Danske Bank recorta 420 empleos en plena ofensiva digital
La mayor entidad financiera de Dinamarca ha ejecutado un nuevo recorte de plantilla de 420 empleos en siete países, en una decisión que la propia dirección vincula a la automatización y la simplificación interna. La medida impacta sobre todo en Dinamarca (230 despidos) y Lituania (114), con el resto distribuido entre Finlandia, Noruega, Suecia, Polonia e Irlanda del Norte.
Según el banco, se trata de puestos “de funciones de soporte”, sin contacto directo con cliente, que se consideran prescindibles en el nuevo modelo operativo. En total, el ajuste equivale a alrededor del 2,1% de una plantilla global que supera los 20.000 empleados, tras años de reestructuraciones y salidas paulatinas. La dirección lo presenta como un paso más para convertirse en una entidad “más digital y eficiente”, pero para sindicatos y analistas el mensaje es inequívoco: más tecnología y menos personas.
Un ajuste “técnico” que afecta al 2% de la plantilla
Danske Bank ha comunicado que los 420 puestos eliminados se concentran en áreas internas de soporte, desde recursos humanos y finanzas hasta operaciones administrativas, sin impacto directo en las oficinas de atención al público. El movimiento, sin embargo, no es menor: en una entidad con unos 20.200 empleados a septiembre de 2025, el recorte supone algo más del 2% del total de la plantilla.
La distribución de los despidos revela la apuesta del banco por centralizar procesos y reducir duplicidades. Más de la mitad de las salidas (casi un 55%) se concentran en Dinamarca, el mercado de origen y corazón operativo del grupo. Otro 27% se ejecuta en Lituania, uno de los hubs de servicios compartidos que la banca nórdica ha desarrollado en los últimos años para abaratar costes. El 18% restante se reparte entre otros cinco países nórdicos y del norte de Europa.
El director de Personas, Karsten Breum, ha justificado el ajuste como parte de un proceso continuo de adaptación: “La reorganización forma parte de nuestros esfuerzos constantes por desarrollar y adaptar la organización a nuestra estrategia y convertirnos en un banco más digital y eficiente, centrado en las necesidades de los clientes”, ha señalado. Una frase impecable desde el punto de vista corporativo, pero que se traduce, de nuevo, en menos empleo estable en el corazón del sistema financiero nórdico.
Automatización acelerada y empleos de soporte en la diana
La decisión de Danske Bank encaja en un patrón ya visible en toda la banca europea: la automatización golpea primero a las funciones de soporte, donde los procesos son más estandarizables y la sustitución por herramientas digitales resulta más inmediata.
Las tareas de back office —revisión documental, procesamiento de operaciones, conciliaciones internas, soporte administrativo o tareas de reporting— son terreno fértil para la robotización y el uso de inteligencia artificial. Los grandes bancos llevan años introduciendo soluciones de automatización robótica de procesos (RPA) y sistemas de workflow digital que permiten hacer con un 20%-30% menos de personal el mismo volumen de trabajo, o incluso más.
Este ajuste de 420 empleos actúa como un aviso para el resto de la plantilla: el futuro pasa por perfiles más cualificados, con capacidad analítica y tecnológica, mientras se reduce de forma progresiva el peso del trabajo repetitivo. Lo más grave, apuntan fuentes internas, es que el ahorro de costes se impone como criterio central, incluso en un contexto en el que la entidad presenta beneficios sólidos y niveles cómodos de capital y liquidez.
En otras palabras, el banco no recorta porque esté al borde del abismo, sino porque la presión por mejorar la rentabilidad relativa —margen frente a competidores y exigencias de los mercados— se ha convertido en la brújula de la gestión.
El peso de Dinamarca y Lituania en la reestructuración
Que Dinamarca y Lituania concentren más del 80% de los despidos no es casual. En el caso danés, se trata del centro neurálgico de la entidad, donde se ubican gran parte de los equipos corporativos que ahora se están reconfigurando hacia modelos más ligeros, con más terceros tecnológicos y menos personal propio.
Lituania, por su parte, se ha consolidado en la última década como un polo regional de servicios compartidos de bajo coste para la banca nórdica. Grandes entidades de la región han desplazado allí miles de empleos de back office para beneficiarse de salarios más bajos, un elevado nivel de formación y un entorno tecnológico emergente.
