Aramco aumenta un 44% su beneficio pese al bloqueo de Ormuz

SAUDI ARAMCO

La petrolera saudí gana 32.700 millones de dólares en el segundo trimestre, eleva sus ingresos un 11% y preserva el dividendo, aunque la caída del flujo de caja revela el coste de mantener el suministro en plena crisis regional.

Saudi Aramco cerró el segundo trimestre de 2026 con un beneficio neto de 32.693 millones de dólares, un 44% más que un año antes. El resultado confirma la extraordinaria capacidad de la petrolera para convertir la tensión geopolítica y el encarecimiento de la energía en una mejora inmediata de sus cuentas.

Los ingresos y otros conceptos ligados a las ventas alcanzaron 139.100 millones de dólares, impulsados por el aumento de los precios del crudo, los productos refinados y los químicos. Sin embargo, el dato más incómodo aparece en la caja: el flujo de efectivo libre descendió un 19%, hasta 12.300 millones.

Un beneficio extraordinario

La cifra publicada por Aramco supera ampliamente los 22.673 millones de dólares obtenidos en el mismo trimestre de 2025. La mejora interanual se explica fundamentalmente por el crecimiento de los ingresos, aunque la compañía también tuvo que absorber mayores costes operativos, impuestos y pagos vinculados a la explotación de hidrocarburos.

El beneficio ajustado, que excluye determinados efectos contables y movimientos extraordinarios, ascendió a 33.400 millones de dólares. En el conjunto del primer semestre, la petrolera acumuló un resultado neto de 65.229 millones, frente a los 48.684 millones del mismo periodo anterior.

El diagnóstico es inequívoco: Aramco sigue operando con unos márgenes difíciles de igualar por cualquier competidor internacional.

El petróleo vuelve a mandar

El aumento de los precios realizados del crudo ha vuelto a demostrar hasta qué punto las cuentas de la compañía dependen del ciclo energético. A esta mejora se sumó el encarecimiento de los productos refinados y químicos, dos actividades que permiten a Aramco capturar valor más allá de la mera extracción.

Los ingresos ordinarios comunicados a la Bolsa saudí crecieron cerca de un 19% interanual, hasta el equivalente a unos 120.200 millones de dólares. Al incorporar otros ingresos relacionados con las ventas, la cifra total se aproximó a los 139.100 millones.

El contraste con 2025 resulta contundente. Entonces, la debilidad de los precios internacionales había reducido los beneficios y obligado a moderar las distribuciones extraordinarias. La nueva escalada devuelve oxígeno tanto a la compañía como a las finanzas públicas saudíes.

La factura de Ormuz

La mejora del beneficio se produjo durante una interrupción sin precedentes del suministro a través del estrecho de Ormuz, una de las arterias esenciales del comercio energético mundial. Aramco recurrió a su red de almacenamiento, sus terminales de exportación y el oleoducto Este-Oeste para mantener la producción y los envíos.

Esta infraestructura alcanzó previamente una capacidad de hasta 7 millones de barriles diarios, permitiendo trasladar parte del crudo hacia la costa del mar Rojo y reducir la dependencia de la salida por el golfo Pérsico.

«Mantuvimos la continuidad del negocio aprovechando nuestra base diversificada de activos y décadas de planificación», afirmó el consejero delegado, Amin Nasser.

La caja pierde fuerza

El crecimiento del beneficio no evitó que el flujo de caja libre retrocediera hasta 12.300 millones de dólares. La compañía atribuyó esta caída, en buena medida, a una acumulación de capital circulante de 13.600 millones, relacionada con inventarios y cantidades pendientes de cobro.

Este hecho revela una diferencia decisiva entre el beneficio contable y el dinero disponible. Aramco gana más, pero necesita inmovilizar una parte creciente de sus recursos para sostener operaciones, garantizar suministros y protegerse frente a nuevas disrupciones.

La ratio de endeudamiento también subió desde el 4,8% de marzo hasta el 6,2% al cierre de junio. Sigue siendo moderada, aunque marca una tendencia que los inversores vigilarán si continúa la tensión regional.

El dividendo permanece intacto

El consejo de administración ha aprobado un dividendo base de 21.900 millones de dólares, que será abonado durante el tercer trimestre. La cifra mantiene la remuneración ordinaria y garantiza una entrada sustancial de recursos al Estado saudí, accionista mayoritario de la compañía.

La consecuencia es clara: Aramco continúa siendo la principal fuente financiera de la estrategia económica de Riad. Sus dividendos sostienen inversiones vinculadas a Vision 2030, infraestructuras, turismo, tecnología y grandes proyectos urbanos.

No obstante, una distribución equivalente a casi dos veces el flujo de caja libre trimestral obliga a recurrir a liquidez acumulada o financiación adicional. El dividendo está protegido, pero ya no resulta completamente neutral para el balance.

Proyectos para producir más

Aramco mantiene en marcha la ampliación del campo petrolero de Zuluf, prevista para 2026, y la expansión de la planta de gas de Fadhili, cuya finalización está programada para 2027. También avanza en las siguientes fases del proyecto gasístico de Jafurah.

La estrategia combina más capacidad productiva, mayor presencia en gas y una optimización selectiva del negocio de refino. El objetivo no consiste únicamente en vender más barriles, sino en proteger márgenes y conservar flexibilidad ante un mercado cada vez más condicionado por conflictos, sanciones y cuellos de botella logísticos.

La ventaja saudí

La fortaleza de Aramco reside en sus reducidos costes de extracción, sus enormes reservas y una red logística construida durante décadas. Mientras otras petroleras necesitan precios elevados para justificar nuevas inversiones, la compañía saudí puede aumentar producción con un coste incremental considerablemente menor.

Sin embargo, lo más grave sería interpretar este trimestre como una garantía permanente. La transición energética, la volatilidad del petróleo y las necesidades presupuestarias de Arabia Saudí seguirán presionando la política de inversión y dividendos.

Por ahora, Aramco ha demostrado que puede atravesar una crisis de suministro, elevar un 44% su beneficio y mantener la remuneración al accionista. Pero la caída de la caja advierte de que incluso el gigante más rentable del sector paga un precio cuando la seguridad energética deja de ser una certeza.