógica se ordena en tres unidades temáticas adaptadas a cada etapa. En Infantil y Primaria, Abraza tus Valores trabaja la convivencia desde tres ejes que se complementan.

En Bien conmigo, bien con el mundo, el foco está en la autoestima, la gestión de emociones y el bienestar personal. La tecnología entra aquí como un factor de atención y de tiempo: si el menor no sabe regularse, la pantalla regula por él. El objetivo es sencillo y exigente: que el niño identifique cómo se siente, por qué reacciona y qué necesita para estar bien.

La segunda unidad, Conectamos de verdad, traslada el aprendizaje a la relación con los demás: empatía, respeto, acuerdos y límites, tanto en el patio como en un chat. Y la tercera, Convivimos en un mundo conectado, aborda la información: cómo se recibe, cómo se comparte y cómo se construyen entornos de entendimiento basados en el respeto.

En Secundaria, Párate a Pensar profundiza con Empezando por convivir con uno mismo, Comunicarnos bien para convivir mejor y Convivir en un mundo hiperconectado. La diferencia es el nivel de exigencia: al adolescente se le pide ya criterio, responsabilidad y conciencia del impacto de sus acciones.

Diputados por un Día: convivencia también es participación

Entre las actividades emblemáticas, Diputados por un Día introduce un elemento poco habitual en programas escolares: la dimensión institucional. El alumnado de Primaria visita la Asamblea de Madrid para presentar propuestas vinculadas a los valores trabajados previamente en clase, debatirlas y someterlas a votación. En términos pedagógicos, no es solo una excursión: es un aprendizaje de ciudadanía.

La clave está en el proceso. Preparar una propuesta obliga a argumentar, escuchar objeciones, reformular y aceptar el resultado de una votación. Es decir: entrenar convivencia en un contexto formal, donde la palabra pesa y la norma importa. Para niños y niñas de 4 a 12 años, esa experiencia funciona como una vacuna contra dos tentaciones contemporáneas: el monólogo y la impaciencia.

Además, el formato introduce una idea de fondo: participar no es imponer. Convivir no es ganar siempre, sino construir reglas del juego aceptables para todos. En un ecosistema digital donde el algoritmo premia el impacto y la polarización, ese entrenamiento resulta especialmente valioso.

La consecuencia es doble: por un lado, se normaliza la participación; por otro, se desdramatiza el desacuerdo. Y ese es, precisamente, uno de los déficits más visibles de la conversación pública —y privada— en la era de las pantallas.

Una Semana para Convivir con Menos Pantallas

El reto Una Semana para Convivir con Menos Pantallas es la pieza más directa —y, probablemente, la más reveladora— del programa. No propone una cruzada tecnológica, sino una reducción temporal del uso de dispositivos para redescubrir otras formas de interacción, aprendizaje y disfrute. En la práctica, es un test de realidad: ¿qué queda cuando se apaga el estímulo constante?

Aldeas ofrece manuales adaptados por edades con estrategias para superar las dificultades de la desconexión digital. Ese matiz importa: no basta con “quitar” pantallas; hay que poner alternativas. Si no, la desconexión se vive como castigo y no como oportunidad. El objetivo es reforzar vínculos familiares, recuperar conversaciones y reordenar tiempos.

La iniciativa, además, evita el error de culpabilizar. Parte de una evidencia cotidiana: familias y docentes compiten contra un diseño pensado para retener atención. Por eso, el reto funciona mejor si se plantea como experimento colectivo y no como examen individual.

El éxito no se mide por el silencio del móvil, sino por lo que aparece cuando ese silencio llega: más juego, más lectura, más paseo, más charla. Convivencia, en definitiva, como resultado visible.

Los programas educativos de Aldeas Infantiles SOS pueden descargarse de forma gratuita en www.aldeasinfantiles.es/educa.

Comentarios