Paradójicamente, ahora es precisamente ese hub el que sufre con fuerza el siguiente giro de tuerca: de la deslocalización al recorte, y de ahí a la automatización. El mensaje que llega a Vilna y otras ciudades donde se ubican estos centros es claro: “los empleos que ayer llegaron desde los países ricos del norte pueden desaparecer mañana por decisión de un algoritmo”.
La consecuencia es una mayor volatilidad laboral en territorios que habían apostado por convertirse en la “trastienda” operativa de la banca europea. El riesgo, advierten expertos laborales, es que esta dinámica se traduzca en ciclos de contratación y despido cada vez más cortos, con un impacto estructural en la estabilidad del empleo cualificado en la región.
Un banco que ya adelgazó plantilla en los últimos años
Los 420 despidos no se producen en el vacío. Danske Bank lleva varios años inmerso en un proceso de adelgazamiento gradual de su plantilla, ligado tanto a la digitalización como a la necesidad de reforzar su reputación tras varios escándalos, entre ellos el de blanqueo de capitales en Estonia, que obligó a un fuerte refuerzo de los controles internos.
Según datos de mercado, el banco contaba con alrededor de 21.800 empleados en 2021, cifra que ha ido descendiendo de forma paulatina hasta situarse por debajo de los 20.500 trabajadores en 2024, con variaciones trimestrales pero una tendencia de fondo clara: menos personas y más tecnología.
Este nuevo ajuste se suma, por tanto, a otros planes de reestructuración anteriores que ya afectaron a cientos de puestos en los países nórdicos. El diagnóstico es inequívoco: la fase expansiva de contratación masiva en la banca tradicional ha concluido y ha sido sustituida por ciclos de transformación permanente.
Para los empleados, esto se traduce en una presión constante por reciclarse, adquirir nuevas competencias y adaptarse a estructuras matriciales y proyectos transversales. “La estabilidad ya no es el estado natural en un gran banco; es casi una excepción”, resume un consultor especializado en recursos humanos financieros.
La estrategia ‘Forward ’28’: más rentabilidad, menos coste
El recorte de empleos encaja milimétricamente en la hoja de ruta que la entidad ha bautizado como ‘Forward ’28’, su plan estratégico hasta 2028. En sus comunicaciones a inversores, Danske Bank insiste en su objetivo de ser “un banco líder en la era digital”, con un fuerte foco en eficiencia y mejora de la rentabilidad.
Para 2026, el grupo prevé unos ingresos totales en torno a 58.000 millones de coronas danesas (DKK) y ha fijado un rango de gastos operativos de entre 26.000 y 26.500 millones de DKK, cifras que sólo son compatibles con una organización más ligera y procesos más automatizados.
En este contexto, la reducción de 420 puestos es una pieza más del puzle, pero envía una señal poderosa: los objetivos financieros no son declaraciones abstractas, sino compromisos que se traducen en decisiones muy concretas sobre empleo. Cada punto de mejora en la ratio de costes sobre ingresos implica recortes o cambios profundos en la estructura interna.
El contraste con el discurso hacia clientes —centrado en la cercanía, el asesoramiento y la “banca de confianza”— resulta demoledor: donde el cliente ve una app más rápida, detrás suele haber un equipo más pequeño, sometido a una presión creciente para hacer más con menos.
Un movimiento alineado con la ola de recortes en la banca europea
El ajuste de Danske Bank no es una anomalía, sino parte de una ola de reestructuraciones que recorre la banca europea. En los últimos meses, entidades como ABN Amro han anunciado planes de reducción de hasta una quinta parte de su plantilla —unos 5.200 empleos— de aquí a 2028, en un esfuerzo por rebajar costes y mejorar su rentabilidad sobre recursos propios.
La banca tradicional compite ya no sólo con otros bancos, sino con fintechs, grandes tecnológicas y nuevos actores digitales capaces de prestar servicios financieros con estructuras mucho más ligeras. La consecuencia es clara: los grandes grupos llevan años ajustando oficinas físicas, automatizando servicios de atención al cliente y reconfigurando sus redes.
En paralelo, la regulación exige inversiones multimillonarias en sistemas de control, ciberseguridad y cumplimiento normativo. Ese doble movimiento —menos ingresos por cliente, más gasto regulatorio— empuja a los consejos de administración a buscar reducciones de coste recurrentes.
Danske Bank se mueve, por tanto, en un tablero en el que no ajustar plantilla equivale a perder competitividad frente a rivales que sí lo hacen. El problema es que esta lógica, aplicada simultáneamente por todo el sector, genera un efecto dominó sobre el empleo cualificado en la banca europea.