IBM se desploma un 10% por el golpe de Anthropic
La sesión del lunes dejó una imagen que hace apenas unas semanas parecía impensable: IBM cayendo en torno a un 10% en una sola jornada, arrastrada por el anuncio de una nueva herramienta de inteligencia artificial de Anthropic capaz de modernizar código COBOL, el lenguaje que sostiene buena parte de la infraestructura financiera y administrativa del mundo. La reacción del mercado fue inmediata: ventas masivas en el valor y extensión del castigo a otras grandes consultoras tecnológicas. La señal de alarma es clara. Si la modernización de estos sistemas deja de requerir ejércitos de consultores durante años y pasa a depender de agentes de IA como Claude Code, el modelo de negocio de IBM y de medio sector de servicios tecnológicos queda en cuestión.
Un desplome que borra meses de subidas
En apenas unas horas, IBM llegó a dejarse alrededor de un 10% en bolsa, con picos intradía cercanos al 13%, situando el precio en la zona de los 220-230 dólares por acción. El ajuste supuso evaporar de un plumazo más de 25.000 millones de dólares de capitalización, teniendo en cuenta que el grupo rondaba los 260.000 millones antes del anuncio. No se trata de una simple toma de beneficios: el movimiento llega después de un periodo de fuerte revalorización del valor, alimentado precisamente por el discurso de IBM como actor relevante en la nueva ola de IA empresarial.
El castigo, además, no se quedó en IBM. Valores como Accenture o Cognizant también registraron descensos, reflejando que el mercado percibe el anuncio de Anthropic como una amenaza sistémica al modelo de grandes proyectos de modernización de sistemas heredados, donde el trabajo intensivo de consultoría era hasta ahora la norma. La consecuencia es clara: los inversores empiezan a poner en precio la posibilidad de que las tarifas, los plazos y los márgenes de estos proyectos sufran una compresión estructural si la IA cumple lo que promete.
Claude Code, el arma de Anthropic contra el legado COBOL
En el centro del terremoto está Claude Code, la nueva solución de Anthropic orientada a la modernización de bases de código complejas. No se trata de un simple asistente de programación capaz de completar líneas de código, sino de un sistema diseñado para analizar aplicaciones heredadas, mapear dependencias, generar documentación y proponer planes de migración fase a fase hacia lenguajes modernos como Java.
Anthropic presume de que tareas que antes exigían meses de trabajo manual —entender qué hace realmente una aplicación COBOL, cómo se conectan sus módulos, qué datos son críticos— pueden comprimirse ahora en semanas, apoyándose en agentes que recorren automáticamente millones de líneas de código. «Modernizar un sistema COBOL requería antes ejércitos de consultores cartografiando flujos de trabajo; la IA cambia eso», señala la propia compañía en su material técnico, en una frase que ha hecho fortuna en los mercados.
Lo más grave para competidores como IBM es que Claude Code no se limita a “entender” el legado: también propone estructuras de proyectos, genera capas de pruebas automatizadas y ayuda a garantizar la paridad funcional entre el sistema antiguo y el nuevo. En otras palabras, ataca exactamente el corazón de ese trabajo de alto valor añadido que justificaba tarifas millonarias en los grandes contratos de modernización.
IBM, un gigante construido sobre sistemas heredados
La reacción sobre IBM no es casual. Pocos grupos están tan expuestos a COBOL y a los sistemas mainframe como la compañía de Armonk. Durante décadas, su negocio ha pivotado alrededor de la provisión de hardware de misión crítica, software de soporte y servicios de consultoría para bancos, aseguradoras, administraciones y grandes corporaciones que corren aún hoy sus operaciones esenciales sobre sistemas escritos hace décadas.
Aunque IBM ha intentado reorientar su narrativa hacia la nube híbrida y la IA —con Watsonx como emblema—, una parte significativa de sus ingresos y, sobre todo, de sus márgenes sigue dependiendo del mantenimiento y la modernización de estos sistemas heredados. Analistas del sector estiman que alrededor de un 35%-40% del negocio de servicios de la compañía está directa o indirectamente vinculado al ecosistema mainframe y COBOL, desde soporte de aplicaciones hasta proyectos de migración gradual a entornos más modernos.
Este hecho revela por qué un anuncio en apariencia “técnico” ha provocado un movimiento tan brusco en el valor. Si herramientas como Claude Code logran que los clientes reduzcan el volumen de horas de consultoría necesarias, aceleren los plazos de migración o incluso se apoyen en otros proveedores menos intensivos en mano de obra, el modelo tradicional de IBM se resiente. La consecuencia es clara: el mercado empieza a preguntarse cuánto de la rentabilidad actual del grupo es realmente sostenible en un escenario de automatización masiva de tareas.
Los 800.000 millones de líneas de código que están en juego
Para entender la magnitud del problema hay que mirar el tamaño del universo COBOL. Distintos estudios sitúan el volumen de código COBOL en producción en más de 800.000 millones de líneas, una cifra que triplica estimaciones anteriores y que sigue creciendo. Este lenguaje, nacido en los años sesenta, mueve todavía hasta el 80%-85% de las transacciones de negocio en sectores como banca, seguros, retail o administraciones públicas.
Además, se calcula que cerca del 90% de los sistemas críticos de las compañías del Fortune 500 dependen en mayor o menor medida de aplicaciones en COBOL. El contraste con la narrativa habitual de la “disrupción digital” resulta demoledor: mientras la atención se concentra en aplicaciones móviles y plataformas en la nube, el corazón transaccional de la economía global sigue latiendo sobre código antiguo, poco documentado y mantenido por una generación de programadores que se acerca a la jubilación.
Este contexto convierte la modernización del legado en uno de los mayores retos —y oportunidades— de negocio de la industria tecnológica. Hasta ahora, la ecuación era clara: proyectos complejos, largos, de alto riesgo y muy intensivos en consultoría. Precisamente el escenario ideal para grandes integradores como IBM. La irrupción de herramientas de IA capaces de reducir el riesgo y el tiempo de estos proyectos altera de raíz esa ecuación.
La amenaza para las consultoras de alto margen
Lo sucedido con IBM es también un aviso para todo el sector de servicios tecnológicos. El mismo lunes, valores como Accenture o Cognizant registraron caídas en el entorno del 3%-5%, en un movimiento que los analistas vinculan directamente con la percepción de que el anuncio de Anthropic golpea el corazón del negocio de “body shopping” y proyectos llave en mano asociados al legado.
En la práctica, si un proyecto de modernización que antes se presupuestaba para cinco años y cientos de consultores puede reducirse a tres años con un equipo notablemente menor gracias a la IA, el impacto sobre la facturación potencial es inmediato. Algunos bancos ya manejan escenarios internos en los que los costes de migración podrían reducirse entre un 30% y un 50% combinando herramientas como Claude Code con equipos internos reforzados.
«El riesgo para IBM no es solo perder contratos, sino que los contratos que conserve sean más cortos, menos intensivos en horas y con márgenes presionados por la competencia de proveedores armados con las mismas herramientas de IA», explicaba este lunes el responsable de tecnología de una gran entidad europea en conversación con este medio. La frase sintetiza el temor de fondo: que la automatización de la modernización convierta un negocio artesanal y rentable en un servicio más comoditizado y disputado en precio.
El contraste con la apuesta de IA de IBM
La ironía del episodio es evidente. IBM lleva años intentando reposicionarse como actor relevante en la nueva ola de inteligencia artificial empresarial. Ha lanzado su plataforma Watsonx, ha cerrado acuerdos con grandes modelos de IA y, de hecho, ha llegado a colaborar con la propia Anthropic en iniciativas para integrar Claude en soluciones corporativas.
Sin embargo, el mercado interpreta que, al menos en el corto plazo, Anthropic ha logrado adelantarse en un caso de uso concreto —la modernización de código COBOL— donde el gigante azul estaba llamado a ser protagonista. El diagnóstico es inequívoco: la narrativa de IBM como beneficiario neto de la ola de IA se ve cuestionada si una parte de esa ola amenaza directamente una de sus fuentes históricas de rentabilidad.
Esto no significa que IBM carezca de respuesta. La compañía ya ofrece herramientas propias para ayudar a modernizar COBOL sobre su plataforma, y podría integrar capacidades similares a las de Claude Code, bien mediante desarrollo interno, bien reforzando alianzas con terceros. Pero el episodio pone de relieve una realidad incómoda para todos los incumbentes: en el terreno de la IA generativa aplicada al código, la ventaja no la tienen necesariamente quienes dominan el hardware o los contratos, sino quienes lideran los modelos y las soluciones concretas.
Reacción del mercado y escenarios a corto plazo
Más allá del impacto inmediato en la cotización, el mercado empieza a esbozar distintos escenarios para IBM. En el más benigno, la compañía es capaz de apropiarse de la productividad que aporta la IA, incorporando herramientas como Claude Code —o equivalentes propios— a sus metodologías de proyecto y manteniendo el control sobre la relación con el cliente. En este caso, la caída actual sería más una corrección de expectativas que un cambio estructural.
En un escenario más adverso, sin embargo, los grandes clientes corporativos optan por internalizar parte de los proyectos de modernización apoyándose en estas nuevas herramientas, reduciendo la dependencia de integradores externos. Al mismo tiempo, nuevos actores más ágiles y con estructuras de costes más ligeras podrían entrar en este mercado, compitiendo directamente con IBM en precio y velocidad.
Con un PER en torno a 30 veces beneficio —elevado para una compañía percibida tradicionalmente como “value” y defensiva—, cualquier duda sobre la calidad y estabilidad de los beneficios futuros se traduce en ajustes bruscos de valoración. Esa es, en esencia, la lectura que se impone tras el castigo del lunes.